La Academia entrega al escritor Álvaro Pombo el Premio Fastenrath

La institución abrió sus puertas a sus benefactores en el día de la Fundación Pro RAE

Álvaro Pombo salía ayer encantado y bromista por el pequeño jardín de la Academia con el Premio Fastenrath 2001 bajo el brazo. La Academia se lo otorgó hace unas semanas por su novela La cuadratura del círculo (Anagrama). '¿Que si es la novela que más me interesa de toda mi obra? Ahora me gusta mucho más. Es una novela histórica, tuve que documentarme en muchas fuentes y la trabajé mucho'. ¿Cuántos años? 'Pues 62, los que tengo ahora'.

Eso es lo que decía mientras miraba al cielo y se empeñaba en escribir en el cuaderno de la periodista una larga frase en latín que resumiera lo que sentía en esos momentos y que podría traducirse de forma abreviada en que 'todo lo bueno viene de arriba'.

Así se marchó Pombo, feliz con el premio dotado con dos millones de pesetas, 'que se quedan en uno y medio, porque el Gobierno ya me ha quitado medio'.

Dentro, estaban tomando una copa y celebrando los distintos galardones del día muchos académicos y miembros benefactores de la fundación: comunidades autónomas, grandes empresas, bancos, particulares... La fundación fue creada en 1993 y el Rey es patrono honorífico, 'y muy cumplidor', afirmó un muy sonriente Víctor García de la Concha, el director de la Academia.

'Jocoseria'

Además del Fastenrath se entregaron el premio Rivadeneira, que se concede a la mejor edición crítica de una obra literaria anterior al siglo XX, a Ignacio Arellano, director de un grupo de investigación sobre el Siglo de Oro de la Universidad privada de Navarra, por su edición de la obra Jocoseria, de Quiñones de Benavente.

El tercer galardón entregado, el Nieto López, que premia a una persona o entidad que destaque por sus servicios a la lengua española, fue para el profesor Günter Haensch, de la Universidad de Hamburgo, y gran impulsor de la lexicografía hispanoamericana.

Víctor García de la Concha comentó que era un día feliz. 'Todos los que están hoy aquí vienen a su casa. Es un día familiar, los miembros benefactores visitan la casa y les damos cuenta, como cada año, de lo que hacemos, en qué invertimos sus dineros...'. Cada benefactor particular paga 10.000 pesetas anuales, mientras las grandes empresas y bancos añaden un cero más a esa cifra (donaciones aparte).

La última celebración fue un homenaje a Antonio Rodríguez-Moñino, un extremeño especial y espléndido, perseguido durante la dictadura franquista y acusado impunemente de sustraer libros, cuando hizo justo lo contrario. Este académico, nacido en Badajoz y fallecido en 1970, donó a la RAE una rica y magnífica biblioteca, no tanto por la cantidad de volúmenes como por su valía y calidad. Entre ellos, regaló a la docta casa una primera edición del Quijote y unos 20.000 manuscritos, como por ejemplo el de El buscón, de Quevedo. Además Rodríguez-Moñino reunió una de las mejores colecciones del mundo de pliegos de cordel y dejó más de 3.000 grabados de excepcional calidad y casi un millar de dibujos, entre ellos un murillo.

Su gran amigo Fernando Lázaro Carreter, que fue además el director de la RAE que recibió la donación, contó que los últimos cuatro años de Moñino se consagraron 'a lo que fue su razón de ser: la investigación, la enseñanza y el culto a la amistad con centenares de cartas, el amor a su esposa y a su familia... Su obra quedará como fiel testimonio de un español eminente y de cómo España puede llegar a ser madrastra de sus hijos verdaderos'.

Víctor García de la Concha y el presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ayer en la RAE.
Víctor García de la Concha y el presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ayer en la RAE.EFE

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