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El escondite de la duquesa de Franco

Carmen Martínez-Bordiú, que ya ha heredado el título familiar, vive apartada de los focos tras la muerte de su madre y pendiente de la resolución de la millonaria herencia

Carmen Martínez-Bordiú.
Carmen Martínez-Bordiú. GTRES
Madrid / Santiago de Compostela

Hace 19 meses que Carmen Franco, la única hija del dictador, moría en Madrid a los 91 años. El mismo tiempo que su hija mayor lleva alejada de los focos mediáticos. Un pacto entre los seis hermanos estableció una ley del silencio mientras se resuelve la testamentaría de la matriarca y se reparte la herencia millonaria, que algunos expertos fijan en 500 millones de euros. Carmen Martínez-Bordiú, de 68 años, la más mediática de la familia, ha cumplido el acuerdo a rajatabla. No se la ve en las fiestas, ni en los photocalls, tampoco en las portadas de ¡Hola!, la revista que, como ella misma contó, ha sido su sustento durante muchos años. A ella ha acudido cuando tenía problemas de liquidez.

Pero ahora ya no necesita esa ventana. La herencia de los Franco que se está liquidando le permite vivir de forma anónima y holgada en Portugal. Allí se ha comprado una casa a poca distancia de Lisboa pero en un punto que su entorno mantiene en secreto para no romper su deseado anonimato. Junto a ella está su pareja desde hace algo más de dos años, el neozelandés Timothy McKeague, coach emocional 34 años más joven que ella. Experto surfista, practica este deporte en las playas portuguesas. Si Martínez- Bordiú fija definitivamente su residencia en Portugal, podrá beneficiarse durante dos años de un régimen fiscal favorable permaneciendo seis meses en el país y teniendo una casa en propiedad.

Allí, en Portugal, Carmen Martínez-Bordiú supo que había concluido el expediente que le daba acceso al título nobiliario que el rey Juan Carlos otorgó a su madre. Su amiga y abogada Teresa Bueyes confirmó a este periódico que ya era duquesa de Franco. El otro título familiar, el señorío de Meirás, ha quedado en manos de su hermano Francis, que lleva también el apellido Franco en primer lugar por deseo de su abuela, Carmen Polo.

Carmen Martínez-Bordiú y Timothy McKeague.
Carmen Martínez-Bordiú y Timothy McKeague. GTRESONLINE

Los dos hermanos mantienen desde hace años una tensa relación. Es Francis quien se está ocupando de liquidar la herencia y repartirla. Carmen está atenta a los movimientos que se producen, pero ha dado un paso al lado. A la venta están desde el edificio en la madrileña calle de los Hermanos Bécquer, residencia familiar, a otras importantes propiedades inmobiliarias. Pero es el pazo de Meirás el que está en el punto de mira.

El pasado 9 de julio la Abogacía del Estado presentó en el Juzgado de Primera Instancia número 1 de A Coruña una demanda civil contra los nietos de Francisco Franco —Carmen, Jaime, Aránzazu, Cristóbal, María del Mar y María de la O Martínez-Bordiú— y la sociedad mercantil Prístina SL, vinculada a la familia. El Gobierno reclama la devolución del pazo de Meirás. Después de un año rastreando la documentación histórica, la inmensa mayoría aportada por otras investigaciones que se llevaron a cabo en la Diputación de A Coruña y el Parlamento gallego, los letrados del Estado hallaron un acta notarial de 1938 hasta ahora desaparecida que según ellos demuestra que la compra de Meirás a cargo de Franco en 1941 fue “fraudulenta”.

Según la documentación que aportan al juzgado, la mansión ya había sido comprada el 3 de agosto de 1938 por la Junta pro-Pazo (que formaban los prohombres del régimen) por 406.346 pesetas (2.440 euros al cambio) a los herederos de Emilia Pardo Bazán y desde entonces adquirió carácter de residencia oficial. Era, defiende el Gobierno de Pedro Sánchez, una extensión vacacional del Palacio del Pardo, con personal propio y oficinas gubernamentales, donde se celebraban recepciones y consejos de ministros. La demanda considera imposible que la nuera de Pardo Bazán vendiera dos veces el inmueble, la primera a la Junta pro-Pazo y, la segunda, tres años después, directamente al propio Franco, por solo 85.000 pesetas (511 euros), que aprovechó este segundo contrato de compraventa para inscribir a su nombre el inmueble y su finca en el Registro de la Propiedad de Betanzos.

Meirás está a la venta desde hace más de un año en un portal inmobiliario de lujo con sede física en Cantabria, MiKeli, por ocho millones, aproximadamente la mitad del precio que podría llegar a alcanzar este edificio singular (BIC desde 2008) en el mercado.

Pero además de Meirás, los nietos de Franco tienen otras polémicas a las que hacer frente en Galicia. El Bloque Nacionalista Galego de A Coruña ha preparado una iniciativa para que el Ayuntamiento de la capital provincial inicie acciones legales con el fin de recobrar el Palacio de Cornide, también en manos de la familia del dictador. Y el tercer frente abierto es la reclamación, por parte del Ayuntamiento de Santiago de Compostela, de dos esculturas románicas del maestro Mateo que formaban parte de la primitiva fachada de la catedral.

Los Franco siguen estas disputas en la distancia. Tanto Carmen como sus hermanos ya no veranean en Galicia tras la muerte de su madre y en plena liquidación patrimonial.

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