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El bienestar y los huevos de dos yemas

Dos iniciativas empresariales lideradas por jóvenes de Colombia generan oportunidades para evitar el desempleo y las adicciones en Dibulla, una localidad afectada por la violencia

Un huevo de dos yemas de la Sociedad Avícola Di-Huevos, en Dibulla, Colombia.
Un huevo de dos yemas de la Sociedad Avícola Di-Huevos, en Dibulla, Colombia.
Dibulla (Colombia)

Muestra orgulloso en un plato de aluminio la dos yemas naranja brillante que han salido de un solo huevo. “Son más compactas, más sólidas, mejores”, señala contento el emprendedor Riky Villar en la granja que comparte con una decena de jóvenes de la sociedad avícola Di-huevos, de gallinas ponedoras, en la localidad colombiana de Dibulla. El lema con el que trabajan es “más cerca, más fresco”, y se han organizado para vender su producto en la región de La Guajira, que a pesar de tener una tasa de desempleo del 4,6%, los conflictos han lastrado el desarrollo de su población.

“Para mí el bienestar es generar empleo. Cuando uno ve a la gente bien, se siente bien, se siente satisfecho”, señala el joven, que asegura que en esta primera fase venden alrededor de 460 huevos diarios de 500 gallinas. Cuando avancen, pretenden alcanzar el doble. “Estamos organizados para trabajar en los ámbitos de mercadeo y venta, producción, seguridad del establecimiento, comercialización y difusión en redes”, detalla Villar, que es ingeniero mecánico. "El bienestar es tener un ingreso para subsistir, que un hogar se pueda mantener, que tenga alimentos, que podamos ir el fin de semana al cine en familia", añade el joven en Dibulla, un municipio considerado "fuertemente golpeado por la violencia" por la Consejería Presidencial para la Estabilización y la Consolidación de Colombia.

Entre un intenso olor a gallinero, los jóvenes, hombres y mujeres, se turnan en las tareas de alimentar y dar de beber a los animales, obsesionados con respetar las normas de higiene del corral, en cuya puerta esta dispuesta como una alfombra de cal que desinfecta las botas antes de acceder. En la empresa ya han aprendido también a detectar a las aves enfermas, lo más recomendable para su alimentación y a estudiar las características “ideales” para el transporte de los huevos.

Una de las socias de las entidades avícolas lanzadas por jóvenes, en Dibulla.
Una de las socias de las entidades avícolas lanzadas por jóvenes, en Dibulla.

“Tenemos una parte de purina concentrada, y otra de pastoreo donde comen hierbas, verduras, frutas y otro tipo de alimentación del campo”, indica Villar. “Me gusta trabajar aquí porque aprendo. Limpio los huevos, estoy pendiente de ellas y las llevo al pastoreo”, dice Jilmaris González, que ha estudiado un curso de sistemas en la localidad. Los jóvenes destacan además la importancia de estar empleados para evitar caer en las adicciones. "La juventud se pierde en la droga, en los vicios, en el alcohol. Por fin se nos abrió una puerta", señala Sigfredo Vaquero, uno de los socios de Di-pollo, otra iniciativa promovida en la misma finca, con aves de engorde.

Son 22 jóvenes los que comparten estas instalaciones en Dibulla, construidas y levantadas por ellos para las gallinas y los pollos. "Con este negocio nos fortalecemos y tenemos una mejor calidad de vida. Es una de las mejores oportunidades que hemos tenido, el desempleo es problemático", dice Manuel Arengo, estudiante de Administración y Dirección de Empresas, que detalla que han realizado un estudio de mercado que les ha llevado a decidirse por crear las empresas en este sector.

El ingeniero mecánico Riky Villar, en la granja de gallinas, en Dibulla.
El ingeniero mecánico Riky Villar, en la granja de gallinas, en Dibulla.

La oportunidad a la que se refiere la ha facilitado el programa de Construcción de Capacidades Emprendedoras Rurales: Confianza y Oportunidad (TOP) promovidas por el Fondo de Desarrollo Agrícola (IFAD), la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), los beneficiarios y el Gobierno colombiano. "Esto es un proyecto sin intermediarios, directamente la población ejerce sus iniciativas. Y en este caso se desarrolla donde hay afectados por el conflicto armado, y se ofrece la opción de llegar donde la oferta institucional no habría podido alcanzar", señala Fabián Acosta, coordinador del programa TOP desde el Ministerio de Agricultura, que se realiza en 134 localidades de 17 regiones de Colombia y cuenta con un presupuesto de 63,7 millones de euros.

El programa tiene como objetivos mejorar la seguridad alimentaria, los servicios de acceso físico y financiero en el ámbito rural, promover el emprendimiento sostenible y la innovación entre la juventud. Líneas claves y transversales al Plan de Acción Global de Agricultura Familiar aprobado este año en la sede de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en Roma. "No cuentan con subsidios ni regalos, ellos son los socios de su plan de negocio y tienen a sus representantes", añade Acosta. "Un compañero me informó de que existía esta convocatoria y estaba abierta para que cualquier grupo pudiera participar. La consulté por Internet y la solicitamos. El campo no requiere normalmente este tipo de profesionales, es difícil conseguir empleo, pero en esta sociedad lo estamos consiguiendo", detalla Villar. "Los recursos son condonables por lo que el compromiso es nuestro, tenemos que continuar por el beneficio de la empresa", añade el joven para este reportaje, cuya elaboración ha estado facilitada por la Misión de las Agencias de Estados Unidos en Roma (USUN).

“Esto nos da un futuro con el que sustentarnos, aquí me siento bien, trabajamos en grupo, ayudamos a nuestros familiares, se generan empleos”, añade Suri Cantillo, de 23 años, que quiere profesionalizarse en Administración de empresas y vincularse a la producción de huevos. Villar incide en la importancia de erradicar con el trabajo la tendencia al consumo de drogas. "Es importante ocupar a los jóvenes para que estén más distraídos", dice el joven, que recuerda y reconoce también el esfuerzo que han tenido que hacer sus padres porque ellos vayan a la universidad. "Y después encontramos un panorama desolador. No hay forma de retribuir ese esfuerzo. Y ahora hay personas de la región que están siendo ejemplo de los jóvenes e influyen en la parte de la agricultura", concluye el emprendedor.

Jóvenes por una amazonía para vivirla

Á. L. / ROMA

"No tiene porque ser la ciudad la mejor opción siendo jóvenes. Podemos cumplir todas nuestras necesidades en el campo", dice Yorman Alba Moreno, de 22 años y participante del proyecto Amazonía joven que la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) desarrolla en las cuencas de los ríos Guaviare y Guayabero, en el Amazonas de Colombia, donde "más de 1.700 jóvenes y 1.000 familias, residentes en territorios que fueron afectados por la violencia, desarrollan actividades económicas sostenibles e inclusivas que buscan conservar el bioma amazónico, frenar la agricultura ilícita y promover la adaptación al cambio climático", informa la FAO, cuyos datos revelan que los pueblos indígenas atesoran el 80% de la biodiversidad del planeta

"Me ha beneficiado porque antes uno no se visualizaba en el futuro, no tenía claro qué iba a hacer, y el proyecto me ha dado nuevas expectativas. Podemos tener todo lo que queramos. Los jóvenes no tenían clara la idea de qué poseían en el campo, ni qué era ser un campesino o cultivar la tierra. Y es positivo que se apoderen de su territorio, que sean promotores de él y del medio ambiente", indica Alba, que su trabajo beneficia a la comunidad y que son ellos los que pueden devolver la paz a la zona. "Aunque siempre se haya enfocado a la guerra, los jóvenes han sido forjadores de la nueva esperanza", señala.

El programa, que destaca la revitalización de las culturas indígenas en relación con sus sistemas de producción y alimentación", pivota su actividad en la gobernanza de las comunidades y la cosmovisión de sus pueblos. "Participamos en procesos y nos hemos unido más. Esto nos ha proporcionado un espacio para conocernos, aprender en conjunto y crear lazos de fraternidad", señala la joven Amanda Salcedo, implicada en un proyecto de seguridad alimentaria. "Es una experiencia muy gratificante aprender de agricultura, de economía solidaria", señala Salcedo, que destaca la importancia de su huerta orgánica y la conservación de su agua y su suelo. "Estamos también con la idea de reforestar las tierras que han sido destruidas en la naturaleza, que es nuestra fuente de vida", añade Alba.

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