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La misma tempestad, ¿el mismo barco?

Por qué la mejor lección de la covid-19 es la necesidad de recuperar la política de cooperación

“Estamos todos en la misma tempestad, pero no todos estamos en el mismo barco”. Así respondía Vitor Barbosa, representante de la Campaña Mundial por la Educación (CME) en Angola, a la pregunta de cómo estaba afectando la covid-19 a los sistemas educativos de ese país. Me pareció una metáfora tan potente como acertada del panorama que la crisis del coronavirus ha desnudado ante nuestros ojos: cada vez más, todas las personas que habitamos este planeta nos vemos confrontadas a los mismos retos de carácter global, en este caso los impactos de la covid-19, pero no todas lo hacemos en las mismas condiciones.

El temporal de la pandemia ha puesto de manifiesto que esta y otras crisis mundiales, como la emergencia climática, afectan en mayor medida a las comunidades y países más vulnerables, que son precisamente quienes disponen de menos recursos para hacerles frente.

Siguiendo con el ejemplo de Angola, que pese a sus especificidades (ya saben, África no es un país) puede ser representativo de las vulnerabilidades que caracterizan a los países del África subsahariana en el plano educativo, cabe destacar tres datos: un 38% de los niños y niñas de ese país sufre retraso en el crecimiento, cuatro de cada diez adolescentes de 15 años aún se encuentran cursando educación primaria, y la tasa de finalización en esta etapa educativa es de tan solo el 60%. Estas cifras quedan reflejadas en el último y reciente Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (GEM) de la Unesco, dedicado a la inclusión educativa, que es claro en sus conclusiones: tristemente, seguimos viviendo en un mundo donde la identidad, el origen social y las capacidades determinan las oportunidades educativas.

La brecha de desigualdad social se traduce en una brecha educativa y de aprendizajes que ha quedado patente también en los países ricos, como hemos tenido la oportunidad de comprobar en España durante estas difíciles semanas, pero que sin duda afecta sobre todo a los países con menos recursos y sistemas públicos más débiles.

Como ya habíamos alertado a través de nuestra campaña #LaMejorLección, cuyas recomendaciones cuentan con el respaldo de más de cien entidades del sector, si no se adoptan medidas ambiciosas para evitarlo, los efectos de la covid-19 amenazan con profundizar estos desequilibrios. De nuevo, el informe GEM confirma este temor: según sus datos, alrededor del 40% de los países de ingresos bajos y medianos-bajos no han adoptado ninguna medida para apoyar a los estudiantes en riesgo de exclusión durante la crisis del coronavirus.

La pandemia ha puesto de manifiesto que esta y otras crisis mundiales, como la emergencia climática, afectan en mayor medida a las comunidades y países más vulnerables

Como señaló la Ministra de Exteriores Arantxa González Laya en su comparecencia ante la Comisión de Cooperación del Congreso de los Diputados el pasado 18 de junio, “el principio de no dejar a nadie atrás no puede ponerse en cuarentena”. Esta comparecencia sirvió para presentar ante todos los grupos parlamentarios los planes del Ministerio en materia de cooperación para el desarrollo durante la presente legislatura, desde un espíritu de colaboración y consenso con todos los actores concernidos del que tanto la Campaña Mundial por la Educación (CME) como el Movimiento por la Educación Transformadora podemos dar fe.

En estas semanas, hemos tenido la oportunidad de reunirnos con la ministra González Laya y con la Secretaria de Estado de Cooperación, Ángeles Moreno Bau, para trasladarles nuestras recomendaciones sobre el papel que debe jugar la cooperación, especialmente en educación, en los planes de reconstrucción tras la pandemia. Algunas de estas peticiones se han visto reflejadas en los compromisos adquiridos por González Laya, tanto en el marco de nuestro encuentro como en la propia comparecencia: compromiso de España con la Agenda 2030, voluntad de devolver a la política de cooperación el espacio y relevancia que merece y apoyo a las poblaciones más vulnerables. La escucha a los agentes sociales también se ha materializado, entre otros aspectos, en la incorporación de la cooperación en educación, formación y capacitación humana como uno de los “ejes verticales” de la Estrategia de Respuesta Conjunta de la Cooperación Española a la Crisis de la covid-19: Afrontar la crisis para una recuperación transformadora, en cuya elaboración han participado las organizaciones sociales.

De esta manera, se va concretando otra de nuestras demandas, que tiene que ver con la necesidad de recuperar el papel de España como donante en educación, especialmente en educación básica y educación en emergencias, y así reposicionar la importancia de la educación, como bien público global, en la política de cooperación española.

Para que estas promesas de refundación de la política española de cooperación no se conviertan en un brindis al sol, es imprescindible que se cumpla el último y quizá el más importante de los compromisos adquiridos por la ministra: que en 2023, al final de la legislatura, el 0,5% de la renta nacional bruta (RNB) del Estado se destine a la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Sabemos que será difícil, especialmente si tenemos en cuenta la previsible crisis económica que se avecina, y el hecho de que los presupuestos de cooperación son siempre los más castigados en este tipo de situaciones; pero sabemos también que los discursos políticos no son más que papel mojado si las promesas que contienen no van acompañadas de financiación suficiente que permita llegar a las personas más vulnerables.

Para que estos compromisos de los que depende la sostenibilidad de nuestro planeta se materialicen, es esencial que nuestra sociedad respalde el incremento de un presupuesto que supone un porcentaje mínimo de los ingresos de nuestras arcas públicas, pero que puede cambiar la vida de millones de niños, niñas y adolescentes de todo el mundo. En este sentido, creo que merece la pena recuperar la invitación de la González Laya en su comparecencia: “Probablemente solo se aprende de verdad aquello que se vive, aquello que uno vive. En nuestra sociedad hemos vivido en estos meses lo que significa un sistema sanitario de un país desarrollado que ha sido puesto a prueba (…) Ahora, quisiera que hiciéramos todos el esfuerzo colectivo de imaginar salir de esa burbuja que es España, e imaginar lo que supone esto para muchos de los países que son nuestros vecinos, no muy lejanos”.

Desde la CME trabajamos cada día para que, a través de una educación transformadora, miles de niños, niñas y adolescentes de nuestro país puedan emprender ese viaje a otras realidades cuyos problemas, como ya hemos visto, no nos resultan ajenos, y por esta razón hemos recomendado también al Ministerio que refuerce los procesos de educación para la ciudadanía global.

Damos la bienvenida a la que esperamos sea una nueva era de la cooperación española, un periodo sin duda incierto, pero que enfrentaremos partiendo de los aprendizajes que nos ha dejado la crisis de la covid-19. Una nueva etapa en la que, como organizaciones sociales, nos ofrecemos a aportar, a colaborar y a sumar para construir conjuntamente un futuro más justo, a través de las herramientas comunes con las que nos hemos dotado, como la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la política de cooperación. No obstante, esto no será óbice para que sigamos manteniéndonos vigilantes, con el objetivo de garantizar el cumplimiento de estos compromisos porque, si algo hemos aprendido en esta crisis, es que tan solo seremos capaces de sortear la tempestad en la que estamos inmersos si lo hacemos unidos como sociedad global. En definitiva, si por fin nos damos cuenta de que tenemos que estar todos en el mismo barco.

Cristina Álvarez es coordinadora de la Campaña Mundial por la Educación en España. La Coalición Española de la Campaña Mundial por la Educación está formada por las ONG Ayuda en Acción, Educo, Entreculturas y Plan International El Movimiento por la Educación Transformadora y la Ciudadanía Global está formado por las ONG Alboan, Entreculturas, InteRed y Oxfam Intermón.

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