Cambio de cultivos y más importaciones de soja

Una consecuencia de la encefalopatía espongiforme bovina es la prohibición desde el pasado uno de enero de las harinas de carne para la fabricación de piensos y su sustitución por harinas vegetales. Esta medida, impuesta por Bruselas, ha supuesto la eliminación de unas 400.000 toneladas de harinas cárnicas.

España ha sido históricamente un país con una gran dependencia de las importaciones para fabricar piensos, al haber adoptado un modelo de alimentación ganadera ligado a la soja, procedente en su mayor parte de Estados Unidos y de otros países sudamericanos.

Según los datos manejados por el sector, las importaciones de maíz ascendieron en los últimos años a una media de casi tres millones de toneladas. Pero las compras en el exterior más importantes corresponden a la soja o derivados, con un volumen anual de cuatro millones de toneladas, junto a casi un millón de toneladas de mandioca.

La sustitución de harinas de carne por proteína vegetal se va a traducir, según medios del sector, en un incremento de las importaciones de soja de aproximadamente un millón de toneladas. Esta mayor demanda, no solamente en España sino en el conjunto de la Unión Europea, ya se ha traducido en una subida de los precios, que han pasado de 36 a casi 50 pesetas por kilo.

La soja es un cultivo que no fue posible arraigar en el pasado en España y prevalecen las dudas sobre la posibilidad de que lo haga en el futuro. Lo más probable es que España continúe siendo, al igual que sucede en el maíz, un importador de soja de otros países comunitarios como ya lo es de Estados Unidos, Argentina o Brasil.

Más girasol

A consecuencia de ese cambio de modelo para fabricar harinas, se da por hecho también que se producirá un incremento en las superficies dedicadas al cultivo del girasol, así como de leguminosas y proteaginosas. Todo ello se puede traducir en una mayor oferta de materias primas nacionales para la fabricación de piensos, pero también en la posibilidad de obtener más aceite de girasol con el correspondiente riesgo de caída de los precios. Tampoco se descarta que aumenten las superficies de alfalfa para piensos.

La crisis de las vacas locas ha puesto en entredicho el actual modelo de alimentación animal intensivo. Medios agrarios españoles coinciden en señalar que la crisis, sin embargo, no puede suponer el final para este tipo de alimentación. En su opinión, el modelo extensivo reduciría la oferta a solamente al 20% de la producción actual de carne. Por este motivo, propugnan que se compaginen ambos modos, el extensivo y el intensivo, pero este último cuidando más la calidad de las materias primas utilizadas para evitar que vuelvan a producirse problemas como el que se está viviendo.

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