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Un fármaco contra la incontinencia activa a la grasa buena que adelgaza

El medicamento, en dosis cuatro veces más bajas, se usa para tratar el síndrome de vejiga hiperactiva

Hasta ahora solo se había logrado el efecto 'quemagrasa' de este tejido adiposo en personas sometiéndolas a frío

Un hombre obeso, en una céntrica calle de Londres.
Un hombre obeso, en una céntrica calle de Londres.

Hasta el momento, las propiedades adelgazantes de la grasa parda, el tejido adiposo bueno que reduce los depósitos de la grasa mala y quema calorías, solo se habían logrado activar en las personas de una única manera (y de difícil aplicación en la práctica clínica): sometiéndolas a ambientes con bajas temperaturas. Un trabajo que publica la revista Cell Metabolism describe cómo también se puede despertar este mecanismo mediante la administración de un fármaco, el mirabegron, que se emplea para tratar una patología tan alejada de la obesidad o el sobrepeso como la incontinencia urinaria (síndrome de vejiga hiperactiva).

El trabajo lo ha dirigido Aaron Cypress desde el Joslin Diabetes Center de Boston, la mayor institución de investigación sobre esta enfermedad metabólica del mundo. “Hemos demostrado que una dosis de mirabegron estimula el tejido adiposo marrón de forma que consume glucosa y quema calorías”, explica este especialista en obesidad y grasa parda.

Los investigadores del equipo de Cypress plantean que medicamentos como este podrían convertirse en futuros tratamientos contra la obesidad, aunque Francesc Villarroya, del Centro de Investigación en Red (Ciber) de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición se muestra más cauto, ya que el mirabegron tiene un mecanismo de acción poco específico y presenta contraindicaciones que pueden ser relevantes, especialmente con las altas dosis (cuatro veces más de lo normal) administradas en este trabajo. El fármaco puede provocar alteraciones en el sistema cardiovascular, lo que resulta un serio inconveniente para la población a la que se dirige, las personas con obesidad, ya que entre ellas es frecuente padecer este tipo de problemas de salud (hipertensión, por ejemplo). En todo caso, Villarroya, autor de distintos artículos sobre este tejido, reconoce la importancia del trabajo al demostrar en humanos una vía de activación de la grasa parda.

La grasa buena -llamada también parda, gris o marrón por la tonalidad oscura que le da la abundancia de mitocondrias- se ha convertido en una de las grandes esperanzas en la búsqueda de un aliado contra la epidemia de obesidad y es un campo de estudio en plena ebullición. Numerosos grupos de investigación están centrando sus esfuerzos en el estudio del tejido adiposo marrón, alentados por el interés que despierta en la industria farmacéutica encontrar un interruptor molecular (en forma de medicamento eficaz, por ejemplo) capaz de despertar a voluntad la actividad de este tejido adelgazante. Resultado de ello son la sucesión de trabajos sobre esta materia, como el de Cypress -que ahora trabaja en el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de EE UU-  o el publicado hace unas semanas por un grupo de Dinamarca que identificó el papel de un gen en la transformación de la grasa mala en la buena.

Estudios previos ya habían advertido la relación que existe entre algunos mensajeros químicos (como las catecolaminas, un grupo de hormonas entre las que está la adrenalina o la dopamina) y la activación de la grasa parda. Lo hacen al dirigirse a determinados receptores que se encuentran en este tejido adiposo (el receptor adrenérgico beta 3). Pero estos receptores, (relacionados con el sistema nervioso simpático) también se encuentran en otros tejidos, entre ellos la vejiga, donde actúan sobre la relajación de este órgano. El mirabegron se dirige a estos receptores para combatir la incontinencia, por lo que los investigadores se preguntaron si el fármaco también se podría emplear para bajar de peso.

El valor del hallazgo es más conceptual que clínico: el fármaco provoca alteraciones cardiovasculares, lo que resulta un  inconveniente para la población a la que se dirige, las personas con obesidad

Para comprobarlo administraron a 12 personas sanas y jóvenes una dosis de 200 miligramos del fármaco (frente a los 50 autorizados para tratar la incontinencia). El aumento de consumo energético fue de 200 calorías diarias, lo que confirmó sus propiedades adelgazantes. “Aunque conceptualmente era esperable, es interesante comprobar que efectivamente el fármaco estimula el efecto quemagrasa”, comenta Villarroya. Este investigador, sin embargo, destaca que sería interesante observar si en dosis moderadas como las autorizadas también mantiene estas propiedades, ya que es esta la administración que se considera de seguridad para los pacientes. También habría que observar si, junto con lo observado en el estudio al tratar a personas sanas y jóvenes, se producen los mismos efectos en pacientes obesos. 

En todo caso, incluso al administrarse con dosis inferiores (50 gramos), la ficha técnica del medicamento advierte del riesgo de taquicardia. A ello se refiere Villarroya cuando insiste en que tanto esta vía para despertar la actividad de la grasa parda como otras ensayadas en experimentos previos (en cultivos celulares o ratones) no son lo suficientemente específicas como para dirigirse sólo a la activación de este tejido que consume calorías sin interferir en ningún otro aspecto del metabolismo humano (ya sea el ritmo cardiaco u otros). Por ello, el objetivo ideal es encontrar el interruptor que solo active el mecanismo adelgazante sin provocar daños colaterales. En ello están los investigadores.