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Especial: Crisis del coronavirus
El Alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, mantiene una videoconferencia desde su despacho.
El Alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, mantiene una videoconferencia desde su despacho.

Almeida, alcalde en primera línea

José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, levanta la vista de los papeles y pregunta: “¿Cómo se dice? ¿greatest number? ¿biggest number?”. Matilde García Duarte, coordinadora general del Ayuntamiento, medita un instante la respuesta. Ella es quien ha redactado las notas para el discurso con bolígrafo azul, subrayando las palabras clave en rotulador rojo, con las manos enfundadas en todo momento en guantes de nitrilo sobre los que cada poco va dosificando gel hidroalcohólico. El “flu-flu” lo llaman aquí, un líquido verdoso metido en un pequeño bote de limpiacristales. García Duarte no quiere correr el riesgo de contaminar las cuartillas que redacta para el alcalde. Opina que suena mejor “biggest”. El alcalde paladea la frase a ver cómo queda: “Here in Madrid we have the biggest number of people infected”. [Aquí en Madrid tenemos el mayor número de personas infectadas]. Un post-it pegado en su escritorio, junto al ordenador portátil, recuerda el volumen de la tragedia en estos momentos. Dice el papelito, también en inglés: “Region of Madrid. 20.000 infected. 2.500 dead”.

El alcalde de Madrid, durante una videoconferencia.
El alcalde de Madrid, durante una videoconferencia.

Son cerca de las tres de la tarde del viernes 27 de marzo y la sensación en el interior del colosal palacio de Cibeles es mortecina y solitaria. Pasillos vacíos. Salas sin vida. Sonidos que rebotan por los recovecos de la monumental sede del Ayuntamiento de Madrid, la zona cero del coronavirus en España. Ya hace días que los empleados fueron enviados a sus casas. Quedan unos pocos bedeles, un menguado personal de seguridad, una limpiadora que empuja su carrito cargado de botes de lejía y cuyo chirrido trepa por las suntuosas escalinatas de mármol. Mientras el alcalde repasa el discurso, la última de las secretarias se asoma a la puerta del despacho de Martínez-Almeida y se confiesa superada porque ha recibido cerca de 14.000 correos electrónicos en la cuenta oficial del Ayuntamiento con una petición de la plataforma change.org para que las banderas ondeen a media asta. Mientras, Gerardo, el técnico de informática de guardia, teclea con las manos enguantadas unos comandos en el portátil del alcalde y lo deja todo listo para la videoconferencia.

Martínez-Almeida toma un balón de rugby de la repisa, lo manosea para liberar tensión. Luego se sienta en su mesa. Viste un jersey verde de pico, unos chinos color caqui, zapatos castellanos. Se quita el reloj. Lo deja junto al portátil. Ante él se despliega, en la pantalla, una cuadrícula con decenas de rostros. Son alcaldes de las principales ciudades del mundo reunidos bajo el paraguas del grupo C40, una red de urbes que nació para unir esfuerzos en la batalla contra el cambio climático. Esta vez han quedado para hablar de otra amenaza global, invisible, transfronteriza: la pandemia de coronavirus. Antes de saludar, Martínez-Almeida le pide a la coordinadora general: “Pon una bandera de España”. Y García Duarte, siempre con los guantes bien rociados de “flu-flu”, arrastra primero la enseña de España y luego la de la ciudad de Madrid, hasta dejarlas a la espalda del alcalde. A continuación, el regidor saluda a la pantalla: “Hello, this is José Luis Martínez-Almeida, from Madrid. ¿Can you hear me?”.

Martínez-Almedia, en el Consistorio.
Martínez-Almedia, en el Consistorio.

Alguien al otro lado responde que sí, y tras él van saludando desde Roma y desde Ankara y de distintos lugares del globo hasta que el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, que preside la reunión virtual, toma la palabra. “Gracias, hermanos y hermanas alcaldes”, comienza. “Tenemos a más de 100 personas en esta llamada, es extraordinario. Nos apoyamos en la fuerza de esta red para hacer frente al mayor reto de nuestras vidas, el cambio climático. Pero en esta ocasión se trata de ver cómo podemos salvar nuestras economías, y aún más importante, la vida de la gente a la que representamos. Estos van a ser los días más difíciles como alcaldes. Muchas personas no solo se verán afectadas por la Covid-19, sino que fallecerán. Y hay dos cosas que quiero decir. Una, que sabemos que esto no puede durar para siempre. Y dos, que estamos juntos en esto. No hay fronteras cuando hablamos del virus, ni cuando hablamos de compartir información. La información es conocimiento. Y el conocimiento es poder; poder para luchar y salvar cientos de miles, millones de vidas”.

Martínez-Almeida: “Creo que si la ciudad y los ciudadanos van juntos, luchan juntos, podremos derrotar al virus”

Acto seguido da paso a Park Won-soon, alcalde de Seúl, capital de Corea del Sur, uno de los países cuya tajante y eficaz respuesta a la pandemia es admirada en todo el mundo. “Tras el estallido del virus MERS en 2015, nos hemos mantenido vigilantes”, dice Park. Habla de confinamiento, distancia social, tecnología “puntera”. Y de test. Muchos test. Han desplegado 635 centros de detección para practicar pruebas rápidas a ciudadanos (tipo “drive thru” para coches; y también para peatones). En el país, según ha publicado la prensa internacional, se han practicado cerca de 300.000 test; produce sus propias pruebas PCR; las exporta ahora al resto del mundo. 

A continuación, le llega el turno de palabra a Giuseppe Sala, alcalde de Milán, “uno de los puntos calientes del mundo, en el norte de Italia, de donde nos llegan angustiosas imágenes”, le presenta el regidor de Los Ángeles. “Adelante, alcalde Sala”.

Pero el ordenador devuelve silencio.

-¿Beppe?

De nuevo silencio.

-Beppe, no podemos oírte.

Finalmente Beppe (diminutivo de Giuseppe) solventa los fallos técnicos. Y arranca proponiendo una actuación en tres etapas: el confinamiento, la gestión de la crisis y la recuperación “porque pensamos en el día en que llegue”. “El confinamiento es una absoluta necesidad”, dice. “Ha de ser impuesto; y para ser honestos, en Italia hemos cometido algunos errores”. Habla de la necesidad de adaptar servicios públicos como el transporte y de la importantísima gestión de los residuos contaminados. “Otra sugerencia”, dice. “Crear lugares para aquellos en cuarentena. Han de ser separados de sus familias, especialmente cuando viven en hogares sin dos dormitorios”. Sobre el futuro, añade: “Podemos empezar a proyectar la recuperación pidiendo a los más jóvenes que estén listos para volver antes a su trabajo”. Concluye con un mensaje sobre la comunicación, en la que también cree que Italia ha cometido errores. “En Milán la situación no es terrible, pero sí difícil. Todavía no vamos por la buena senda, los ciudadanos llevan 20 días sin salir de sus casas. Están cansados, pasan dificultades, pierden sus trabajos. Si no cambiamos el mensaje puede ser desastroso”.

Martínez-Almeida, en su despacho junto a su jefa de prensa.
Martínez-Almeida, en su despacho junto a su jefa de prensa.

El alcalde de Delhi añade brevemente: “Tomamos la decisión correcta el 22 de marzo: decidimos el confinamiento de la ciudad. Y afortunadamente dos días después se declaró en todo el país”. Esto es: 1.300 millones de almas sin salir de sus casas. Mientras hablan desde Hong Kong y Yakarta, poco tocados aún por la epidemia, suspira Martínez-Almeida: “No van a dar crédito cuando diga que llevamos 2.500 muertos”. Desde la ventana de su despacho, que vierte a los primeros metros de la calle Alcalá, se ve pasar un repartidor de comida y un autobús espectral. De fondo se oye la sirena de una ambulancia. En el recipiente de los clips, sobre el escritorio, descansa un tee de golfista.

Ahora, en el ordenador, es el turno de Sadiq Khan, desde Londres, que explica que en esta crisis su ciudad va unas dos semanas por delante del resto del Reino Unido: en la urbe se concentran dos tercios de los infectados por coronavirus en el país. Le preocupan, dice, los problemas de los más vulnerables durante el confinamiento, aquellos con empleos precarios y los autónomos: “Si se quedan en casa no llevarán dinero a la mesa”. Añade: “Estamos pidiendo a policías jubilados que vuelvan al servicio para ayudar en la pandemia global”. Y concluye: “También estamos planificando nuestra capacidad mortuoria, respetando la fe de judíos, musulmanes, etcétera; pero también asegurándonos de tener lugares donde preservar los cuerpos”.

La fuente de Cibeles, a las puertas del Ayuntamiento de Madrid.
La fuente de Cibeles, a las puertas del Ayuntamiento de Madrid.

Desde Dubai no responde nadie de modo que salta la vez a Martínez-Almeida. Resume la situación de Madrid con un adjetivo: “Horrific”. Continúa: “Tenemos el mayor número de personas infectadas en España” (finalmente opta por la fórmula “biggest number”). Luego da la cifra de muertos e infectados escrita en el post-it. Y añade: “No tenemos competencias en sanidad, que corresponden al Gobierno nacional y al regional. Pero siento que las ciudades tenemos una función simbólica muy importante. Somos el gobierno más cercano a los ciudadanos; y debemos enviarles un mensaje de esperanza”. Explica alguna de las medidas que se han tomado: paralización de la movilidad, cierre de locales, suspensión del pago en vivienda pública, el confinamiento y las patrullas de policía local para asegurarlo. “Y se ha levantado en 72 horas el mayor hospital de Madrid en la feria de Ifema, con más de 5.500 camas sanitarias”, añade. “Creo que si la ciudad y los ciudadanos van juntos, luchan juntos, podremos derrotar al virus. Muchas gracias. Y espero veros y abrazaros pronto”.

“Te deseamos lo mejor en este momento tan difícil”, le responde el alcalde de Los Ángeles. Y Martínez-Almeida respira aliviado y confiesa: “Es que al hablar tan rápido te vas comiendo palabras”. Se le ve el rostro cansado. A lo largo de la jornada que nos permite pasar a su lado, y que comienza a las 10.30 en un parque de bomberos al sur de la ciudad, su gesto se irá agrietando poco a poco. En el parque de bomberos, adonde acude ataviado tras una escueta mascarilla y con guantes, el gimnasio ha sido reconvertido en un almacén. En su interior un puñado de efectivos de bomberos, agentes de policía local y personal del Samur, apilan y repasan las mercancías: hay mascarillas quirúrgicas, gel hidroalcohólico, guantes… Tampoco parece demasiado. Mucho proviene de donaciones. En el lomo de las cajas de guantes (hechos en Malasia) se lee: “Asociación de apoyo al pueblo Sirio”. Para esta jornada, el Ayuntamiento espera la llegada de dos aviones cargados con material sanitario comprado en los mercados internacionales; uno de ellos debería haber aterrizado a tiempo para la visita del alcalde en el almacén, pero no lo ha hecho. Y a lo largo del día, entre mensajes contradictorios sobre su posible aterrizaje en Barajas, la melena pajiza de Martínez-Almeida, más larga que de costumbre, irá revolviéndose de forma anárquica.

Dos trabajadores, en un gimnasio reconvertido en almacén de material sanitario.
Dos trabajadores, en un gimnasio reconvertido en almacén de material sanitario.

El alcalde confiesa, con humor, que el cierre de las peluquerías ha sido “una putada” para él. Tiene 44 años y viéndose en una de las videoconferencias que ahora le toca hacer de forma asidua, se ha descubierto una cana. Dice que trata de pasar más horas laborables en su casa que en la alcaldía. Y, al ser soltero, el confinamiento le está obligando a pasar tiempo en soledad. Recibe unos 1.000 mensajes de WhatsApp diarios. El día anterior, cuenta en su iPhone, mantuvo 32 conversaciones telefónicas. Le llaman a menudo sus hermanas, preocupadas por su salud. Cuenta que se le ha recomendado que haga algo de ejercicio para dormir mejor por las noches. Le estaba costando, por “la incertidumbre”, porque tiene “muchas cosas en la cabeza”. Y por la ausencia de movimiento. Así que desempolvó la máquina de remo que guardaba “arrumbada”. Dice medio en broma que en más de una ocasión ha sentido los síntomas del virus (probablemente como muchos estos días) y la víspera, durante su visita junto al Rey el nuevo hospital de campaña de Ifema, a medida que los médicos explicaban el desarrollo de la enfermedad casi le entraron ganas de quedarse ingresado.

En su opinión, estamos ante “el mayor desafío al que nos hemos enfrentado en generaciones”. En lo político, se ha elogiado su posición de apoyo (aunque no exento de críticas) a las medidas que adopta el Gobierno de Pedro Sánchez. Su papel institucional, más allá de ideologías. Tal y como explica en una entrevista que concede a una televisión mientras seguimos sus pasos durante la jornada: “Toca arrimar el hombro, colaborar [...] Si estamos todos juntos, todos ganamos”. Para él, Madrid es estos días una ciudad “expectante y triste”, aunque también “esperanzada”. Y cuenta que muchas de las decisiones han sido difíciles, sobre todo las primeras, porque se tomaron sin tener “todos los datos sobre la mesa”. Hoy, con la ciudad convertida en uno de los epicentros de la pandemia, añade: “De lo que siempre hemos presumido en Madrid, que es la esperanza de vida, es ahora nuestro punto flaco”.

El alcalde de Madrid durante una videoconferencia en su despacho.
El alcalde de Madrid durante una videoconferencia en su despacho.

En el despacho sigue la videoconferencia con los alcaldes del mundo y Anne Hidalgo, colega de París, capta su atención. “Aquí estamos a punto de empezar nuestra tercera semana de confinamiento”, dice la alcaldesa francesa, de origen español. “Hoy he estado hablando con los doctores y en los próximos días llegaremos al pico de la epidemia, así que dejadme compartir con vosotros sus palabras: ‘Hemos de pedir a nuestros Gobiernos que se centren en producir el material y las medicinas que tanto necesitan nuestros sistemas sanitarios”. Tras ella no da tiempo a mucho más, y cierra la reunión el alcalde de Los Ángeles con una arenga: “Los líderes lideran, y estoy orgulloso de que todos vosotros seáis líderes. No esperéis a pedir permiso. Los Gobiernos nacionales y regionales están bajo presión. Tenemos que liderar nosotros. No importa la fe que tengáis. Espero que seáis guiados con sabiduría y coraje”.

La videoconferencia concluye en torno a las cuatro y la siguiente cita del alcalde hace pensar en una expresión habitual en la batalla por el clima: “Piensa global, actúa local”. A las 17:30 tiene la reunión con los coordinadores de los equipos de emergencias. “Es un resumen del estado de la ciudad”, describe el alcalde. Estaba previsto que fuera presencial en el Centro Integrado de Seguridad y Emergencias, una de esas salas de vigilancia 24 horas con enormes pantallas. Pero el alcalde cambia de planes en el último minuto. Uno de los miembros ha dado positivo por Covid-19 y prefieren “no arriesgar”: se celebrará también por videoconferencia.

Un bombero muestra el material sanitario a Martínez-Almeida. En vídeo, el alcalde agradece al Samur su labor durante la crisis del coronavirus.

Así que entra de nuevo en juego Gerardo, el informático de guardia, y tras poner a punto el portátil, esta vez hay un pequeño lío:

-Te tiene que llegar al correo la convocatoria de Zoom.

-¡Reunión de CISEM! —responde el alcalde gritando, porque se ha colocado los auriculares— ¡debe de ser esto, pero me llega por el móvil!.

-¿Te ha entrado por Microsoft Teams o por Zoom?

-Es por Teams —exclama la secretaria desde la otra punta del despacho.

-¡Sí, pero ha entrado por el teléfono! —reitera el alcalde.

Finalmente, cuando logran conectarse, se interesan por la salud:

-¿Cómo estáis?

-Yo bien por ahora.

-De momento, ningún síntoma

En el móvil de Martínez-Almeida aparecen Inmaculada Sanz, delegada de Seguridad y Emergencias; Enrique López Ventura, director general de Emergencias; Pablo Enrique Rodríguez, director general de Policía Municipal; Rafael Ferrándiz, jefe de Bomberos; Carmen Camacho, subdirectora del SAMUR y Teodoro Pérez García, comisario Principal de la Policía Municipal. Prosigue la conversación con el asunto de los aviones:

Alcalde: ¿De las mercancías sabemos algo?

Inmaculada Sanz: Yo lo último que he hablado hace una hora es que salía hoy seguro. Bueno, seguro no. Todo lo seguro que es esto. Pero no sabían la hora. En principio nuestras mercancías no se van a ver afectadas por las requisas que va a hacer Londres a partir de ahora, porque estaban ahí desde antes. Pero yo hasta que no las vea aquí…

Alcalde: ¿Pero sabemos si ha salido o no? ¿Cómo vamos a saber si ha salido si es que sale?

Inmaculada Sanz: Nos lo dice el intermediario, que está hablando continuamente con ellos. Están teniendo problemas burocráticos en el aeropuerto.

El Consistorio ha comprado  material sanitario por valor de 19 millones de euros. No sin dificultades, pues el mercado de mascarillas, EPI o respiradores se ha recrudecido. Cada vez son más caros y escasos estos productos

La situación, según se desprende de la conversación y explican miembros del Consistorio después, es la siguiente. El Ayuntamiento ha comprado por su cuenta cerca de un millón y medio de mascarillas quirúrgicas (las más finas) y de las tipo FFP2 (las de mayor seguridad) y también EPIs (equipos de protección individual) y otros artículos sanitarios. En el momento de la conversación, una remesa de mascarillas adquiridas en Dubai se encontraban en un aeropuerto en Londres, esperando a ser cargadas para salir rumbo a Barajas. Los EPI [equipos de protección individual], procedentes de Ucrania, tenían previsto llegar a España vía Turquía. Problemas “burocráticos” impiden su desplazamiento. Los miembros del Ayuntamiento, que han cerrado acuerdos estos días para la compra de material sanitario por valor de 19 millones de euros (que incluye la carga de los aviones y otras partidas) describen un mundo hostil ahí fuera, poblado por intermediarios y oportunistas, ávidos de hacer dinero. Según cuenta el alcalde, les ofrecieron PRC [pruebas diagnósticas] enseguida, pero siempre que compraran un lote de un millón a 17 euros cada uno, una cifra inasumible. A los responsables del Consistorio les han escrito multitud de personas ofreciéndose para importar material con celeridad. El mercadeo recuerda a un gran bazar, donde no valen los pagarés de las instituciones públicas, y quienes llegan con dólares al contado se llevan la mercancía primero (el Ayuntamiento ha tenido que recurrir a la funeraria municipal para realizar las operaciones), se aplican elevados porcentajes, y antes de que uno se dé cuenta, la remesa ya se la ha llevado un mejor postor dispuesto a asumir un sobreprecio.

Al poco, se conecta la vicealcaldesa, Begoña Villacís; vibra su imagen y solo se la ve de nariz para abajo. Entre los participantes, algunos están en su casa; otros en sus puestos de mando. La reunión la interrumpe en una ocasión una niña que entra llorando en escena, detrás de la delegada de Seguridad. “Esto es lo que se llama conciliar”, dice Martínez-Almeida, que a lo largo de la conversación se saca un zapato y lo hace bailar con la punta del pie enfundado en un calcetín granate. En otro momento, el alcalde pide con urgencia un cargador: “Esto chupa lo que no está escrito”. Y la reunión avanza a medida que los ponentes van desgranando la situación de sus departamentos: comentan el número de ingresos en Ifema (390, y 60 pendientes de ingresar; el Ejército del Aire ultima la UCI en el pabellón 9), la colaboración que empieza a rodar mejor entre los distintos servicios de emergencias municipales y regionales, las dotaciones de policía en la morgue habilitada en el Palacio de Hielo, el número de nichos (algo más de 200) en la nueva morgue que se valora abrir en la ciudad de la Justicia, las actuaciones por el incumplimiento del confinamiento (49.000 controles a vehículos y 39.000 a personas; 7.441 denuncias; varios de ellos en una orgía) y la posibilidad de realizar incineraciones fuera de Madrid (porque la ciudad ya no da abasto).

Una preocupación recurrente sobrevuela la conversación: el estado de salud del personal y las medidas de protección, que no terminan de llegar de forma holgada. Pasan revista a un cuadro con el material que tienen y lo que han repartido. De momento, ante la escasez, “toca entender que hay servicios prioritarios y otros importantes, pero no prioritarios”, dice el director general de Emergencias. El Ayuntamiento también ha empezado a hacer pruebas de Covid-19 a la plantilla. El director general de policía, dice: “Hemos hecho 120 pruebas; 21 han resultado positivas”. Y destaca un detalle curioso: 16 de los positivos han sido entre personas asintomáticas, de las que no se tenía sospecha. El alcalde responde: “Es que esa es la clave”. El jefe de bomberos también habla de una plantilla bajo presión, con 106 bajas por posible coronavirus, y que ha empezado a colaborar con la Unidad Militar de Emergencias en la desinfección de residencias de ancianos (“debemos de haber hecho ya unas 10; la más fuerte de todas fue la primera, Monte Hermoso; un núcleo absolutamente contaminado”) y es posible que empiecen a echar una mano en el traslado de cadáveres. “Estamos en mínimos, pero podemos pasar a situación crítica la semana que viene”, añade.

Al pico de la curva aún le faltan unos días, quizá llegue al final de la presente semana, asegura Carmen Camacho, subdirectora del SAMUR

De pronto, interrumpe el director general de Emergencias: “Oye, una buena noticia. Me dice Elena Collado [coordinadora general de Presupuesto y Recursos Humanos] que en media hora sale el avión de Londres. “¡Cojonudo!”, responde el alcalde. “¿Qué trae el avión?”. “En principio traía un millón de mascarillas. Y el segundo eran 500.000. Entre quirúrgicas y FFP2”. Alcalde: “¡Qué bueno!”. Director de Emergencias: “De las que necesitan Samur y los hospitales. O sea que eso, bienvenido”.

Hacia las seis y media, la delegada de Seguridad comienza a cerrar: “Carmen, ¿alguna buena noticia sanitaria?”. La subdirectora del Samur responde que “al famoso pico” de la curva aún le faltan unos días, quizá llegue al final de la presente semana, “pero nadie está seguro todavía”. Concluye: “La buena noticia es que estamos en un número de altas que supera al número de fallecidos ampliamente”. Otro de los ponentes, sin embargo, aporta el dato negro: “Hoy en Italia han fallecido cerca de 1.000 personas”. A lo que el alcalde responde: “Joder...”. Porque Italia es el espejo en el que todos nos miramos.Y la delegada de Seguridad añade: “Bueno, nos quedamos con las buenas noticias que son las altas y el material”. “Quedémonos con eso”, remata el alcalde. “Bueno señores, muchas gracias a todos. No hagáis locuras este fin de semana que os conozco. Hasta ahora”.

Y cuando levanta la vista del móvil, exhausto y despeinado, exhala un sonoro: “¡Madre de Dios!”. Abandona el palacio de Cibeles a las 18.52, de camino a la soledad del confinamiento en un coche oficial. Ha quedado para tomar una copa (virtual) con concejales, no por trabajo, sino “para descomprimir”. “Vamos a descubrir que no somos bebedores sociales”, se despide. Cinco días después, al cierre de este reportaje, los aviones con el material adquirido en el gran bazar sanitario aún no habían aterrizado en Madrid.

Fe de errores

Una versión anterior de este reportaje indicaba erróneamente que el número de centros de detección desplegados en Seúl eran 605 (son 635) y mencionaba en el mismo párrafo el virus SARS de 2015, cuando en realidad se trataba del MERS de 2015.

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