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Sobre la ‘entropía patronal’

Las políticas para salir de la crisis, es decir, la precariedad laboral y los impuestos bajos, son irreversibles, dicen CEOE y Foment del Treball; no hay vuelta atrás

Antonio Garamendi, presidente de la CEOE.
Antonio Garamendi, presidente de la CEOE.

Nadie podrá acusar a las patronales españolas de carecer de un programa electoral. Frente al funambulismo de los partidos, la CEOE y Foment del Treball se han expresado con absoluta claridad. Reclaman, en el nombre sagrado del crecimiento, rebajas de impuestos, mantener la reforma laboral (la genuina contrarreforma, la de Rajoy) y, ya puestos, retrasar la edad de jubilación, precisamente algo en lo que se había empeñado el Gobierno del PP sin conseguirlo. Ahora que los creyentes en Friedman y Hayek han descubierto que el raquitismo de la presión fiscal española respecto a la media europea se debe a que aquí hay mucho paro (¡como si, en el caso de ser eso cierto, el desempleo fuese un fenómeno mostrenco, incausado e inimputable a personas físicas, químicas o jurídicas!), las patronales exigen sin complejos los dos grandes paraísos, el fiscal y el laboral.

Precisión necesaria: lo que opina la res pensante de CEOE y Foment no es necesariamente lo que piensan las empresas más conscientes de su función social. Hecho el distingo, sorprende que las patronales no extraigan las consecuencias lógicas de sus premisas, simples pero firmes como rocas. Si los impuestos (directos) son un obstáculo para las empresas, suprimámoslos y así, libres y desembarazadas, podrán alcanzar el fin prometido, el crecimiento económico. ¿Por qué demonizar solo el impuesto sobre el patrimonio cuando está demostrado que todos y cada uno de los tributos directos son un engorro satánico? Si las leyes laborales desaniman al inversor, anúlense. ¿Que la causa final no está clara y puede confundirse el crecimiento con el beneficio? Una trivialidad colateral.

Hay que alabar en los think tanks empresariales esa defensa compacta y ferviente de la entropía. Porque, en el fondo, lo que pretenden las cúpulas (denominación justa y catedralicia aplicada a quienes están por encima de la res extensa laboral) es convertir en irreversibles las políticas aplicadas para salir a empujones de la crisis. No hay vuelta atrás: precariedad laboral e impuestos bajos para siempre. “Las cosas son irreversibles” —explicó Richard Feynman— “solamente en el sentido de que una dirección es probable mientras que la otra, aunque posible según las leyes de la física, no ocurrirá en millones de años”. Con la CEOE, Foment del Treball, el PP y Ciudadanos en el timón, la entropía está garantizada.

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