La crisis del coronavirus

El alcalde Almeida en la zona cero

El primer edil de Madrid capitaliza la gestión de la crisis del coronavirus frente a Díaz Ayuso

Almeida responde a los periodistas a las puertas de Ifema el pasado 23 de marzo. EDUARDO PARRA (EP)
Almeida responde a los periodistas a las puertas de Ifema el pasado 23 de marzo. EDUARDO PARRA (EP)

¿Está José Luis Martínez-Almeida ante su momento Rudy Giuliani? ¿Opta el alcalde de Madrid a un aumento de popularidad como el que vivió el de Nueva York tras el 11-S? ¿Es la crisis del coronavirus su oportunidad para pasar de desconocido a líder? “No, estoy ante un momento de responsabilidad”, contestó el regidor en una conversación telefónica mantenida al inicio de la pandemia. “En estos momentos en los que los ciudadanos quieren que desde las instituciones haya un liderazgo, que se les hable con claridad y con firmeza, estoy cumpliendo con mi obligación”, dijo. “Es sencillamente ser alcalde de Madrid”.

Las campanas tocan a duelo el miércoles 11 de marzo en la Puerta del Sol. Martínez-Almeida (Madrid, 1975) vive por vez primera como alcalde el aniversario de los atentados que le costaron la vida a casi 200 personas en Madrid. A primera hora de la mañana deposita una corona de laurel en recuerdo de los fallecidos junto a la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso. Es el último acto institucional antes de que estalle la crisis. Esa misma jornada ya no abren sus puertas los centros educativos. Los madrileños se lanzan a arrasar los supermercados. La capital afronta sus días más graves desde los atentados de hace 16 años. Y Martínez-Almeida, un desconocido para el gran público, el político que alcanzó la alcaldía tras perder las elecciones con el peor resultado de la historia de su partido, y solo tras un pacto del PP con Cs y Vox, se transforma.

Mientras la presidenta multiplica sus críticas al Gobierno desde el principio de la crisis, el alcalde solo empieza a filtrarlas ahora, transcurridas varias semanas, como este sábado, cuando afeó la influencia que ejerce Podemos en el Ejecutivo de coalición formado con el PSOE. Mientras Díaz Ayuso intenta ampliar su campo de acción a la política nacional, Martínez-Almeida se centra en explotar al máximo sus competencias locales. Y mientras Díaz Ayuso describe como “un bulo” la opción de cerrar Madrid para contener la expansión del virus, él contrapone que “sería imprudente descartar cualquier escenario”. Así, Martínez-Almeida pronto descubre un estilo propio: abandona la americana, se arremanga, y evita poner paños calientes a la hora de describir el drama diario de la lucha contra el coronavirus, que ya ha dejado 2.757 muertos y 21.520 contagiados en la región.

“No caben medias tintas. Claridad y firmeza”, resume el alcalde, cara visible del PP más conservador, duro y desacomplejado. O como decía Giuliani: “Cuando te enfrentas a un problema, empiezas a resolverlo”.

“Lo que se espera (de los políticos en estas crisis) es lealtad institucional”, explica Paloma Piqueiras, miembro del Comité Académico de la Asociación de comunicación política. “Si la estrategia de Díaz Ayuso está pensada para ganar rédito y posicionamiento político, puede intentar justificar el ataque al gobierno en pro de la defensa de la salud de los madrileños”, razona. “Además, también puede haber un componente de diferenciación con respecto a Martínez-Almeida dentro del partido. Éste, hasta la fecha, se ha mostrado mucho más conciliador”.

Su horizonte ante esta crisis son medidas efectivas y mentalizar a la gente. Y si es necesario, de forma coercitiva
Inmaculada Sanz

“Su horizonte ante esta crisis son medidas efectivas y mentalizar a la gente. Y si es necesario, de forma coercitiva”, resume Inmaculada Sanz, portavoz del gobierno municipal y amiga desde hace más de una década de Martínez-Almeida.

Sobran los ejemplos. El 12 de marzo, decreta que la mayoría del personal municipal teletrabaje. Ese mismo día promete 63 millones de euros en bonificaciones fiscales a las empresas que mantengan el empleo tras la crisis, y empieza a reclamarle al Ejecutivo que le permita emplear para ese fin los 400 millones de superávit que tiene que usar para amortizar deuda por imperativo legal. Viendo que las terrazas de Madrid están repletas, como las discotecas, tras suspenderse las clases, hace un llamamiento a los jóvenes (“No son vacaciones”) y advierte de que la Policía Municipal actuará sin miramientos para evitar la expansión del virus (7.733 multas desde que se declaró el estado de alarma). El 14 de marzo, cuando los madrileños se solazan en parques y jardines públicos, los cierra a cal y canto. El 16 anuncia que no se cobrará por aparcar en las zonas de servicio de estacionamiento regulado, para facilitar el uso del coche privado y fomentar menos aglomeraciones en el transporte público. El 17 detalla un reforzamiento de los servicios de limpieza “con productos específicos contra el coronavirus”. Y el 18, como el Ejecutivo central no apuesta por cerrar las obras, como él quiere, decide que la Policía Municipal las inspeccione, paralice y sancione, si se incumplen las medidas sanitarias.

“El Sr. Almeida empezó haciendo lo que se espera de un representante político que tiene la responsabilidad de gestionar una ciudad como Madrid, poniendo todos los medios a su alcance para tratar de frenar la pandemia”, contrapone Marta Higueras, de Más Madrid, el partido que ganó las elecciones con Manuela Carmena como candidata. “No obstante, a medida que van pasando los días se está dedicando más a hacer oposición al Estado que a esta tarea”, añade. “Yo le agradecería enormemente que vuelva a la senda de la lealtad institucional con el Gobierno de España y también una mayor agilidad en la gestión, sobre todo en la atención a las personas y familias más vulnerables para las que todavía queda mucho por hacer”, siguió. “Yo le sigo brindando nuestra innegable colaboración ya que para retomar la normalidad cuanto antes es imprescindible que estemos todos unidos”.

“El papel que está jugando Almeida como alcalde de Madrid, si lo comparamos con el que está teniendo su compañera de partido como presidenta de la Comunidad de Madrid, tengo que calificarlo de acertado”, amplía Pepu Hernández, el portavoz del PSOE. “Cuenta con nuestro apoyo, acepta propuestas que le hacemos, y hasta la fecha ha colaborado con el gobierno de Pedro Sánchez”, sigue. “Dicho esto, no olvidamos que Almeida es alcalde de Madrid gracias al apoyo de VOX, y que durante estos meses de gobierno de “colisión” con Ciudadanos, le hemos criticado duramente por su política claramente regresiva en derechos y en los avances logrados en materia de lucha contra la contaminación y el cambio climático”, añade. “En las actuales circunstancias no tienen sentido los enfrentamientos, ni las polémicas estériles. Hoy es tiempo de aparcar las diferencias, de hacer equipo para trabajar unidos y de prestar todo nuestro apoyo y solidaridad a quienes están siendo víctimas de esta pandemia”.

El momento Giuliani de Martínez-Almeida se puede medir de muchas formas. Están los medios de comunicación: ha pasado de ser un desconocido a responder a 40 peticiones de entrevistas este mes, incluyendo a medios internacionales como la Rai italiana o la Sky británica. Están las redes sociales: si en febrero sumó 3.000 seguidores en Twitter, en marzo, con la pandemia golpeando con dureza a la capital, ha añadido 33.000. Y están los programas de máxima audiencia: Ana Rosa, Espejo Público, La Sexta Noche… ya no es extraño verle ocupando minutos en el prime time.

Poco queda de aquel Martínez-Almeida al que Pablo Casado, el presidente nacional del PP, presentó a principios de 2019 como candidato en el teatro Goya. El teletrabajo ha pasado a formar parte de su vida, al igual que las reuniones asomado a una pantalla. Si normalmente su teléfono arde, estos días más. Las llamadas se cruzan con su equipo directo de trabajo, con los socios de Ciudadanos, el delegado del Gobierno, José Manuel Franco, y, sobre todo, la presidenta de la Comunidad. Esta semana hasta ha hablado con la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. ¿La razón? Los ayuntamientos de Madrid y Barcelona han creado un grupo de trabajo para compartir soluciones frente al virus. La crisis hace extraños compañeros de viaje.

“Tiene una gran disciplina interna y asume que esta es la desgracia que nos ha tocado vivir”, dice Sanz sobre Almeida, que mantiene sus hábitos durante la pandemia. Desde temprano, en casa atiende lo publicado en los medios de comunicación. Hace quince o veinte minutos diarios en la máquina de remos. Le encanta ver la serie El ala oeste de la Casa Blanca. Quizás se inspiró allí para acudir al hospital de campaña del recinto ferial de Ifema guarecido tras una mascarilla y un abrigo de los servicios de emergencias en el que se leía “Alcalde”. Casi como Giuliani cuando se acercó al infierno que quedaba de las Torres Gemelas con una chaqueta del mismo departamento el día después del 11-S.

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