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Emmanuelle Charpentier: “No debemos usar la edición genética para crear humanos mejorados”

Una de las inventoras de la edición genética alerta de que Europa puede quedar relegada en aplicaciones estratégicas

Emmanuelle Charpentier, fotografiada en Madrid.
Emmanuelle Charpentier, fotografiada en Madrid.

Emmanuelle Charpentier (1968, Francia) es una de las favoritas a recibir uno de los premios Nobel de ciencia que se fallan este lunes. En 2012, esta microbióloga descubrió junto a la estadounidense Jennifer Doudna que el CRISPR/Cas9 — el sistema inmune con el que algunos microbios se protegen de los virus y que fue descubierto por el español Francis Mojica— podía reutilizarse para editar el genoma de cualquier ser vivo con gran facilidad.

En seis años CRISPR se ha hecho ubicuo en investigación biomédica. Ha permitido curar la sordera en ratones, crear cerdos limpios de retrovirus para trasplantar sus órganos a humanos, eliminar poblaciones de mosquitos que transmiten la malaria y curar algunas enfermedades hereditarias en tratamientos experimentales. En 2017 se usó esta técnica en embriones humanos por primera vez. El CRISPR se programó para encontrar una secuencia de ADN incorrecta dentro del genoma del embrión, cortarla usando las tijeras moleculares Cas9 y sustituirla por la versión correcta, con lo que eliminó una mutación congénita que causa muerte súbita. Los embriones fueron destruidos tras la investigación, pero el trabajo demostraba que esta herramienta puede introducir cambios en las células germinales humanas que se transmitirán de generación en generación. Si esto es posible, también se podrían crear bebés con características físicas y mentales mejoradas, un nuevo factor de desigualdad entre ricos y pobres.

Charpentier dirige el Instituto Max Planck de Biología de la Infección, donde investiga nuevas especies de microbios en busca de versiones mejoradas del CRISPR que “amplíen la caja de herramientas” de la edición genética y que podrían, por ejemplo, ayudar a frenar a las bacterias resistentes a antibióticos que amenazan con matar a más gente que el cáncer en unas décadas. También es cofundadora y asesora de CRISPR Therapeutics, una empresa que ha iniciado este año un ensayo clínico para corregir una mutación que causa una de las anemias más comunes y que obliga a recibir transfusiones de por vida.

De visita en Madrid para recibir el premio con V de Vida de la Asociación Española Contra el Cáncer, la microbióloga reflexiona en esta entrevista sobre el potencial de esta técnica y alerta de que Europa se está quedando relegada en uno de sus usos más interesantes.

Descubrir el CRISPR merece un Nobel

Pregunta. Las aplicaciones de CRISPR en la salud aún no han llegado al mercado ¿Cuáles serán las primeras y cómo de lejos van a llegar?

Respuesta. Ya hay muchos beneficios indirectos a través de la investigación científica. Gracias a CRISPR podemos extraer células de un paciente para estudiar la causa y el desarrollo de su enfermedad, identificar nuevas moléculas que son fundamentales para la expansión del cáncer y muchas otras enfermedades, desarrollar mejores modelos de enfermedades para probar en ellos nuevos fármacos, encontrar nuevas dianas terapéuticas de forma más sencilla. Por eso CRISPR/Cas9 es una revolución en investigación. Todos estos experimentos eran muy difíciles antes de la llegada de esta técnica.

P. ¿Cómo de prometedores le parecen los primeros ensayos experimentales en personas?

R. Esta técnica se aplica ya en la inmunoterapia del cáncer. Se toman células inmunes del paciente, se modifican genéticamente con CRISPR y después se vuelven a trasplantar tras todos los controles de seguridad y calidad para que puedan reconocer y destruir las células tumorales. Esto ya está sucediendo en ensayos clínicos usando CRISPR y otras técnicas de edición genética, como es el caso de las células CAR-T. Va a llevar al menos cuatro o cinco años antes de que tengamos resultados definitivos y puedan aprobarse para su uso. Es algo que llegará paso a paso. Es importante porque pueden ser tecnologías más personalizadas y sin tantos efectos secundarios como la radiación o la quimioterapia.

P. ¿Qué opina de que se cambie la genética de embriones con CRISPR, no solo para curar enfermedades, sino para mejorar las características físicas y mentales de los bebés?

R. Es muy apropiado usar CRISPR para investigar con células embrionarias humanas para estudiar las primeras etapas del desarrollo, pero no soy partidaria de usar esta técnica para crear humanos transformados o mejorados. Debemos ser cautos incluso al aplicar esta técnica en embriones para curar enfermedades. Ahora mismo no existe ninguna justificación para hacer esto porque existe la posibilidad de seleccionar embriones y descartar los que llevan ciertas mutaciones.

Es importante que a las científicas se les dé la posibilidad de desarrollar sus carreras sin sentirse subestimadas o presionadas

P. Este año se han publicado estudios que alertan de que el CRISPR puede ser rechazado por el sistema inmune humano y propiciar el cáncer ¿Hay motivos para preocuparse?

R. Si miras las células CAR-T o la combinación de terapia celular y edición genética con CRISPR este no es un problema, porque las células se modifican en el laboratorio y, una vez utilizada, la herramienta de edición desaparece de cada célula y al final del proceso se verifica que las mutaciones se han hecho de forma correcta. Lo que causa más preocupación es cuando la tecnología se inyecta directamente al paciente. En este caso aún hará falta mucho tiempo hasta que sea segura y también precisa, es decir, que se modifiquen sólo los tejidos deseados. Respecto a los estudios que mencionas, hay que decir que CRISPR es como una receta que está siendo constantemente mejorada y adaptada a diferentes genes, células.

P. ¿Cree que va a ganar el Premio Nobel?, ¿debería también recibirlo Francis Mojica, que descubrió qué es el CRISPR?

R. Me sorprendería si el trabajo de investigación que hay detrás de CRISPR/Cas9 no es reconocido por el comité del Nobel en algún momento. El quién reciba el premio depende de qué aspecto quiera premiar el comité, de cómo de importante piensan que es el trabajo de investigación fundamental, los primeros pasos que llevaron al descubrimiento. Hay investigaciones tempranas y otras más recientes. Normalmente se suele premiar el trabajo que junta todas las piezas del puzle. Yo no puedo juzgarlo y siempre es difícil porque solo lo pueden recibir tres personas. Confío en que el comité dará un Nobel por CRISPR/Cas9 porque es un ejemplo excelente de cómo la investigación básica puede transformarse en una tecnología que tiene un impacto en muchos ámbitos científicos.

P. Según un reciente informe de la Academia Nacional de Ciencias el 50% de las científicas, tanto titulares como estudiantes, dicen haber sufrido acoso de hombres ¿Usted tiene una percepción similar?

R. En el mundo de la ciencia hay mucha presión. Algunos jefes científicos desarrollan personalidades que van más allá de los límites en cuanto a sus relaciones con compañeros y estudiantes. Hay ejemplos de acoso y los sufren más las mujeres que los hombres. Lo importante es que a las científicas se les dé la posibilidad de desarrollar sus carreras sin sentirse subestimadas o presionadas, sobre todo cuando deciden fundar una familia. Veo que estos temas están más presentes en las generaciones de científicos más jóvenes y que hay científicos hombres que deciden volcarse más en su vida familiar y entonces se dan cuenta de que son criticados por ello.

P. La justicia europea acaba de equiparar los organismos modificados con CRISPR con los transgénicos ¿Corremos el riesgo de quedarnos a la zaga en estas aplicaciones?

R. Sí. Es una decisión muy conservadora y decepcionante. Posiblemente la investigación con plantas no se vea afectada, pero Europa se va a quedar atrás en el desarrollo de nuevas variantes de cultivos para comercialización. La decisión tampoco ayuda a la imagen que la gente tiene de los vegetales transgénicos o del término transgénico en general. Parece ser una palabra terrorífica, pero las plantas modificadas con CRISPR/Cas9 son más seguras y necesitan menos pesticidas o productos químicos. Es una decepción porque no facilita que la gente cambie su visión sobre una tecnología genética que será fundamental en el futuro.

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