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XVIII EDICIÓN DE LOS PREMIOS GOYA

'Te doy mis ojos' triunfa en los Goya

La película de Icíar Bollaín sobre los malos tratos a mujeres logra todos los premios principales

Te doy mis ojos, de Icíar Bollaín, se convirtió anoche en la gran ganadora de los Premios Goya. El filme, que aborda los malos tratos a mujeres, consiguió siete galardones, entre ellos, el de mejor película, mejor dirección, mejor actriz protagonista para Laia Marull y mejor actor protagonista para Luis Tosar. La gran aventura de Mortadelo y Filemón, con cinco goyas, la mayoría técnicos, fue la segunda película más premiada de la noche. La polémica provocada en torno a La pelota vasca, la piel contra la piedra, de Julio Medem, empañó la llamada gran fiesta del cine español. Abucheado por manifestantes convocados por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Medem fue protagonista a su pesar.

La XVIII gala de los Goya tuvo una película como indiscutible ganadora y a un cineasta como protagonista. La película fue Te doy mis ojos, dirigida por Icíar Bollaín, que logró siete goyas: mejor película, mejor dirección, mejor actriz, mejor actor, mejor guión, mejor actriz de reparto, mejor sonido. El protagonista fue, a su pesar, Julio Medem, que sin lograr el Goya al mejor documental por La pelota vasca, la piel contra la piedra (se lo arrebató José Luis López Linares con su película sobre Mandronita Andreu Un instante en la vida ajena), acaparó toda la atención desde primeras horas de la noche. Mientras a las puertas del Palacio de Congresos se manifestaban contra él y el contenido de su película, sus compañeros defendían su derecho a contar la realidad (en este caso, la del País Vasco) a su manera. Luis Tosar, con el Goya al mejor actor en las manos, dijo: "La libertad de expresión está muy bien para todos y por eso le dedico el premio a Julio Medem".

"La Academia quiere reiterar su defensa incuestionable a la libertad de expresión"

Icíar Bollaín, con el Goya al mejor guión y a la mejor dirección, añadió: "Me gustaría recordar a las víctimas de los maltratos, a las víctimas de una guerra, ya van por 10.000, y a las víctimas de ETA. Hay muchas formas de terrorismo, pero una sola de libertad de expresión. Cuidémosla para poder hacer películas, por muy polémicas que sean".

Mercedes Sampietro, en su primera gran noche como presidenta de la Academia, se manifestó en el mismo sentido: "La Academia quiere esta noche reiterar su defensa incuestionable a la libertad de expresión y su rechazo absoluto a cualquier forma de censura". Sampietro debutaba con un discurso que no quiso ser "un discurso, sino la petición de tres deseos". Trabajo, espectadores y "un país donde el arte fuera considerado un bien de primera necesida, un país cuyos responsables encajaran las críticas como las encajamos nosotros, que amaran el cine como lo amamos nosotros".

A pesar de una escenografía que pretendía ser luminosa y ligera, de un guión centrado en "la hermandad" del cine español y el latinoamericano y del glamour y belleza de actrices como Leonor Watling, Angie Cepeda, Elena Anaya, Pilar López de Ayala o María Valverde y Laia Marull (goyas a la actriz revelación y mejor actriz, respectivamente), por segundo año consecutivo la ceremonia de los Goya estuvo marcada por aconteciemtos extracinematográficos. Dos horas antes de la ceremonia, los Goya se habían convertido en una tensa guerra de pegatinas. Una blanca y grande de "ETA NO" y otra (más pequeña) con el lema "No al terrorismo. Libertad de expresión". Detrás de la primera se manifestaban la Asociación de Víctimas del Terrorismo contra la película de Medem La pelota vasca. Detrás de la otra, la mayoría de los invitados y la Plataforma de Cultura contra la Guerra, que hace un año convirtió esta misma gala en una polémica ventana en contra de la guerra de Irak.

La lluvia y los gritos enturbiaron la llegada de los invitados. Mientras el agua no daba tregua, las voces que se manifestaron en contra de La pelota vasca tampoco. "Cobardes, ETA, no", "Si estás contra ETA ponte la etiqueta", "ETA, no; cómplices, tampoco". Más de 500 personas, la mayoría pertenecientes a la Asociación Víctimas del Terrorismo, gritaban a los actores, directores y académicos. A los que no recogían su pegatina les caía el chaparrón: "¡Basura, que sois una basura!". La mayoría de los invitados y candidatos pasaban de largo, evitando mirar; otros saludaban sonrientes e indiferentes y muy pocos contestaron frontalmente a los manifestantes. Las pegatinas se confundían con los libros de autógrafos, y los abucheos, con la histeria. Ante tanta confusión, Rossy de Palma se puso en jarras: "Pero, por favor, ¿es que no ven que no se puede insultar así a la gente? Por muy justa que sea su causa, ustedes han perdido la razón". La tensión fue creciendo hasta que finalmente reventó, pasadas las diez de la noche, con la entrada de Julio Medem. A su lado, Isabel Coixet (que logró el Goya al mejor guión adaptado) y, entre otros, los actores Gustavo Salmerón y Elena Anaya. Una avalancha de periodistas se lanzó sobre el director, mientras los manifestantes intentaban entregarle una pegatina de "ETA, no". La tensión, la crispación y los nervios se reflejaron en la cara del director: "Este papel no me corresponde. Mi compromiso ético es con la no violencia y mi solidaridad ha estado siempre con las víctimas del terrorismo. Pero yo no cojo esta pegatina que hoy me dan porque los que me la dan me han insultado y calumniado".

Poco después de la entrada del director vasco llegó la ministra de Cultura, Pilar del Castillo, que inmediatamente se acercó, rodeada también de cámaras, a saludar a los que se manifestaban detrás de una pancarta que decía: "Víctimas del terrorismo contra el pelota vasco. La nuca contra la bala".

Fue, en definitiva, una gala extraña. Tocada desde el principio por lo ocurrido a sus puertas. Donde los niños protagonistas del cortometraje de Daniel Guzmán Sueños lograron hacer reír con sus delirantes dedicatorias, como Candela Peña (Goya a la mejor actriz de reparto), recién operada de "un tumor", pero con su habitual desparpajo. La famosa diseñadora de vestuario Yvonne Blake dedicó "el cabezón" a su equipo ("tiene gracia que premien a una inglesa como yo por vestir a Carmen"), Héctor Alterio se abrazó a sus hijos Malena y Ernesto al recoger su Goya de honor; Icíar Bollaín le dijo a su madre que era una "abuela sin fronteras" por cuidar de sus hijos mientras ella trabaja y Eduardo Fernández emocionó recordando que le había arrebatado el Goya al hombre que, hace años, "cuando sólo era un figurante", le trató como un actor". La mirada entre Fernández y su maestro Joan Dalmau (el viejo miliciano de Soldados de Salamina) fue lo más cinematográfico de una larga noche.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de febrero de 2004