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EL GRAN DÍA DE LAS LETRAS

Sánchez Ferlosio recibe el homenaje del mundo de las letras en el Palacio Real

Los Reyes ofrecen una comida de gala al premio Cervantes antes de que hoy recoja el galardón

Rafael Sánchez Ferlosio recibe hoy el Premio Cervantes y lo hará con un discurso titulado Carácter y destino. Ayer, una apabullante representación del mundo de las letras acudió al Palacio Real, donde se celebró una recepción en su honor. Esquivo con la prensa, el escritor se negó a participar en la tradicional lectura pública del Quijote que se celebra cada año en las vísperas del Cervantes y admitió en una entrevista a la SER que le incomoda el protagonismo. "No es por modestia ni por humildad, yo soy modesto porque es fácil serlo y además queda elegante, pero la humildad es en mí una virtud desconocida", dijo Ferlosio. Por otra parte, más de 200 autores celebrarán hoy en Barcelona el Sant Jordi más intenso de su historia.

Todos, editores, académicos, novelistas, poetas, dramaturgos... Cerca de un centenar de figuras de las letras rindieron ayer un homenaje justo y lleno de admiración a ese escritor inclasificable y libérrimo que es Rafael Sánchez Ferlosio antes de que hoy reciba su Premio Cervantes en Alcalá de Henares. Los Reyes presidieron, acompañados de los príncipes de Asturias, una comida de gala en el Palacio Real a la que también asistió el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Fue un encuentro muy solemne en el que el Rey destacó al escritor premiado que, "tras las huellas de don Miguel, ha sabido extender los límites de su geografía imaginaria".

Lo dijo en un discurso pronunciado en un encuentro concurrido, que era la primera vez que se organizaba, "en este formato", decían quienes trabajan en la Casa Real. Es decir, como gran encuentro solemne del mundo de las letras antes de la entrega del premio y en víspera de la fecha del Día del Libro, cuando se conmemora la muerte el mismo día de dos genios: Cervantes y William Shakespeare.

Los que ayer pasaron a rendir homenaje merecido a Ferlosio, hombre poco amigo de estos encuentros pero que recibió encantado el afecto y las felicitaciones de todos junto a su mujer, Demetria Chamorro, llegaban de diversos lugares del territorio de La Mancha, esa región sin fronteras, abierta a la aventura, a la imaginación sin límites, que esgrime siempre Carlos Fuentes. El mexicano estaba allí junto a otros premios Cervantes anteriores a Ferlosio, encabezados por ese decano vitalista de 99 años que es Francisco Ayala -recién llegado de Estocolmo, donde inauguró una biblioteca que lleva su nombre en el Instituto Cervantes- y también con Francisco Umbral.

Hubo representación de las academias y del Instituto Cervantes, con la presencia de su director, César Antonio Molina, y de alguno de sus predecesores, como Nicolás Sánchez Albornoz. Sobre todo de la Real Academia Española, que estuvo ayer representada en el Palacio Real por su director, Víctor García de la Concha, y varios de sus miembros, como Carmen Iglesias, Luis Goytisolo, Juan Luis Cebrián, Claudio Guillén, Álvaro Pombo, Carlos Castilla del Pino, Francisco Nieva, Mingote o Luis María Anson, entre otros.

Los escritores fueron la legión más nutrida. Se presentaron casi todos media hora antes y esperaron, junto a Ferlosio, la llegada de los Reyes, algo que se cumplió, como estaba previsto, a las 13.30. Luego saludaron uno a uno a don Juan Carlos y doña Sofía, primero, y al príncipe Felipe y a doña Letizia, después. Decenas de creadores de todos los géneros y todas las generaciones acudieron al encuentro, desde los más experimentados, como Juan Eduardo Zúñiga o Josefina Aldecoa y Rosa Regàs, a los de generaciones intermedias, como Juan José Millás, Manuel Vicent, Rosa Montero, Carmen Posadas, Soledad Puértolas, Lorenzo Silva, Vicente Molina Foix, Juan José Armas Marcelo o Fernando Delgado, que entraron junto una nutrida representación de poetas como Luis Muñoz, uno de los más jóvenes, Antonio Colinas, Luis Antonio de Villena o Luis Alberto de Cuenca.

Editores y críticos

Los editores, algunos agentes, como Carmen Balcells, y críticos como Miguel García Posada o Manuel Rodríguez Rivero, también quisieron estar presentes en la recepción real. Asistieron Jorge Herralde, Joaquín Palau, Isabel Polanco, Beatriz de Moura, Ana Gavín y Emiliano Martínez, presidente de la Federación de Gremios de Editores de España, en representación del sector.

Tras el pasamanos, todos se dirigieron al comedor de gala, donde les esperaba un menú con algún toque quijotesco. No en las entradas, donde degustaron salmón fresco marinado con eneldo y patatas a la nuez moscada, pero sí en el segundo: pularda asada con manzana y migas dulces.

En los brindis, don Juan Carlos tomó la palabra en el comedor de gala, donde se ofrecen las cenas de las grandes ocasiones, sobre todo a los mandatarios extranjeros. El Rey quiso destacar la conmemoración de la edición del Quijote: "El 23 de abril cobra este año un significado especial al cumplirse el IV centenario de la publicación de la primera parte del Quijote", comenzó diciendo. "Por ello me alegra poder tener hoy en torno a esta mesa a tan distinguida representación del mundo de las letras".

Don Juan Carlos alabó ese aspecto de caja mágica que es la obra de Cervantes: "Del Quijote se dice con toda verdad que es mucho más que un libro; es toda una biblioteca, porque contiene otros muchos libros", aseguró. "Pero en realidad es todo un mundo creado y poblado por numerosas gentes que al contacto con el ingenioso hidalgo, convertido en caballero andante, y con el pobre labrador transfigurado en su escudero, se convierten y transfiguran en escritores y lectores de sus aventuras", dijo.

"Todo está en el Quijote, se repite de continuo. Américo Castro explicó magistralmente que es así porque se proponía superar cualquier particularismo y perseguía límites extremos", aseguró. "Con ello, Cervantes mostraba su voluntad de escribir un libro universal". Para finalizar, el Rey agradeció la respuesta de los presentes para conmemorar el Quijote y honrar a Ferlosio: "Académicos, escritores, editores y otros representantes de la cultura literaria habéis respondido a la llamada cervantina para compartir, con el Quijote al fondo, el gozo de la palabra. Y lo hacéis en vísperas de entregar el Premio Cervantes a don Rafael Sánchez Ferlosio, que, tras las huellas de don Miguel, ha sabido extender los límites de su geografía imaginaria".

Carácter y destino para un discurso

Algunos estaban convencidos de que no iría hoy, pero no, no hay duda, Rafael Sánchez Ferlosio, escritor con tendencia al caos, a la sorpresa permanente y a la irrupción sin ataduras siempre rica y provocadora, pero por escrito, aparecerá a las doce del mediodía en la Universidad de Alcalá de Henares para recoger su premio Cervantes y pronunciar un discurso titulado Carácter y destino, según aseguró ayer en la cadena Ser. "Versa sobre una cuestión para mí muy antigua. Se remonta a 1959; desde entonces hay constantes recurrencias en mis cuadernos y en el discurso algunos reconocerán anticipos publicados. No querría sin embargo que se perdiese de vista que el asunto es el del carácter y el destino, salvo que a la vez, la oportunidad del Quijote es importante porque para mí él y Sancho eran personajes de elección como paradigma del orden del carácter", adelantó el autor de El jarama, Industrias y andanzas de Alfanhuí y El testimonio de Yarfoz.

Antes se había quitado importancia: "No me gusta la palabra importancia, hoy es una dimensión publicitaria. Con el desmedido tinglado sinérgico que se ha organizado con este premio no hay duda de que al premiado le van a dar más importancia que la que desea. Y si no la desea no es por modestia, ni por humildad; yo no soy modesto porque es fácil serlo, y la humildad es en mí una virtud desconocida. De manera que no es por humildad mi rechazo a la importancia, sino por sentido del ridículo".

A Ferlosio la escritura le sirve para relacionarse con el mundo, pero de otra forma. "Es difícil no relacionarse con el mundo, pero es a la vez innecesario y afectado esforzarse por esa relación. A mí me resulta penoso en los que lo hacen sin ninguna gana pero enarbolando un meritorio, gratuito y probablemente estéril estandarte moral", aseguró. También puntualizó esa visión salvajemente autocrítica que a veces esgrime con su obra: "Yo aborrecer no he aborrecido más que una obra concreta, pero, aunque uno tenga más razón que un santo al autodescalificarse, eso no vale nada. Conviene dejarse descalificar por los demás... Sin rechistar".

Tras comentar que "desde Kafka no ha vuelto a salir nada bueno", mostró su preocupación por el idioma: "Está muy mal..., muy mal... A mí es ésta, la lengua elitista, la que me preocupa, y diré que le va muy mal, especialmente por el destrozo que le llega de Hispanoamérica y que influye en los propios castellanos", sentenció.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de abril de 2005

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