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Cinco parejas piden permiso a Sanidad para seleccionar los genes de su hijo

Quieren un niño compatible con su hermano para salvarle con un trasplante de médula

El Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) ha elevado al Ministerio de Sanidad la petición de cinco parejas que desean seleccionar la composición genética de sus futuros hijos. Todas tienen ya un hijo con una grave enfermedad de la sangre, y quieren que el próximo sea compatible para que pueda salvar a su hermano mediante un trasplante de médula. La consulta fue formulada el 26 de agosto de 2003, pero el anterior cuadro ministerial no hizo nada. El actual equipo convocará en breve a la Comisión Nacional de Reproducción Asistida para tratar el asunto.

Las cinco parejas atendidas por el IVI quieren someterse a la misma técnica -el diagnóstico preimplantacional, o análisis genético de los embriones-, pero pertenecen a dos categorías muy distintas a efectos éticos y legales.

La primera categoría comprende a tres parejas portadoras de enfermedades hereditarias de la sangre (beta talasemia y anemia de Fanconi). Todas tienen un hijo afectado, y todas desean tener otro. Para evitar que el segundo hijo padezca la enfermedad, estas parejas ya tienen ahora la posibilidad legal de generar varios embriones por fecundación in vitro, analizar sus genes y seleccionar un embrión sano para la implantación en el útero.

El problema es que las parejas quieren seleccionar además, entre los embriones sanos, aquél que sea compatible genéticamente con su hermano enfermo. Cuando nazca, la idea es utilizar sus células (las de su cordón umbilical, en realidad) para repoblar la médula ósea del hermano enfermo y curarle.

Todo lo anterior es técnicamente posible. El 16 de junio del año pasado nació en Sheffield (Reino Unido) Jamie Whitaker, un niño seleccionado para ser compatible genéticamente con su hermano, cuya vida peligraba por la anemia de Fanconi. Aunque la pareja era británica, tuvo que hacer la selección de embriones en el Instituto de Genética Reproductiva de Chicago (EE UU).

La segunda categoría está representada por dos parejas que también tienen hijos con enfermedades de la sangre, pero no hereditarias, sino adquiridas. También desean tener otro hijo, y que éste sea compatible para que pueda donar células a su hermano. La diferencia es que ahora los padres no son portadores de ninguna enfermedad hereditaria, y por tanto no tienen ninguna otra razón para someterse al diagnóstico preimplantacional. Los embriones serían seleccionados exclusivamente para ser compatibles con el hermano.

Hasta ahora no había ningún precedente de esta segunda categoría, pero el mismo instituto de Chicago mencionado antes publicó ayer el primer caso en el Journal of the American Medical Association (véase artículo adjunto). El hospital AZ-VUB, de la Universidad Libre de Bruselas, tiene ensayos similares en curso, pero están aún en fase de embarazo.

La Ley de Reproducción Asistida (de 1988, modificada por el PP el año pasado) sólo permite manipular un embrión en su propio bien. La selección genética de embriones para evitar que nazca un niño con una enfermedad hereditaria es legal, y se ha practicado en cientos de casos en España. Pero ¿qué ocurre cuando la selección es para garantizar la compatibilidad de un trasplante?

"No tengo claro que esté prohibida, pero al menos es cierto que hay un vacío legal", dice el director del IVI, Antonio Pellicer, que también es miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Asistida. "Sea cual sea el mecanismo legal, mi opinión es que esta posibilidad debería permitirse. La situación de estas familias es angustiosa, las técnicas están disponibles, y no creo que nadie tenga derecho a condenar a un niño a una muerte evitable".

Pellicer sólo ve un problema: "¿Qué ocurre si, tras analizar genéticamente los embriones, resulta que no hay ninguno compatible? Desecharlos me parece inaceptable. Quizá la ley debería obligar a donarlos a otra pareja, pero también debería permitir a la primera pareja que repitiera el ciclo de fecundación".

La reforma del PP del año pasado fue exactamente en el sentido contrario: limitó a tres el número de óvulos que podían fecundarse por ciclo de tratamiento. En su próxima reunión, la Comisión Nacional de Reproducción Asistida examinará también ese punto, que ha causado una enorme molestia en las clínicas de fertilidad (y en muchos de sus usuarios).

"La petición de las parejas me parece absolutamente razonable", dice el filósofo del derecho Manuel Atienza, también miembro de la comisión. "Mi impresión inicial es que será difícil interpretar la ley para permitirlo, y que sería mejor estudiar una reforma legal".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de mayo de 2004