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Los integristas palestinos de Hamás suspenden los atentados suicidas

Cinco muertos en choques de la policía palestina con refugiados de Gaza

En un intento de evitar la guerra civil en los territorios autónomos palestinos y presionadas por las amenazas de Arafat, las direcciones de Hamás y Yihad Islámica decidieron ayer acatar la orden de alto el fuego decretada por el presidente, suspendiendo los ataques suicidas y los disparos de morteros contra Israel. El cambio de táctica no caló en sus bases, que continuaron con los enfrentamientos con la policía, que dejaron cinco muertos.

"Anunciamos la suspensión hasta nueva orden de los ataques suicidas en el interior de los territorios palestinos, ocupados desde 1948 [por Israel]. Pedimos a todos los miembros de Hamás, particularmente a las Brigadas de Ezedine Al Qasam, acatar esta decisión", aseguraba un comunicado de Hamás, ampliamente difundido en todos los territorios autónomos palestinos, especialmente en los campos de refugiados de Gaza, baluarte de los movimientos fundamentalistas.

Más tarde, Yihad Islámica también se sumaba al alto el fuego, informó anoche la televisión israelí. Según el acuerdo alcanzado con la Autoridad Palestina, los ataques con disparos se considerarán "permisibles", pero los atentados graves no lo serán. A cambio de este acuerdo, el Gobierno palestino se compromete a no detener a miembros de Yihad Islámica y a no tomar medidas contra sus infraestructuras.

La decisión de sumarse al alto el fuego, decretado por Arafat el pasado 26 de septiembre y reiterado de manera solemne en un mensaje televisado el último domingo, había sido pactada por la dirección política de Hamás, capitaneada por el jeque Said Siam, y representantes del Gobierno palestino, en el transcurso de una larga reunión que duró diversas horas.

Las amenazas de Yasir Arafat de continuar reprimiendo con dureza al movimiento fundamentalista -ya ha cerrado un buen número de locales y detenido a más de una treintena de dirigentes-, doblegaron la actitud rebelde de los sectores radicales, que propugnaban la continuación a ultranza de la Intifada, frente a los sectores moderados, que pedían "no romper la unidad palestina" y "no poner en peligro la posibilidad de continuar resistiendo a la ocupación".

Hamás, sin embargo, según se desprende del texto del acuerdo, se reserva el derecho de atacar a las fuerzas israelíes en los territorios ocupados después de 1967, especialmente los asentamientos de colonos, y se asegura asimismo la posibilidad de responder a cualquier ataque de las tropas de Israel.

La llamada al alto el fuego de Hamás, la segunda que efectúa en poco menos de diez días, provocó el escepticismo de los dirigentes políticos israelíes, que se niegan a entrar en negociaciones con una organización que califican de "terrorista". Portavoces del Gobierno de Ariel Sharon aseguraron que se trataba de un "cambio de táctica", obligado por la coyuntura, y que en cualquier caso "hay que ver el resultado".

La orden de congelar las hostilidades contra los israelíes no ha logrado sin embargo convencer a las bases radicalizadas palestinas, que ayer, por segundo día consecutivo, se enfrentaban a la policía de Yasir Arafat, a la que acusan de estar al servicio de Israel y de Estados Unidos. Los enfrentamientos fueron especialmente duros en el campo de refugiados de Jabalia, al norte de Gaza, donde durante todo el día se produjeron tiroteos cerca de una comisaría. Otros enfrentamientos similares se registraron en otros campos de Deir Balah, Jan Yunes y Gaza. Los últimos balances aseguran que el número de muertos se eleva a cinco, mientras que el de heridos supera el centenar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de diciembre de 2001