La historia tras el disco más extraño de Siniestro Total: “Había que huir de la Movida, de la Transición y de la madre que nos parió a todos”

Se cumplen 20 años de 'La historia del blues', el proyecto más excéntrico y ambicioso de la banda gallega. Repasamos uno de los episodios más llamativos de la música en España con su líder Julián Hernández y algunos artistas y escritores que se sumaron al proyecto

Siniestro Total posa, en el año 2000, para la promoción del disco y la gira de presentación de 'La historia del blues'. De izquierda a derecha: Julián Hernández, Segundo Grandío, Javier Soto, Jorge Beltrán y Ángel González.
Siniestro Total posa, en el año 2000, para la promoción del disco y la gira de presentación de 'La historia del blues'. De izquierda a derecha: Julián Hernández, Segundo Grandío, Javier Soto, Jorge Beltrán y Ángel González.RICKY DÁVILA

En el principio, fue el blues. Antes del hecho fundacional acaecido en el verano de 1981, el accidente del Renault 12 familiar conducido por Julián Hernández (Madrid, 60 años) que bautizaría a la banda, Siniestro Total, sus miembros ya pululaban por locales de la noche viguesa interpretando la música del diablo. “La primera vez que nos subimos a un escenario, sin ser en una función de colegio, fue para intentar tocar blues”, cuenta Hernández a ICON. El ruido llegaría más tarde, aunque el humor tan idiosincrático de los gallegos ya estaba presente: se cambiaban el nombre todas las semanas, siempre con el apellido “Blues Band” (por ejemplo, Mi carro no me lo robaron que lo presté Blues Band), y los temas originales que interpretaban lucían títulos como Tu abuela siempre saca el brazo por la ventanilla o Vigo, Tennessee.

Siniestro Total no es, desde luego, un grupo para puristas. En su primera encarnación punk, con Germán Coppini —cantante también de Golpes Bajos— al micrófono, la banda podía intercalar una versión de Petula Clark en medio del primitivismo salvaje de un disco como ¿Cuándo se come aquí? (1982). Sus citas a grupos de blues rock como Bad Company o Dr. Feelgood convivieron casi desde los orígenes con cortes de ritmos demenciales y coros cavernícolas. Entre De hoy no pasa (1987) y Me gusta cómo andas (1988), los solos de armónica y los fraseos a lo Keith Richards encontraron su particular encaje en el organismo mutante de la música del grupo. También los asaltos a infinidad de géneros y subgéneros. Fue algo definitorio de toda su carrera: si el punk aspira a derribar toda ortodoxia, pocas bandas lo han traicionado tanto y, en consecuencia, sido tan fieles como Siniestro.

Siniestro Total interpreta Coleguita, traducción libre del tema blues tradicional Junco Partner, que popularizaron artistas como Dr. John, Professor Longhair o The Clash.

Por ello, que la banda acabara en al año 2000 cerrando el círculo y dedicando un disco a la historia (inventada) del blues, visto en perspectiva, no resulta tanto un golpe de timón como una progresión muy natural. Si bien el grupo culminaba a su vez, por otra parte, la transformación tras la marcha de Miguel Costas, emblemática voz principal en clásicos como Bailaré sobre tu tumba o Miña terra galega. Costas se había despedido de Siniestro con un disco que funcionaba al mismo tiempo como final de una era y principio de otra: Made in Japan (1993), primer álbum del grupo grabado en Memphis (Tennessee, Estados Unidos) y también primera de muchas colaboraciones con Joe Hardy, el productor de ZZ Top.

“Aquel fue el momento en el que Miguel Costas dijo que no quería meterse en más berenjenales que costaran tanto esfuerzo”, recuerda Hernández, cantante en solitario desde entonces, además de guitarrista. La banda —que, junto a Hernández, integraban en ese momento Javier Soto (guitarra), Segundo Grandío (bajo) y Ángel González (batería)— sostenía un proyecto paralelo, Os Subxenios, con versiones de Frank Zappa o Red Hot Chili Peppers. En él participaba el saxofonista Jorge Beltrán, que luego saltó a Siniestro. Casi todo el repertorio pasó, después, a tener arreglos de rhythm 'n blues. Y las actuaciones en directo se fueron volviendo más y más raras: a Bailaré sobre tu tumba se incorporó una intro al ritmo de Black dog, de Led Zeppelin (puede escucharse y verse al principio de este documental de 1997, Por el bien de la humanidad); la acelerada Oye, nena, yo soy un artista se convirtió en una canción de ska-reggae y, haciendo zapping, uno podía encontrarse a Julián y los suyos perfectamente uniformados en Telecinco interpretando un tema de Howlin’ Wolf.

“Se cagaron en nuestros muertos, para qué lo vamos a negar”, se sincera Hernández sobre la recepción del público. El líder de Siniestro consideraba que los años ochenta, aunque “ahora parece que no van a terminar jamás”, estaban agotados y, por tanto, ese avance hacia otros sonidos era necesario: “Había que pensar en cosas para huir de la Movida, la Cultura de la Transición y la madre que nos parió a todos. Muchos grupos lo dejaron para volver tiempo después en loor de multitudes renovadas y olor de billetes nuevos. Y nosotros, nada, dale que te pego a marcianadas de batacazo comercial asegurado. Sobrevivimos, pero no tuvimos vuelta triunfal en ningún momento”.

Vuelvo hacia el hogar

Portada de 'La historia del blues', diseñada por Óscar Mariné, que incorpora Vigo, lugar de origen de Siniestro Total, como el Estado 51 de Estados Unidos.
Portada de 'La historia del blues', diseñada por Óscar Mariné, que incorpora Vigo, lugar de origen de Siniestro Total, como el Estado 51 de Estados Unidos.

Mientras muchos grupos se lanzaban al abordaje del nuevo milenio con estéticas cibernéticas y sonidos hipertecnificados, Siniestro Total tomó la dirección opuesta: la que lleva al cruce de las carreteras 69 y 41 en Clarksdale (Misisipi), punto exacto donde, según la leyenda más famosa del blues, Robert Johnson vendió su alma al diablo para convertirse en el guitarrista más virtuoso del mundo. Así, el 15 de marzo del 2000, vio la luz La historia del blues: Vida y tiempo de Jack Griffin (Virgin Records), un álbum conceptual en torno a las andanzas de un bluesman que, como Johnson, sella un pacto con el demonio pero evita pagar su contrapartida, en una frenética huida por Estados Unidos que le lleva a tomar parte en las grandes transformaciones de la música popular del siglo XX, hasta llegar incluso al hip-hop.

La idea, en estado larvario, se filtró por primera vez en el disco En beneficio de todos (1990) a través de dos canciones: La prehistoria del blues —un prólogo de apenas 30 segundos— y La historia del blues, vol. I. En el doble tema, se narraban en primera persona los encuentros de un tipo, durante sus paseos por el delta del río Misisipi, con figuras de la época como Clifton Chenier, Elmore James o Muddy Waters. “La letra ya parece anticipar toda la jugada”, dice Julián Hernández, “pero todo empezó mucho antes, en concreto con Historia del Blues, el libro de Paul Oliver que se publicó aquí en la colección Nostromo de Alfaguara en 1976. Toda la información sobre el blues que teníamos en los setenta vino de ese libro y de las notas de contraportada de los discos que lo acompañaron, The Story of the Blues y The Story of the Blues Vol. 2, de CBS”.

Para añadir bagaje, los jóvenes Siniestro tenían también una obsesión enfermiza con “las fuentes originales”: “Si bajo el título de una canción de los Beatles ponía 'C. Berry' entre paréntesis o en miles de sitios aparecían unos misteriosos 'C. Burnette', 'E. McDaniel', 'M. Morganfield' o 'R. Johnson', había que enterarse como fuera de quién narices eran esos tipos. Sin Google, claro. En esas pesquisas crecimos”.

“La historia del blues (la de verdad) es fascinante porque está llena de mitos, leyendas, ritos, lugares, iconografía y personajes que tienen una capacidad magnética de atracción, especialmente si te pilla sin prejuicios. Los setenta del siglo pasado, ya tristes y tétricos de por sí en España, para unos adolescentes vigueses hubieran sido catastróficos si no llega a ser por las colecciones House of the Blues y El Camino del Blues, las dos baratísimas y editadas por Movieplay. Con el tiempo, no teníamos más opción que regurgitar, al menos en parte y en la medida de nuestras pobres posibilidades, lo que nos había contado aquella gente de nombres preciosos (¡Professor Longhair! ¡Magic Slim! ¡Big Bill Broonzy!)”, resume Julián Hernández.

Lo que el profesor de pelo largo te enseñó

El periodista Diego A. Manrique, según recuerda Hernández, era el responsable de la traducción y adaptación de las notas de The Story of the Blues. Siniestro Total consiguió convencerle para tomar parte en su proyecto: dentro de la farsa que el grupo organizó para dar credibilidad a la historia del protagonista del álbum, Jack Griffin (nombre del protagonista de El hombre invisible, de H.G. Wells), rodaron un falso documental con declaraciones del periodista. “Que apareciera Manrique todo serio en el documental de Mikel Clemente era suficiente para dudar mucho, así que la peña se la cogía con papel de fumar y preguntaba entre dientes si aquello era verdad o una trola descomunal”, rememora divertido Hernández.

Falso documental Vida y tiempo de Jack Griffin (2000), dirigido por Mikel Clemente y con la participación de Diego A. Manrique.

En dicho documental, Manrique apuntaba al homenajeado, Griffin, como responsable de la misteriosa muerte de Robert Johnson a los 27 años. “Nadie se echó las manos a la cabeza ni nos acusó de apología del bluesicidio, ¡qué más hubiéramos querido!”, lamenta el cantante.

Aunque el líder de la banda dice que no necesitaron de ninguna labor extra de documentación ni espeleología para construir La historia del blues, sí reconoce que sus visitas a Estados Unidos, frecuentes debido al trabajo y la amistad con el productor Joe Hardy, tuvieron un peso importante: “Pisar el cruce de la 61 con la 49 no puede dejar indiferente a ningún alma sensible. Hicimos una peregrinación a los Lugares Sagrados en toda regla”.

De Hardy, fallecido el pasado año, y con quien la banda llegó a grabar toda rareza habida y por haber, el vocalista recuerda que estaba curado de espanto para afrontar el particular asalto gallego al blues (con aterrizajes en el funk y la ranchera, entre otros) y alaba su “absoluta profesionalidad”: “Lo único que hacía era ponernos sobre aviso ante la heterodoxia y/o el sacrilegio. Es decir, nos recordaba que en una canción normal no pasaba tal o cual cosa, pero inmediatamente se decía a sí mismo en voz alta que aquello era un disco de Siniestro y que para qué comerse el tarro si no iba a tener explicación”.

Quién vengo siendo

No es una foto de Robert Johnson en 1929 deteriorada por el paso de los años: es el cantante y guitarrista de Siniestro Total, Julián Hernández, en el 2000.
No es una foto de Robert Johnson en 1929 deteriorada por el paso de los años: es el cantante y guitarrista de Siniestro Total, Julián Hernández, en el 2000.RICKY DÁVILA

En Tremendo delirio (2002, Libros Zona de Obras), biografía del grupo a cargo de Kike Turrón y Kike Babas con entrevistas a Julián Hernández, el músico declaraba: “La historia del blues es la historia de un aprendizaje, la historia de Siniestro Total”. No cuesta, en efecto, pensar en el personaje de Jack Griffin como materialización de una idea clave en la obra de Siniestro: la cultura popular como construcción necesariamente basada en el mestizaje, en lo colectivo o, como apunta Hernández con sorna, “robar de donde sea lo que haga falta y para lo que sea”.

“Las diferentes encarnaciones y robos de géneros sin piedad siempre han sido una seña de identidad de Siniestro Total. Jack Griffin hace lo mismo para huir de su insistente y peligroso acreedor. Así que para esconder quién es en cada momento, Griffin canta en primera persona todos y cada uno de los temas de su particular opereta”, desarrolla.

Jack Griffin, según la historia de Siniestro, fue un negro albino nacido en una granja del bajo Misisipi en algún punto entre el 1887 y el 1911, a quien un extraño personaje, Nick LeFreak (el diablo), ofreció gloria y vida eternas a cambio de consagrar su vida al blues. Cuando marchó a Chicago, violó el pacto al conocer a Muddy Waters y adoptar el sonido eléctrico (cambio que tiene lugar en el tema ¿A quién vas a culpar?). Tras ser encarcelado por practicar sadomasoquismo con la hija del sheriff de San Luis (Misuri), se refugió en una comunidad chicana en Texas (Bajo sus propias pistolas), se unió a los Ángeles del Infierno (Llevadme a mi Texas natal) y tuvo una fase de experimentación con las drogas (El enanito y las tres blancanueces). El diablo, como aviso y para expresar su rechazo a la psicodelia, mató a Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jim Morrison, pero Griffin acabó asesinándole (Mata al malo y pilla a la chica), lo que le llevó a la silla eléctrica. Antes de ser ejecutado, entregó a su reverendo confesor la partitura de un último tema donde, finalmente, abrazaba la religión: el góspel Dios tiene un plan.

"Hay que robar de donde sea lo que haga falta y para lo que sea. Las diferentes encarnaciones y robos de géneros sin piedad siempre han sido una seña de identidad de Siniestro Total", dice Julián Hernández, líder de la banda. Tiembla, Bunbury

Como disco, sin embargo, La historia del blues presenta un problema claro con la narración: no se entiende, en gran parte debido a que el orden de las canciones no es cronológico. “Por alguna extraña razón, pensamos que un disco de Siniestro Total que empezara con tres temas acústicos [La rabia de vivir, Vuelvo hacia el hogar e Inundación, dado que es después cuando Griffin se pasa al eléctrico] era ya demasiado desafiar al pacato mercado español. No sé de quién vino la idea, la verdad. Es posible que incluso fuera mía: con tal de sacar la cosa adelante, que follasen al disco”, confiesa Julián Hernández.

Así, para completar el rompecabezas, hay que disponer de todo el material sobre la vida del bluesman imaginario editado por Siniestro. Al álbum, con un diseño de Óscar Mariné (autor de las portadas clásicas del grupo) que incorpora a Vigo como el Estado 51 de Estados Unidos, le acompañó un tebeo para el que incluso sondearon la posibilidad de invitar a Robert Crumb. El autor emblema del cómic underground nunca llegó a recibir una llamada de los gallegos, pero la lista final de nombres en la novela gráfica no desmereció: Miguel Gallardo, Max, Bernardo Vergara, Víctor Coyote, Das Pastoras, Miguelanxo Prado, Javier Olivares, Álex Fito, José Luis Ágreda, Calo, Miguel Ángel Martín, Santiago Sequeiros, Del Peral Pineda, Pepo Pérez y Antón Patiño. Editado por el desaparecido sello Under Comic, la coordinación corrió a cargo de Óscar Palmer, actual editor (y fundador) de Es Pop Ediciones.

Portada del tebeo colectivo 'La historia del blues', sobre las aventuras de Jack Griffin, editado por Under Comic.
Portada del tebeo colectivo 'La historia del blues', sobre las aventuras de Jack Griffin, editado por Under Comic.

Palmer, en declaraciones a ICON, explica: “La idea era hacer un tebeo un poco multigeneracional que plasmara diversos estilos y maneras de entender el cómic, igual que hacía el disco con la evolución del blues. Tomamos de manera consciente la decisión de esquivar el recurso habitual de ilustrar tal cual las letras de los temas. Nos pareció más interesante narrar episodios de la vida de Jack Griffin ambientados en las distintas épocas de las que supuestamente provenían cada una de las canciones. Esto les dio a los autores manga ancha para contar historias más personales dentro de un contexto común”. “Un orgullo para Siniestro Total que exista esto, de verdad”, agrega Julián Hernández.

Esta multimedialidad, que al fin y al cabo Siniestro llevaba años practicando (en los noventa enviaban con regularidad un fanzine a sus seguidores, La Circular Esporádica), culminó en el escenario con un montaje de opera rock, nacido gracias a la experiencia adquirida por la banda en su espectáculo de cuatro años antes, Cultura popular. El show de presentación de La historia del blues tuvo escenografía de José Luis Arrizabalaga, colaborador habitual de Álex de la Iglesia, con silla eléctrica incluida (“La conservamos”, avisa Hernández). La narración la conducía el actor Manuel Manquiña, que había trabajado con el cantante en la película gallega de culto La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos. “Julián tenía escrita una historia-guion que yo le pedí que me dejara simplificar para directo”, cuenta Manquiña a ICON. “Yo siempre fui admirador de Siniestro. Nos entendimos de inmediato”.

Siniestro Total interpreta Llueve en su espectáculo músico-teatral La historia del blues, con introducción del actor Manuel Manquiña.

El espectáculo no tuvo muchas representaciones (según la web oficial de Siniestro Total fueron cuatro, aunque Hernández recuerda, al menos, tres más), dada su complejidad. “Si no hubiese sido fácil en ningún sitio, en España fue una heroicidad. Ponte tú a convencer a mánagers y agentes de rock por un lado o a los festivales de blues, por otro, de que aquello molaba”, argumenta el vocalista. “Los únicos que vieron la jugada fueron Alejandro Reyes y los chicos del Club de Música del San Juan Evangelista de Madrid: programaron el espectáculo entero dentro del ciclo Jazz es Primavera del histórico colegio mayor. Quién lo iba a decir: Siniestro Total en un festival de jazz”.

Tamara Giménez, una seguidora incondicional de la banda, rememora cómo vivió aquel concierto —el primero al que asistió— cuando tenía tan solo 12 años: “Sin duda, lo que mejor recuerdo es que de repente, mientras estaba cantando, Julián estalló, con muchísima furia, el micrófono contra el suelo. Yo no entendía nada y mi madre me explicó que lo había tirado porque no se oía bien”. De tocar y sonar de cualquier manera a mosquearse por errores técnicos en menos de 20 años: Siniestro Total, muy poca broma. 

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