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Reportaje:

Queremos leer el 'Quijote'

El libro cumbre de Cervantes se convierte en un superventas con la celebración de su IV centenario

Ha vuelto a convertirse en un superventas, como lo hiciera ya en 1605, al aparecer por primera vez Don Quijote de La Mancha en Madrid. Es el destino de un libro genial que seduce por la audacia que le dio Miguel de Cervantes a la hora de crearlo. Una virtud que le acompaña por los siglos de los siglos y le ha catapultado esta semana al número uno de las listas de venta en España, Chile y Argentina, donde gana a los autores contemporáneos, desbanca libros inamovibles como El código Da Vinci y se ha convertido en un fenómeno que sorprende a los editores por la rapidez con que se ha implantado. Es ya el regalo literario estrella de Navidad. Los abuelos lo compran para los nietos y los padres para los hijos.

Le habrían venido de perlas estos reales a don Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616). Aunque sólo fuera para pagar deudas y aliviar sus problemas con el fisco, pero sobre todo, para sacar adelante a una familia de mujeres -su esposa, su hija y sus dos hermanas, con una descendiente natural de una de ellas-, que le aguantaban con buena paciencia. En estos tiempos, no habría necesitado el noble mecenazgo del conde de Lemos, que le mantuvo después de haber pasado dos temporadas en la cárcel por problemas con la hacienda, del que el escritor fue recaudador. Incluso le habría llegado de sobra para arreglarse el brazo izquierdo, que dejó inutilizado en la batalla de Lepanto 34 años antes de que apareciera su obra cumbre hoy y despreciada por contemporáneos suyos como Lope de Vega, que llegó a escribir: "De poetas no digo buen siglo éste. Muchos están en ciernes para el año que viene, pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe Don Quijote".

Es el regalo navideño literario que triunfa este año, ya sea en su edición cara o barata

Eduardo Arroyo prepara un trabajo sobre la pintura vista por el Quijote

Pues el mismo Lope se habría llevado también las manos a la cabeza esta semana -o le hubiese presentado el libro, quien sabe- si comprobara que 400 años después de su publicación, tras armarse en la imprenta madrileña de Juan de la Cuesta, Don Quijote de La Mancha está el primero en las listas de venta de España, Chile y Argentina, y a punto de aparecer también en las de México y Colombia, apartando a codazos los restos de El código Da Vinci y retando a autores como Gabriel García Márquez o Arturo Pérez-Reverte.

Se lo llevan a docenas de las librerías. Es el regalo de Navidad que triunfa este año en el terreno editorial en todas sus formas y maneras, caro y barato. Por supuesto, en cuanto a ejemplares vendidos se ha impuesto la edición popular de la Real Academia Española, publicada por Alfaguara y que ha asombrado a quienes la han puesto en marcha porque en un mes, desde que fue presentada en el Congreso de la Lengua en Rosario (Argentina), ha colocado en las librerías en España y América Latina 500.000 ejemplares del millón que iba a circular a lo largo de todo el año del centenario. "Realmente nos ha sorprendido la rapidez con que ha empezado a venderse. Ha sido un fenómeno muy espontáneo. Aunque las presentaciones se hayan arropado institucionalmente, la gente ha acudido a comprarlo por primera vez sin tener la obligación de hacerlo por ser lectura obligada por planes de estudio, sino porque se han dado cuenta de que es algo que merece la pena tener", asegura Francisco Cuadrado, director de la división internacional de Santillana y encargado del lanzamiento global del libro.

Pero también las ediciones caras se compran. La de Francisco Rico, que ha vuelto a sacar Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg con ilustraciones de Eduardo Arroyo, se va imponiendo en las librerías, donde ha vendido también en poco tiempo 70.000 ejemplares. Era un fenómeno esperado por toda la publicidad institucional desplegada para la celebración. Pero no tan rápido, porque los fastos aún no han empezado y el programa se presenta mañana lunes a todo tren en la Biblioteca Nacional, en Madrid.

El caso es que, este año, parece que el Quijote llega por Navidad. En la librería Antonio Machado de Madrid ya están preparados, pero Mari Paz Arias, su responsable comercial, no sale de su asombro: "Algunos se lo llevan por docenas. Los abuelos han decidido regalárselo a los nietos y los padres a sus hijos". En la librería han desplegado una mesa con las ediciones más atractivas de las 34 nuevas lanzadas este año, según el Ministerio de Cultura: "Por ahora las que más se venden son la popular de la RAE, la de Rico y Arroyo, una de Martín de Riquer con ilustraciones de Dalí que ha sacado Planeta y otra facsímile muy bonita de Florencio Sevilla, que ha publicado Lunwerg", asegura la librera.

Las editoriales se esfuerzan para que entre por los ojos, las librerías ponen su cebo y esperemos que la publicidad institucional no resulte tan agobiante como para que la gente acabe odiándolo. Por ahora ya es el libro más vendido. Pero, ¿será también este año el más leído? Sobran los motivos y los ingredientes en su prosa jugosa, en su fabulación inmensa, en su mecanismo de novela audaz y plenamente moderna, con personajes maravillosos, juego de contraposiciones entre realidad y ficción o precursor de ese elemento tan turbador para el siglo XXI, que, según Carlos Fuentes, le convierte en un texto genial y que es el manejo de la incertidumbre: "En el Quijote nada es lo que parece. No sabemos quién es el autor, se confunde el nombre de los personajes, se fomenta constantemente la duda", según ha dicho alguna vez Fuentes.

Y, por supuesto, también como parodia genial, copiada hasta la saciedad por productos que triunfan hoy como Shrek, sin ir más lejos, con su puesta en solfa contemporánea de los cuentos de hadas. Algunos creadores como Manuel Gutiérrez Aragón, director de cine, adaptador de el Quijote, comprende el fenómeno, aunque recuerda su éxito colosal en todas las épocas: "En su tiempo ya fue un superventas. Triunfó como novela de risa. Hoy es un libro de iniciación con magia, misterio, claves borgianas, con hadas, gigantes y ogros, como los que hay en Harry Potter o Shrek, exactamente", dice. Lo sabe bien porque lo ha reinterpretado con mucho cuidado, con respeto y también con cierta frustración: "Porque a mí, lo que me gusta del libro es el estilo, que es lo único que no se puede adaptar al cine, la prosa, la construcción de las frases, la trabazón de los párrafos. Todo eso es lo que me produce asombro", asegura.

Igual de fértil para la imaginación de un cineasta lo es para un pintor como Arroyo, que prepara ahora junto a Francisco Rico un trabajo sobre la pintura vista por el Quijote. "Está lleno de imágenes que llaman a la libertad de creación. Ese surrealismo tan puro, esa lucha entre fantasía y realidad, ese viaje, no deja de sorprenderme", anima Arroyo.

Métodos para una lectura correcta

Puede que éste sea el año en que se perdió el miedo al

Quijote. El peso de la obligación en las escuelas, los institutos, quizá haya abollado algo su encanto con los años para muchos. Pero la genialidad siempre derrota molinos y es su arma para la seducción. Puede que éste sea el año en que no sólo se vendió, sino en que se leyó el

Quijote de manera masiva. Algunos amantes y expertos del texto proponen métodos. Pablo Jauralde, catedrático de Literatura Española del Siglo de Oro de la Universidad Autónoma de Madrid, va con tacto. "Uno lee las obras literarias desde la base cultural que se le suministra. Cuando los ambientes son adecuados, funciona, pero si no, uno se puede estrellar en el desencanto si acude al texto con muchas expectativas. Siempre hay que proveerse de un mínimo bagaje cultural. Hay muchos modos antes de entrar al texto; puede ser un buen prólogo, un repaso a un suplemento que lo trate en profundidad. Hay que llegar avisado", recomienda.

En su lectura, el primerizo irá encontrando diferentes alicientes: "Primero resultará gracioso, luego llamará la atención el estilo, después resultará curioso el engranaje novelesco; es una obra abierta que Cervantes no quiso cerrar. En cualquier caso, estoy a favor de esas ediciones que permiten dejar ser inteligente al lector", dice Jauralde. Eso abre las posibilidades a primeras lecturas poco ortodoxas como la que propone el cineasta Manuel Gutiérrez Aragón: "No hay que avergonzarse de leerlo por trozos y de manera desordenada. Se puede. Es más, es la mejor manera de hacerlo por primera vez", dice. En cualquier caso, de las diferentes lecturas que se hagan, algo debe quedar para la posteridad también en esta época, como propone Rogelio Blanco, director general del libro. "Al alba de este siglo, debe ocurrir, como pasó en el centenario anterior, que la obra se enriqueció aún más con las lecturas que le hicieron Ortega y Gasset, Azorín, Maeztu o Unamuno. Yo creo que nos alentará a ese deseo constante de utopía que tenemos todos y a no confiar en la realidad como es sino como debería ser", asegura Blanco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de diciembre de 2004

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