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EL PULSO COLUMNA i

Festivales con eñe

En el campo de las artes el español ocupa un lugar destacado, por ser anfitriona de las expresiones culturales de todo el mundo

Representación durante el Festival Internacional Cervantino de Guanajato, México. Ampliar foto
Representación durante el Festival Internacional Cervantino de Guanajato, México. corbis

Aunque los hispanohablantes seamos 500 millones, nuestro idioma todavía no es una de las lenguas de la ciencia, las finanzas o el conocimiento. En el campo de las artes y la cultura el español sí que ocupa un lugar destacado, gracias a ser anfitriona de las expresiones culturales de todo el mundo. No se trata de restarle importancia –por ejemplo– a las obras de premios Nobel como Juan Ramón Jiménez, Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Vicente Aleixandre o Mario Vargas Llosa, sino de otorgársela a los festivales que tienen lugar en países de habla hispana y que por su prestigio se han convertido en referencias mundiales. Es el caso del Festival Internacional de Cine de San Sebastián (España), la Feria Gastronómica Internacional Mistura de Lima (Perú), el Festival Internacional de Poesía “Cosmopoética” de Córdoba (España) y el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato (México).

El Festival de Cine de San Sebastián es uno de los mejores festivales del mundo y no en vano San Sebastián ha sido escenario de estrenos de Woody Allen, George Lucas y Alfred Hitch­cock. No es habitual que la lírica convoque multitudes, aunque el Festival Internacional de Poesía de Medellín (Colombia) ha llegado a reunir a más de 70.000 personas en varias de sus ediciones celebradas desde 1991. Así, gracias al ejemplo de Medellín en la andaluza ciudad de Córdoba nació Cosmopoética, un festival que desde 2004 ha llevado al terruño de Góngora a premios Nobel como Seamus Heaney, Derek Walcott, Darío Fo, Herta Müller y Jean-Marie Gustave Le Clézio, quienes han convivido y dialogado con los mejores poetas de habla hispana de España y América Latina.

Para nadie es un secreto que la gastronomía va camino de convertirse en el décimo arte, salvo que le arrebate la novena plaza al cómic e incluso la octava a la fotografía, pues el volumen de negocio, sofisticación y espectacularidad de la alta gastronomía no ha tocado techo todavía. Por eso Mistura –el festival de una gastronomía en auge como la peruana– se ha convertido en apenas seis años en la meca de la cocina mundial, hacia donde han peregrinado estrellas como Ferran Adrià, René Redzepi, Michel Bras, Alex Atala, Yukio Hattori, Joan Roca, Massimo Bottura, Heston Blumenthal, Dan Barber, Maxime Bilet o Alain Ducasse.

Sin embargo, ninguno como el Festival Cervantino de Guanajuato podría presumir de ser el mejor del mundo en música y artes escénicas, porque el Cervantino ya es el espejo donde se miran otros festivales como los de Graz, Edimburgo, Aviñón, Stockton, Epidaurus o Santarcangelo. Acaba de concluir la 42º edición del Cervantino y su director, el escritor Jorge Volpi, no sabe si sentirse más satisfecho por haber celebrado en Guanajuato los 400 años de la embajada Keichō y los 450 años de Shakespeare, o por haber echado a andar la Academia Cervantina y el Proyecto Ruelas, dos ambiciosas iniciativas en pro del teatro clásico y la música sinfónica contemporánea. Es verdad que el partido México-Holanda del pasado Mundial tuvo una audiencia de 10,4 millones de espectadores en Estados Unidos, pero el futuro del español como lengua global no hay que conquistarlo en los estadios, sino en los Festivales con eñe.

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