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Lagarde: “España necesita más tiempo”

La directora gerente del FMI pide suavizar los recortes para no agravar el paro

“Ahora no vemos la necesidad de realizar un ajuste tan rápido”, asegura

La directora del FMI, Christine Lagarde. AFP

Uno de los chismes estrella de estas reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) es el error de cálculo que dos economistas de renombre internacional, Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, cometieron en un influyente estudio que, grosso modo, analizaba cómo los países con niveles de deuda pública a partir del 90% del PIB sufrían crecimientos muy lentos. El estudio fue uno de los argumentos más usados para defender los duros ajustes fiscales en EE UU y Europa. Aunque los profesores de Harvard defienden que ese fallo no invalida la conclusión de fondo, la polémica contribuye a esa sensación de incertidumbre general, de que nadie tiene las claves exactas del bucle de déficit, deuda, austeridad y crecimiento en los países. Lo que sí hay estos días en Washington es política y un debate interminable. Y en este juego, la directora gerente del Fondo, Christine Lagarde, ha decidido dar un espaldarazo a España en su lucha por suavizar los ajustes para no castigar más la actividad del país.

¿Es necesaria más flexibilidad para facilitar la recuperación española? Lagarde respondió con un lacónico “sí”, sin matiz alguno, para después extenderse: “Considerando la situación del país y los esfuerzos que se han llevado a cabo, la tasa de paro del 25%, es claramente necesaria una consolidación fiscal, pero no vemos la necesidad de realizar un ajuste tan rápido como se había pensado inicialmente”. “Ese país necesita más tiempo para ser capaz de lograr su consolidación fiscal, después de lo que ya se ha hecho”, añadió en rueda de prensa en la sede del FMI.

Washington, estos días, es una ciudad plagada de hojas de Excel que parecen servir para tomar decisiones de calado. Lo tajante de las declaraciones de Lagarde, exministra de Finanzas francesa, contrasta con el discurso de fondo de las jornadas de esta semana. El mensaje contra la austeridad a ultranza, tan entusiasta en la asamblea de octubre, se había relajado para insistir en la necesidad de recortes y reformas de países con desequilibrios presupuestarios como los del sur de Europa. La relajación fiscal, según recalcó el economista jefe, Olivier Blanchard, estaba pensada para economías como las de EE UU o la de Reino Unido, con margen para ejercer de locomotoras globales.

Planean discrepancias de cálculo también sobre este asunto, según una fuente de Washington, cercana al Fondo. El FMI publicó en octubre un estudio con datos de 28 países, entre ellos España, que concluía que los ajustes habían mermado la actividad económica en una proporción superior a la estimada inicialmente, con lo que resultaba contraproducente perseguir un objetivo nominal de déficit, de forma inapelable, sin valorar el efecto que los propios recortes habían tenido en el PIB. “En Bruselas no sentó bien, se rebatieron mucho las cifras y la forma de calcularlas, y todos tenían un poco de razón, por ahora ya ni se habla tanto del estudio”, señala dicha fuente.

España, que roza los seis millones de parados y atraviesa su segunda recesión en cuatro años, debe teóricamente reducir su déficit público en siete puntos del PIB en tan solo dos años, para dejarlo por debajo del 3% en 2014, aunque el Gobierno confía en que las autoridades de Bruselas concedan dos ejercicios más de margen. La meta actual resulta imposible si no se endurecen los recortes sociales y las subidas de impuestos. Y tampoco es fácil si se aplica más austeridad: los ajustes lastran la economía y reducen la recaudación de impuestos, lo que a su vez dificulta el saneamiento de las cuentas públicas. El propio Fondo ha reconocido que, si se aprueban más reducciones de gastos, la recesión española puede seguir en 2014.

El sentir de que una sobredosis de recortes de gasto puede perjudicar más que beneficiar no deja de crecer en Europa —cada vez más países se ven afectados por los ajustes—, pero su recorrido siempre acaba en la pared de Berlín, cuyo Gobierno, gran poder fáctico en la eurozona, defiende esa disciplina fiscal como único credo. Francia, con una salud económica que le permite más margen de maniobra que a España, acaba de aprobar un plan de estabilidad 2013-2017 que busca relajar sus objetivos de déficit. El presidente François Hollande lo reflexionó así: “Lo que quiero es la seriedad presupuestaria, indispensable para el desendeudamiento, pero también el crecimiento, sin el cual no habrá reducción del déficit”.

El ministro español de Economía, Luis de Guindos, que llegará a Washington para las últimas reuniones, aterriza en las jornadas con una de cal y otra de arena: el apoyo contundente de Lagarde en la idea de suavizar el calendario de recorte presupuestario y, al mismo tiempo, el empeoramiento de las previsiones en PIB, deuda, paro y déficit, y el mensaje claro de que debe acelerar con las reformas. Desde España, Xavier Vives, profesor de IESE y miembro del instituto alemán IFO, no muestra sorpresa: “Estamos en un proceso de desapalancamiento, devaluación interna y de recuperación de competitividad que necesariamente será muy lento y duro”. Vives apela a las reformas bancarias, en educación y en la Administración pública. “Hay que reconocer la realidad y actuar”, recalca.

La española y el conjunto de la eurozona forman parte de esas economías en la tercera velocidad de recuperación global que encarna la advertencia del FMI en estas jornadas. Lagarde, que compareció ante la prensa pocas horas después de conocerse que tendrá que declarar en París por un caso de posible de falsedad y malversación de caudales públicos, glosó los principales riesgos globales sobre los que el Fondo lleva días advirtiendo. La mejora del acceso al crédito para empresas y familias, para que las mejoras de los indicadores financieros vayan más allá de las hojas de cálculo de Excel, figura en un lugar capital.

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