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Infección hospitalaria

El hospital tardó 20 meses en acometer las obras que acabaron con el brote

La bacteria se hizo inmune al único fármaco existente para combatirla

El hospital público 12 de Octubre de Madrid ha mantenido durante casi dos años una lucha sin cuartel contra una cepa de la bacteria Acinetobacter baumanii multirresistente a los antibióticos y especialmente letal para las personas con el sistema inmunológico deprimido. El brote, que se inició en febrero de 2006 y ha tardado 20 meses en ser controlado, ha afectado a 252 pacientes, de los que 101 han fallecido. En 18 casos "la muerte fue atribuible a la bacteria", según la investigación del hospital, y en el resto, pacientes ya muy graves, fue "un elemento contribuyente, pero no determinante", explica Juan Carlos Montejo, médico de medicina intensiva del 12 de Octubre.

Montejo considera que el brote de acinetobacter en el 12 de Octubre "no debe ser utilizado para causar alarma ni cuestionar la asistencia médica ofrecida, sino para aprender de un importante problema de la actividad clínica en todo el mundo: las infecciones hospitalarias por bacterias cada vez más resistentes".

Una media de 11 pacientes resultaban infectados cada mes en el centro

El 12 de Octubre pidió permiso para usar un nuevo antibiótico

Las alarmas saltaron en la UCI del hospital el 16 de febrero de 2006 tras diagnosticarse el tercer caso de infección por acinetobacter en la UCI en pocos días. Una situación que el hospital consideró en un primer momento "preocupante pero casi rutinaria, porque estas infecciones son algo a lo que nos enfrentamos muy a menudo", recuerda Montejo.

Poco a poco, sin embargo, el acinetobacter fue desplegando sus dos principales características: la facilidad para expandirse y desarrollar resistencias a los antibióticos. "Rozas a un enfermo que la tenga en la piel y, si no te desinfectas las manos de inmediato, la vas dejando en todo lo que tocas", explica Joaquín Fernández-Crehuet, presidente de la Sociedad Española de Medicina Preventiva.

En los meses que siguieron a febrero de 2006, la bacteria se hizo fuerte en la UCI y desde allí fue apareciendo en otros servicios del hospital, como medicina interna o las plantas de enfermos quirúrgicos. Y lo que fue aún peor: los médicos se quedaron sin antibióticos para hacerle frente. De las decenas de principios activos disponibles en el mercado, el acinetobacter sólo era sensible a uno en febrero de 2006, la colistina. Meses después, sin embargo, ni este fármaco podía ya matarlo. En al menos tres pacientes, de los más de 252 afectados, la cepa desarrolló resistencias y el centro tuvo que "pedir autorización para usar un antibiótico que entonces aún no estaba comercializado, la tigeciclina", explica Montero.

Con el paso del tiempo, la cifra de afectados fue aumentando. La media mensual de nuevos diagnósticos ha sido de 11, aunque ha habido momentos más virulentos en los que casi diariamente surgía un nuevo caso y otros en los que pasaban hasta 10 o 15 días sin nuevos afectados.

"Hacer frente a un brote como este llega a ser desesperante", explica José Garnacho Montero, del hospital Virgen del Rocío de Sevilla y ex coordinador del Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (Semyuc). "Estas bacterias sobreviven sobre casi cualquier superficie, en cualquier rincón. Lo desinfectas todo, negativizas a todos los pacientes, y de repente vuelve a surgir porque alguien ha tocado ese rincón y sin querer ha empezado a extenderla. Y antes de que te hayas dado cuenta, la bacteria ya está por todas partes otra vez", añade. Para la mayoría de la gente la bacteria no es peligrosa. "Una persona sana la combate sin trastornos. De hecho, hay personas que viven con ella sin sufrir ningún daño", explica Fernández-Creuhet. "Suele vivir en las ingles o axilas. En las UCI de los hospitales el peligro es que encuentra personas debilitadas y que, tras años de contacto diario con los antibióticos, se ha hecho muy resistente", añade.

Cuando llega a un enfermo, coloniza la piel. El siguiente paso ya es mucho más peligroso. Si entra en las vías respiratorias por los aparatos de respiración asistida, puede causar graves neumonías. Si llega a la sangre por cualquier herida o por el pinchazo de una aguja, la sepsis puede ser letal.

Las recetas para frenar un brote son "tan sencillas como difíciles de cumplir al 100%", coinciden los expertos consultados. Lo primero, aislar al enfermo ya infectado y tratar de revertir la situación con antibióticos y una higiene exquisita. "Nadie que lo atienda debe tocar nada ni a nadie sin antes desinfectarse las manos", explica Garnacho.

"Luego debe evitarse que ningún instrumental, ni trozo de ropa, ni útil de limpieza utilizado con el colonizado y la cama en la que esté ingresado entre en contacto con otros objetos o personas del resto de la UCI. Porque ahí se quedará y desde allí, saltará a otro espacio, y de allí a otro, hasta llegar a un nuevo enfermo", añade.

Por último, los expertos coinciden en que debe "apostarse porque el personal del servicio sea el suficiente y reciba la formación adecuada para interiorizar los hábitos que evitan las conductas de riesgo".

Unas medidas que, según la dirección del 12 de Octubre, se han cumplido escrupulosamente durante los 20 meses que ha durado el brote. Trabajadores de la UCI y el sindicato CC OO consideran, sin embargo, que "seguramente podría haberse hecho más y, sobre todo, mucho antes". "Durante dos años, el personal de enfermería ha estado denunciando la falta de personal y de material para cumplir con los estándares adecuados de calidad. Había días que incluso faltaba papel secamanos y pijamas limpios", lamenta Enrique Orsi, de CC OO. Estas quejas (ver información adjunta) han dejado un rastro de decenas de documentos en los dos últimos años.

Montejo resta importancia al impacto en el desarrollo del brote de unos "hechos que, aunque pueden ser ciertos, son siempre puntuales". "El hospital ha trabajado en bloque contra la infección, con todas las comisiones y los servicios afectados implicados", afirma Montejo. El centro defiende su gestión ante la crisis y asegura que la mortalidad en el hospital se ha mantenido estable en los últimos años.

El centro admite que la opción más drástica, el cierre de la UCI y el traslado de los enfermos a otros hospitales, ha sido "barajada desde el principio" y que en al menos cuatro ocasiones se procedió "al cierre parcial del servicio para desinfectar a fondo algunas zonas".

Algunos de estos cierres se llevaron a cabo durante el verano de 2006, aprovechando el descenso de actividad por las vacaciones y tras haberse registrado "días con todos los enfermos de la UCI contaminados", recuerda Orsi. Pero, con la llegada del otoño, el acinetobacter resurgió.

Al final, tras un año y medio de lucha, el 12 de Octubre apostó el pasado verano por la solución final: recolocar a los pacientes en otras unidades de críticos del centro y echar la UCI por tierra para construirla de nuevo y ya libre de la bacteria.

Acinetobacter

- Las 17 especies de la bacteria son comunes en el medio ambiente. Del 3% al 18% de la población es portadora sana.- Causa entre el 6% y el 9% de las infecciones hospitalarias.- Un estudio llevado a cabo en 2005 en 25 hospitales españoles mostró la presencia de cepas de la bacteria en todos ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de mayo de 2008

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