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Los problemas de salud que tuvo el mundo en 2017

Hay avances esperanzadores pero la OMS advierte de algunos indicadores sanitarios preocupantes

Lesbia Guillén, médico de atención primaria de Majupepentic (Chiapas, México), atiende a una paciente en su consulta.
Lesbia Guillén, médico de atención primaria de Majupepentic (Chiapas, México), atiende a una paciente en su consulta.

La salud global tuvo a principios de este siglo un cúmulo de avances sin precedentes. Impulsada por los Objetivos de Desarrollo del Milenio, tanto las muertes por varias de las más temibles enfermedades infecciosas como el hambre y la pobreza extrema se redujeron de forma muy significativa en los tres primeros lustros. En 2015 comenzaron unas nuevas metas, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una agenda hasta 2030 que pretende continuar con esas mejoras. En los primeros años, sin embargo, los progresos son mucho más tímidos.

Este 2017 que ahora termina ha dejado un estancamiento en varios de estos indicadores que, de no cambiar, hacen difícil llegar a las metas que están planteadas para dentro de 12 años. Y la victoria de Donald Trump, con recortes en las partidas de cooperación internacional, deja una terrible incertidumbre. Para seguir avanzando hace falta dinero, y Estados Unidos es el mayor donante del mundo.

Por primera vez, la Fundación Bill y Melinda Gates ha publicado este año el informe Goalkeepers, en el que hace balance de todo lo conseguido y proyecciones para el futuro. Concluye que si el esfuerzo no continúa, si los países no siguen aumentando sus partidas para luchar contra los grandes males de este planeta, de aquí a 2030 se desandará parte del camino recorrido.

No se puede decir que 2017 haya sido un buen año en cuanto a la salud global, pero entre las noticias preocupantes, ha habido otras muy esperanzadoras. Estos son algunos de los hitos —positivos y negativos— que ha dejado el año.

Las paradojas del sarampión y las vacunas

La humanidad sabe cómo erradicar una enfermedad de la faz de la tierra: la viruela no existe gracias a las vacunas. La poliomielitis va por el mismo camino. Y, con estas mismas herramientas, se puede conseguir también acabar con el sarampión, una enfermedad que en la mayoría de los casos es leve, pero que en las ocasiones en las que se complica puede convertirse en mortal. Esto produjo 90.000 muertes en el año 2016 (último del que hay datos), la mayoría de niños menores de cinco años, aunque gracias a las inmunizaciones son un 84% menos que en 2000.

En los países en desarrollo los esfuerzos están haciendo que los casos se reduzcan drásticamente. En 2017 se erradicó de Bután y Maldivas. En Nigeria e India, dos de los países con mayor prevalencia, este año se hicieron campañas masivas que llevaron las vacunas a millones de niños. Mientras esto ocurre, en los países ricos los movimientos antivacunas se expanden sembrando un miedo infundado y haciendo que muchos padres decidan no vacunar. Por su culpa, las tasas de inmunización están cayendo por debajo del 95% en algunos países, lo que provoca que la enfermedad esté resurgiendo, incluso cobrándose vidas por una enfermedad totalmente prevenible.

Primeros pasos hacia una cobertura sanitaria universal

Este año se ha producido un cambio en la dirección de la Organización Mundial de la Salud. Su nuevo líder, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, tiene una prioridad clara durante su mandato: alcanzar la cobertura sanitaria universal. En el mes de diciembre la comunidad internacional ha firmado en Tokio una hoja de ruta para llegar a este objetivo de aquí a 2030, aunque el camino no será fácil: hoy, 400 millones de personas carecen, al menos, de uno de los servicios esenciales sanitarios. “Tenemos la convicción de que la cobertura universal es un derecho humano, no un privilegio. Es un escándalo que una familia tenga que elegir entre comprar comida o medicinas. Es un escándalo que una madre pierda a su hijo porque carece de una asistencia básica lo suficientemente cerca. No podemos aceptar un mundo así”, dijo el pasado septiembre el director de la OMS en la sede de la ONU.

Estancamiento en la lucha contra la malaria y la tuberculosis

Dos de las enfermedades infecciosas más mortales siguen matando casi al mismo ritmo que el año pasado. En sendos informes presentados en el último trimestre de 2017, la OMS advertía de que la lucha de la malaria está estancada por insuficiente financiación y que el ritmo al que avanza la investigación y los tratamientos de la tuberculosis son insuficientes para alcanzar los objetivos de erradicación de la epidemia.

La contaminación asesina

La contaminación es el mayor causante ambiental de muertes del mundo. Supera de largo al sida, la tuberculosis, la malaria y todas las guerras del mundo en curso sumadas. En 2015 fue la culpable de más de nueve millones de muertes, el 16% de las que se registraron ese año. Se ensaña especialmente con los pequeños. Según un informe dado a conocer por la OMS este año, más de una cuarta parte de las defunciones de niños menores de cinco años (1,7 millones) son consecuencia de la contaminación ambiental. Y las emisiones no paran de crecer.

Avances contra las enfermedades olvidadas

Las que la OMS cataloga como enfermedades tropicales desatendidas son un grupo de 21 dolencias (se han añadido tres este año) que afectan a más de mil millones de personas de los entornos más vulnerables del planeta. Este año, la organización ha constatado avances muy esperanzadores en la lucha contra ellas. Estos son algunos: mil millones de enfermos fueron tratadas por al menos una enfermedad tropical desatendida en 2015 (últimos datos disponibles); 556 millones de personas recibieron tratamiento preventivo para la filariasis linfática (elefantiasis); más de 114 millones de personas recibieron tratamiento para la oncocercosis (ceguera de los ríos: el 62% de los que lo necesitan). En el año 2016 solo se notificaron 25 casos humanos de la enfermedad del gusano de Guinea, lo que puso a la erradicación al alcance de la mano; los casos de tripanosomiasis humana africana (enfermedad del sueño) se han reducido de 37.000 nuevos casos en 1999 a menos de 3.000 en 2015. El tracoma, la causa infecciosa de ceguera más importante del mundo, ha sido eliminado como un problema de salud pública en México, Marruecos y Omán.

El mayor brote de cólera y un plan contra él

La ONG Oxfam calificó el brote de cólera de Yemen de este año como el “mayor de la historia”. Con más de 750.000 casos y más de 2.000 fallecidos, solo es comparable al que comenzó en Haití en 2010, que suma un millón de casos, aunque en mucho más tiempo. También ha surgido otro en República Democrática del Congo con más de 38.000 afectados. El cólera es todavía un problema de salud pública en 47 países, en los que cada año se registran 2,9 millones de infecciones y 95.000 muertes. En este contexto, la ONU y sus socios han lanzado un plan para acabar con una enfermedad que es prevenible mediante un adecuado saneamiento y vacunas. El objetivo: reducir las muertes en un 90% y eliminar la transmisión en 20 países para 2030.

El hambre aumenta

El pasado septiembre la FAO daba una mala noticia al mundo: el hambre repuntó por primera vez en los últimos tres lustros. Los expertos no saben si los últimos datos son una nueva tendencia o algo puntual debido a las crisis humanitarias que el mundo sufre. Hoy el 11% de la población está hambrienta, frente a casi el 15% de 2005. La desnutrición en menores de cinco años apunta una tendencia mucho más positiva: aunque aún la sufren 155 millones de niños, la reducción desde 2005 ha sido de 6,6 puntos (del 29,5% al 22,9%). Pero una vez más, no hay que caer en la autocomplacencia. Hay alimentos para todos, así que la cifra debería ser el 0%, que es la meta para 2030 dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

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