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La ruta de la lana

Conseguir el mejor merino del mundo es el compromiso de Loro Piana

Acompañamos a la firma italiana en su búsqueda por Australia y Nueva Zelanda, donde esta materia prima es tratada como una alhaja

Lana merino de la marca Loro Piana. Ver fotogalería
Lana merino de la marca Loro Piana.

Cada vez que Pier Luigi Loro Piana (Milán, 1951) rememora sus largas travesías en busca de las mejores materias primas del mundo, las revive con intensidad. Sentado en un sofá de un hotel en Werribee (Victoria, Australia), bebe un sorbo de su café y enumera locuazmente una retahíla de aventuras textiles por todo el planeta. Consiguió que Perú recuperase la vicuña en los años noventa, convenció a los granjeros de Mongolia para que vendieran por primera vez cabras de cachemira bebés y viajó a Myanmar para elaborar las primeras americanas de flor de loto. “La lana merino con 12 micras de grosor es incluso más fina que la de las cabras de cachemira bebés, tan ligera como la vicuña y solo disponible en cantidades muy limitadas”, añade. Su discurso, ágil y apasionado, contagia energía.

Ese entusiasmo vital lo ha llevado hasta las antípodas en busca de uno de los preciados tejidos con los que confecciona los trajes de su firma, Loro Piana. Su obsesión, desde que entró a la compañía familiar en 1978, es conseguir la mejor fibra del mundo para vestir a clientes tan exquisitos como él mismo. Por eso creó el Record Bale, un concurso para encontrar el fardo de lana –que contiene alrededor de 100 kilos, unos 150 metros de tela– más fino y resistente producido en el planeta cada año. Esta particular aventura, gracias a la que nacen anualmente 40 soberbios trajes a medida, comenzó en 1997. El nivel era –y sigue siendo– tan elevado que solo dos países entran en contienda: Australia (el mayor productor de lana del mundo) y Nueva Zelanda.

Su interés por la lana merino, un material presente en los catálogos de la firma prácticamente desde su fundación en 1924, llegó por sorpresa. En 1996, al neozelandés John Brakenridge se le ocurrió atravesar medio mundo para llamar a su puerta. Acababa de fundar New Zealand Merino Limited (NZML), una empresa exportadora, y quería vender parte de su producción a esta firma. “Por aquel entonces teníamos una línea muy conocida llamada Tasmanian. Su intención era que hiciéramos lo mismo con la materia prima que me ofrecía. Fue una reunión muy extraña porque no es normal que te pidan estas cosas. Le dije que si quería que arruinase mi negocio”, recuerda el empresario italiano.

En 2013, el conglomerado Louis Vuitton Moët Hennessy compró el 80% de la marca por 2.000 millones de euros

Pocos meses después estaba en marcha el proyecto Zelander, con lana merino de Nueva Zelanda. El explorador de los tejidos, Pier Luigi Loro Piana, no tardó en poner rumbo a este país para ver y tocar con sus propias manos aquel producto maravilloso del que le había hablado Brakenridge. Así conoció al que se convertiría en su gurú en esta materia: Donald Burnett, el hombre que dirigía la granja Mt. Cook Station. “Me quedé en su casa para aprender más sobre lana merino y acabó convenciéndome de que, aunque tenían menos producción que Australia, contaban con un gran potencial”, recuerda el italiano. En agradecimiento por su sabiduría, le entregó en 1996 el primer galardón del Record Bale. Fue un premio simbólico, ya que Burnett (fallecido en 2010) no competía con ninguna otra granja.

El estrecho vínculo forjado con el granjero obró un nuevo milagro: Loro Piana comenzó a importar cada vez más fardos de lana neozelandesa. Casi dos décadas después de aquel primer encuentro en Milán, NZML vende 127 millones de fibras al año y gestiona el 85% de la producción de lana merino de Nueva Zelanda. “Nuestras granjas están muy agradecidas por el gran apoyo que nos ha proporcionado todos estos años”, añade Brakenridge.

El pasado octubre, Pier Luigi Loro Piana, melena grisácea, ojos azules y bronceado náutico, regresó al lugar en el que aprendió a distinguir la buena lana de la excepcional. El empresario decidió hacer una escala de tres días en Nueva Zelanda antes de viajar a Australia para entregar el premio Record Bale de ese año. Aún con el jet lag en el cuerpo, arrancó su pequeño (y maratoniano) tour ovino visitando Somerton Park, una granja con 3.000 ovejas de raza merina. Su propietaria, Isobel ­Somerton-Smythe, lo recibe con un mostrador sobre el que ha dispuesto pequeños grupos de lana. En su mirada se adivina la ilusión de un niño cuando encuentra su juguete favorito. Coge una hebra, la sostiene con los dedos pulgar e índice de ambas manos y con el meñique raspa el hilo como si acariciase una guitarra. En ese mismo instante exclama: “¡Nunca había visto vellones como estos!”. La propietaria de la finca, con la generosidad que caracteriza a los neozelandeses, le responde: “11,9 micras, para ti”.

A Pigi, como lo conocen sus socios comerciales, le encanta visitar granjas, palpar el mejor material y llevárselo a Italia para producir piezas exquisitas. “Es un proceso largo que requiere una relación de confianza. Ellos conocen lo que yo quiero”, explica. Algunos productores han estado incluso en su casa de Milán cenando. Es en ese insólito escenario (en el que un empresario millonario comparte vinos con los granjeros que trabajan para él) en el que Pier Luigi encuentra la excelencia.

Loro Piana ha creado una nueva línea textil: The Gift of Kings, que solo trabaja con lana de merino ultrafina de 12 micras. ver fotogalería
Loro Piana ha creado una nueva línea textil: The Gift of Kings, que solo trabaja con lana de merino ultrafina de 12 micras.

Tras un café, para aguantar el tirón, y un viaje en helicóptero de poco menos de una hora, el empresario aterriza en la casa de Barrie e Yvonne Payne, responsables de la finca Visulea. Viven en una colina aislada. En su rebaño se cuentan 3.500 ovejas y el grosor medio de las fibras de su melena es de 12 micras. Sus cuerpos están cubiertos con una tela blanca a modo de capa para salvaguardar las puntas de la fibra y aprovecharla mejor. También para que crezca igual de fina, pero más resistente. Quizá por esa particularidad, uno de sus fardos (provenientes de las 100 mejores ovejas del rebaño) quedó semifinalista del Record Bale de 2014. Aunque sus fibras empataron en grosor con la granja ganadora (Pyrenees Park, en Victoria, Australia), la lana de esta última tenía casi un centímetro más de longitud.

Los Payne son la prueba fehaciente de que, en última instancia, el concurso pergeñado por el italiano impulsa a los criadores a superarse a sí mismos. Las fibras imposibles de encontrar hace 10 años ahora empiezan a dejarse ver. Gracias a ello, la compañía ha creado una nueva línea textil: The Gift of Kings (en español, el regalo de los dioses), que solo trabajará con merino ultrafina de 12 micras. Para garantizar la producción, ha firmado acuerdos con varias granjas: compra todas las hebras que dispongan de ese grosor.

A sus 64 años y convertido en uno de los 30 hombres más ricos de Italia (según la lista Forbes, junto a la familia Bulgari), continúa disfrutando cada instante del contacto con los productores. Ya en Australia, tras un vuelo de cuatro horas desde Christchurch hasta Melbourne, continúa las visitas.

Pamela y Robert Sandlant tienen todo preparado para recibirlo, incluida una sabrosa barbacoa italiana de la que el empresario, de tan buen comer como vestir, da buena cuenta antes de pasear por las instalaciones. Mientras charla animadamente con los propietarios de Pyrenees Park (ganadores del Record Bale de 2014) en el jardín, aprovecha para servirse dos suculentos chorizos y un poco de ensalada en un plato de plástico de usar y tirar. Minutos más tarde, en la nave metálica próxima a la vivienda donde esquilan a las ovejas, la pareja de granjeros le muestra su impresionante producción. En cuanto el italiano pone el ojo sobre ella, obviando el fuerte aroma de los animales, bromea: “No digáis nunca que tenéis la mejor lana del mundo: es de Loro Piana”. Esa misma noche les entregará el premio que los convertirá en poseedores del fardo más fino del año.

Esta particular conquista de la excelencia se ha probado beneficiosa para su empresa. En 2012, las arcas familiares, repartidas a medias con su hermano Sergio Loro Piana, ingresaron 700 millones de euros. Una cifra lo suficientemente golosa como para que el grupo Louis Vuitton Moët Hennessy (LVMH, el mayor conglomerado de lujo del planeta) se interesase por sus actividades. Pagaron 2.000 millones de euros por el 80% del negocio, según Bloomberg. A finales de 2013, seis meses después de sellar el trato, fallecía Sergio. Algunos de sus allegados comentan que él había sido el principal impulsor de la venta.

Las ovejas de los Payne llevan capas blancas para proteger las fibras de su lana y que esta crezca más resistente

No parece el momento de volver la vista atrás. “No tiene demasiado sentido hablar de lo que hubiera ocurrido con la empresa de haber sabido que mi hermano no iba a estar con nosotros. Lo que sé es que Loro Piana tiene un gran potencial y todas las decisiones que tomamos fueron por el bien de la compañía. El hecho de que aceptásemos quedarnos con un 20% fue además un modo de garantizar que la transición sea la adecuada y mostrar nuestra confianza en el proceso”.
Según Franca Sozzani, directora de Vogue Italia, amiga personal de la familia y una de las voces más respetadas de la moda, la venta fue una decisión correcta: “Cuando sabes que no tienes demasiado tiempo por delante es mejor dejarlo todo organizado. Lo ideal es vender la empresa a una gran compañía que pueda continuar la labor, mantener a los trabajadores, la marca y su italianidad. Bottega Veneta hizo en su día algo parecido con el grupo Kering y sus ingresos han pasado de 50 millones a 800”.

Este viaje es diferente. Por primera vez desde que en 1978 asumiera el cargo de consejero delegado en la compañía, Pier Luigi Loro Piana no se lanza solo a la aventura. Esta vez viaja acompañado por Matthieu Brisset, el directivo del grupo LVMH que desde diciembre de 2013 lo reemplaza en el cargo. Este, más tímido que su predecesor, prefiere quedarse en un segundo plano, escuchando atento las mil y una batallas que el señor Loro Piana, con su voz afónica y entusiasta, narra constantemente. “Llevo casi un año viajando con él por el mundo, porque quiero asimilar a su lado toda la herencia de esta casa centenaria”, explica.

Una vez entregado el premio, Pier Luigi Loro Piana recoge su gran maleta naranja –fabricada con la vela reciclada de uno de sus barcos– para regresar a Italia. En la mano lleva el mismo maletín de cuero con sus iniciales grabadas (P. L. L. P.) que portaba durante su primera travesía por las antípodas, hace casi 20 años. Y, aunque las circunstancias han cambiado, mantiene el espíritu intrépido de quien viajaría a la Luna si fuese menester con tal de dar con los materiales más exclusivos. Uno solo de sus trajes a medida con lana de Record Bale cuesta 30.000 euros. “Mis clientes me dicen que soy caro, pero cuando prueban mi ropa ya no quieren otra”, justifica. Y comienza a fantasear sobre su nueva búsqueda del Santo Grial textil. “Mi camisa es de lino, una materia prima que puede ser tan interesante como la lana. Ya he comenzado a investigar sobre su origen y resulta que el mejor del mundo crece en el norte de Francia, en Normandía”. La leyenda exploradora continúa.

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