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NUEVA PRESIDENCIA EN COLOMBIA

El presidente espera abrir un diálogo con la guerrilla a través de la ONU

¿A que juegan las FARC?, es la pregunta que queda en el aire tras lo ocurrido en la posesión del nuevo presidente. Los analistas citados por los canales de televisión para comentar el que se esperaba fuera el tema del día -la reforma política- cambiaron a la carrera el libreto y hablaron de terrorismo. 'Se están dando argumentos a la política de mano dura', coincidieron.

'Es un desafío a la política de seguridad y paz del nuevo Gobierno. Va orientado a decir: la guerra continúa y los efectos los va a sentir ahora la ciudad', dijo a este periódico el analista y experto en seguridad Alfredo Rangel.

Álvaro Uribe, en su discurso de posesión, repitió su idea de 'diálogo útil' a partir de un cese de hostilidades. Espera lograrlo a través de la mediación de Naciones Unidas. En su propuesta de referéndum para cambiar las costumbres políticas, abre las puertas a guerrilleros y paramilitares, que se acojan al diálogo para obtener asiento en el Congreso. Para Rangel, los hechos del miércoles llevan un mensaje implícito de rechazo de las condiciones para reiniciar una negociación. 'Antes de dos años no existe la posibilidad de un nuevo proceso', asegura.

Y ve en los ataques argumentos adicionales, ' por si faltaran', para la mano dura cuyo eje es el fortalecimiento de la fuerza pública y recuperar el monopolio de las armas. El nuevo Gobierno tiene el visto bueno de Estados Unidos para utilizar la ayuda militar del Plan Colombia, destinada inicialmente a combatir el narcotráfico, para atacar la insurgencia.

Claves para el cambio

Para algunos analistas, el uso de helicópteros, aviones, equipos de espionaje y el entrenamiento de brigadas especiales serán 'claves para cambiar el equilibrio de la guerra', contra los más de 25.000 hombres de los tres ejércitos irregulares del país: FARC, ELN y paramilitares. A nivel interno se impondrán los llamados 'bonos de guerra' -un préstamo obligatorio de los particulares al Estado mediante la compra de títulos- para financiar mayor gasto militar.

Para las FARC, Uribe es un 'bandido', con nexos con paramilitares y con el narcotráfico. El ELN sólo se muestra escéptico frente al nuevo Gobierno y a la posibilidad de volver a intentar la paz. Los paramilitares dejaron de ser un movimiento nacional, y su comandante, Carlos Castaño, conocido como un hombre sanguinario, anunció su alejamiento de prácticas como el secuestro y el narcotráfico. Y confesó su sueño: negociar y llegar al Senado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de agosto de 2002