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Carlos Esteva, propietario de la bodega, encontró hace 40 años en la finca del abuelo una razón de ser: en su corazón palpitaba el Garraf.

El bosque cercano a las cepas acoge: pinos y sombra, frescura que sabe a mar, matas de tomillo y cigarras. Los limones reposan en una cesta. El vino es cálido y amable. Sugiere, más que proclama, ligereza y un carácter aéreo. Quien intuyó la calidad de la uva chenin blanc en una tierra dura, calcárea y soleada como la del Garraf más interior fue Carlos Esteva, propietario de Can Ràfols dels Caus. Allí donde las raíces de las cepas se confunden con las madrigueras, este hombre de convicciones y sentimientos profundos planteó con discreción una quimera que la tierra hizo suya: la convivencia entre cepas lejanas y un paraje singular era posible. Solo necesitaba un catalizador. Fue Esteva. Su La Calma es un símbolo entre los vinos blancos: bizcocho y avellanas tostadas. Hierbaluisa. Pan con mantequilla salada y confitura de limón. Es un vino incisivo y salino. Con las horas, se abre a la luz del cielo más azul y penetra como el mar que le vio nacer. 

Ficha técnica

Can Ràfols dels Caus, La Calma 2015
– DO Penedès, 13,5%. El vino toma el nombre de una sola parcela, en el extremo norte del macizo del Garraf. Suelos calcáreos poco profundos con cepas de 25 años de chenin blanc. Cultivo ecológico. La uva se despalilla, fermenta y cría en barricas de roble francés con levaduras indígenas. Filtrado
y sulfitado, reposa embotellado en la bodega 24 meses. Precio: 32 euros aproximadamente.
Sensaciones
– Es un vino de placeres sencillos. No hay dificultad en él: comprensión y empatía, clima, uva, observación y unas manos sabias
A través del cristal
– Plato de cerámica con motivos navideños y portavelas troquelado, ambos de Zara Home. Copas de Cristal de Sèvres.