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¿Qué es mejor para la salud, hacer más ejercicio o pesar menos?

Ambas cosas son complementarias, y lo ideal sería combinarlas. Pero una es más importante que la otra si lo que le preocupa es mantenerse sano

Ejercicio

Pongamos que le sobran unos kilos. Que los rigores del invierno y aquellas comilonas navideñas han contribuido a que todavía hoy, en primavera, cada vez que se planta sobre la báscula esta le recuerde que ahí sobran números. Pongamos también que ha decidido poner remedio, ya que ha asumido que el sobrepeso es perjudicial para la salud. La cuestión es por dónde empezar. Y es ahí cuando entra la duda de rigor: ¿qué es mejor, activarse físicamente, con todos los beneficios que eso lleva para la salud (aunque luego se hinche a pizza) o no hacer ninguna clase de ejercicio y controlar simplemente el peso mediante la dieta?

Si lo que le preocupa es la salud, la ciencia aboga por el ejercicio: la falta de actividad física es dos veces más letal que la obesidad. "No solo es más asequible y más cómodo, sino que se asocia a otros efectos saludables independientes del control del peso”, explica el doctor Fernando Jiménez Díaz, responsable del Grupo de Medicina Deportiva de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha. “Permite controlar las enfermedades cardiovasculares, tiene una influencia favorable en las enfermedades articulares, las respiratorias y también en trastornos psíquicos como el insomnio, la ansiedad y otros trastornos emocionales”, asegura.

Lo corrobora un estudio de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition: el ejercicio es más importante en nuestra salud que el peso corporal. Los investigadores, pertenecientes a la Unidad de Epidemiología del Consejo de Investigación Médica de la citada universidad británica, analizaron los patrones de 334.161 ciudadanos europeos y concluyeron que evitar la inactividad reducía el riesgo de muerte por cualquier causa un 7,35% mientras que tener un Índice de Masa Corporal (IMC) inferior a los niveles de obesidad lo hacía en un 3,66%, aproximadamente la mitad.

“Es más importante la actividad física”, asevera tajante el doctor Jiménez Díaz, que pone cifras a esa recomendación. No hace falta machacarse en el gimnasio dos horas diarias cada día. “Es suficiente con un ejercicio suave, continuo, como la marcha”, explica. “Al menos tres o cuatro días a la semana, y alrededor de unos 45 minutos”. Con esto ya se notaría la mejora, no en vano, según el estudio anteriormente citado, las mayores reducciones en el riesgo de muerte prematura se dieron al compararse a los participantes sedentarios que no realizaban ningún tipo de ejercicios con los moderadamente activos.

“Hacer ejercicio es más asequible y cómodo, y se asocia a otros efectos saludables además del control del peso” (Fernando Jiménez Díaz, experto en Medicina Deportiva)

Incluso condensando el tiempo dedicado al deporte los fines de semana (unos 75 minutos vigorosos uno o dos días) obtendríamos los mismos beneficios que quienes se ejercitan a diario, como demostró un reciente estudio llevado a cabo por investigadores británicos y australianos.

Tener un peso demasiado bajo (con un IMC menor a 18,5 kg/m2) no es, desde luego, sinónimo de salud, sino todo lo contrario, como reveló un estudio realizado por científicos suizos en 2014. Incrementa el riesgo de morir por causas externas, debidas su fragilidad (accidentes) o al abuso de drogas y alcohol (que hacen en ellos mayor mella). Según este trabajo, los fumadores excesivamente delgados se consideran una población vulnerable. (No obstante, conviene recordar que, según estudios como este de Nature, el IMC no es un parámetro válido como indicador de salud.)

Aunque el estudio de Cambridge también muestra una reducción en el riesgo de muerte en las personas con obesidad, aquí, precisa Jiménez Díaz, “lo recomendable es hacer ambas cosas”, es decir, combinar un ejercicio físico moderado con dieta. Los investigadores cifraron las muertes por obesidad en Europa (en 2008) en 337.000 pero añadieron que se cree que la inactividad física es responsable del doble, es decir, de 676.000 muertes.

Uno de los autores del estudio, el profesor Nick Wareham, asegura que, desde una perspectiva de la salud pública, y aunque es necesario continuar con los esfuerzos en reducir los niveles de obesidad, también deberíamos estar ayudando a las personas a aumentar la actividad física. Quizá sea buena idea recordarlo cada vez que nos da pereza coger la bolsa de deporte.

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Este artículo ha sido modificado tras su publicación.

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