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Editorial:

Falta de realismo

El informe económico de Presidencia relega los problemas reales de trabajadores y empresas

El presidente del Gobierno parece haber caído en la cuenta de que la gestión de la crisis económica no se decide tan sólo en la aprobación de planes de estímulo económico y financiero, desde luego muy necesarios, sino que exige un control del déficit público y de la deuda pública. Si no se presta la debida atención a los equilibrios financieros del Estado aparecen sobresaltos como la degradación de las expectativas crediticias de la deuda española, anunciada por la agencia Standard & Poor's y la insidiosa identificación de la calidad crediticia del Reino de España con situaciones potencialmente explosivas como la de Grecia.

En apenas dos semanas el presidente del Gobierno ha realizado más comparecencias públicas para hablar de economía que en casi todo el año. Las intervenciones en torno al anteproyecto de Ley de Economía Sostenible y la reciente presentación del Informe económico del presidente han demandado mayor atención que la que mereció el proyecto más importante de actuación económica, el de los Presupuestos Generales del Estado. Ninguna de esas comparecencias parece estar contribuyendo a anticipar objetivamente un horizonte de recuperación del crecimiento económico y del empleo; y tampoco satisface esos mínimos que ha de conseguir la acción de las autoridades: frenar la erosión de la confianza de los agentes.

El contenido del tercer informe que elabora la Oficina Económica del Presidente es técnicamente correcto, aunque los temas que se abordan tienen poco que ver con la verdadera naturaleza de los graves problemas que sufre la economía, en particular gran parte de las pequeñas y medianas empresas. Salvo los abordados en la introducción, son asuntos (la naturaleza de la crisis crediticia, la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, la transición hacia una economía "medioambientalmente" sostenible) distanciados de la realidad inmediata. Es un enfoque poco práctico cuando se vive una recesión prolongada y con una de las tasas de paro más elevadas de Europa. El informe no deja entrever el menor realismo sobre la evolución de la economía española, porque en 2010 aparecen escenarios hostiles a la recuperación. Baste citar la probable retirada de las facilidades crediticias del BCE o la presumible subida de los tipos de interés.

El empeño del presidente sigue centrado en transmitir la idea de una recuperación económica inmediata. El presidente quiere hacer creer a los agentes económicos que tocar fondo en la larga y pronunciada recesión significará el inicio de la recuperación. Sin embargo, con el final de la caída del PIB no llegará la creación de empleo; y el aumento de los puestos de trabajo debe considerarse como la señal cierta de que la sangría de la recesión ha terminado. Entre otras cosas, el aumento de la ocupación contribuirá además a bajar el coste de los estabilizadores automáticos y, por tanto, a reducir el déficit y la deuda, que tanta inquietud provocan en los mercados internacionales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 2009