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Primer Nobel para un autor chino

El escritor disidente Gao Xingjian logra el primer Nobel de Literatura para su lengua

El autor considera que ha ajustado todas sus cuentas "con la nostalgia del país natal"

Gao Xingjian, de 60 años, se convirtió ayer en el primer autor chino que obtiene el Premio Nobel de Literatura. El jurado de la Academia Sueca valoró "una obra de validez universal, cuya perspectiva amarga e ingenuidad lingüística ha abierto nuevos caminos a la novela y el drama chinos". Xingjian, hijo de un banquero y una actriz, ha tocado casi todas las formas de expresión narrativa: novela, poesía, teatro. Es también un notable pintor. Refugiado en Francia desde 1988 por su oposición al régimen comunista, sus obras -sin publicar en España- están prohibidas en China, donde ayer la noticia del Nobel de Literatura -dotado con 175 millones de pesetas- fue recibida con un elocuente silencio.

Como François Cheng, como Dai Sijie, también Gao Xingjian es un escritor nacido en China, que ha conocido el terror comunista, concretamente, el delirio de la llamada Revolución Cultural. Como ellos, optó por exiliarse, por escoger Francia como nueva patria e incluso el francés como lengua de creación, pero eso no le ha llevado a olvidarse del pasado, sino a abordarlo libremente.

Como François Cheng, como Dai Sijie, también Gao Xingjian es un escritor nacido en China, que ha conocido el terror comunista, concretamente, el delirio de la llamada Revolución Cultural. Como ellos, optó por exiliarse, por escoger Francia como nueva patria e incluso el francés como lengua de creación, pero eso no le ha llevado a olvidarse del pasado, sino a abordarlo libremente. En su gran novela Lingshan (La montaña del alma), comenzada en 1982 y terminada ya en el exilio, Xingjian dice "haber ajustado todas mis cuentas con la nostalgia del país natal". El protagonista viaja hasta los orígenes geográficos de una cultura china anterior a Confucio, a esa montaña mítica en la que "todo sigue estando en su estado original".Nacido en 1940 en la China Oriental, Gao Xingjian trabajaba como traductor y escritor hasta 1966, en que los guardias rojos le obligaron a quemar una maleta que contenía todos sus manuscritos. "Hoy me sigue siendo muy difícil evocar ese recuerdo", declaraba ayer tras conocer que había ganado el Nobel. Hasta 1976 tuvo que vivir en un campo de reeducación, pero luego, aprovechando la brisa liberalizadora, pudo volver a su trabajo como traductor. Ha sido el introductor en China de Jacques Prévert, Samuel Beckett o Eugene Ionesco, y a finales de los setenta y principios de los ochenta fue uno de los líderes del movimiento modernista que atravesó la literatura china, protagonizado en gran parte por traductores, por gente que descubrió a sus conciudadanos la obra de Kundera, Kafka, García Márquez, Sartre o Joyce. Xingjian jugó ese papel de pionero no sólo a través de sus traducciones, sino gracias a su Primer ensayo sobre el arte de la novela moderna (1981), que levantó una violenta polémica.

El monólogo interior, la renuncia a las argucias de la intriga, una lengua y un estilo austero caracterizan la obra de Xingjian en un primer momento. En 1982 publica Señal de alarma, La parada del autobús y El hombre salvaje, tres obras de teatro montadas en el Teatro de Arte de Pekín, hasta que las autoridades prohíben su representación.

La crisis de Tiananmen le convenció de la necesidad de exilarse. Desde hace dos años tiene la ciudadanía francesa y acaba de terminar un encargo del Ministerio de Cultura francés: Le guetteur de la mort. Dice que ahora quiere escribir "una novela sobre París, que me parece la mejor ciudad para un artista. Me inspira".

La vida de exiliado de Gao Xingjian ha sido muy modesta. Habita en el piso 18 de un edificio de 30 en el barrio popular de Bagnolet, glosado por Prévert, uno de los autores que él tradujo al chino. "Compré el apartamento por la vista", dice el escritor mientras mira, a lo lejos, la torre Eiffel. "El premio es un milagro, me hace muy feliz, es una gran suerte", explicaba ayer mientras servía unas copas de vino de Burdeos a los periodistas. "Aquí yo soy pintor, vivo con mis cuadros. La escritura es un lujo".

"Un discurso muy largo"

Lingshan o Une canne à pêche pour mon grand-père, L'encre et la lumière o Le livre d'un homme seul han sido publicados por una editorial poco conocida (L'Aube) de Aix-en-Provence, y que parece seguir los pasos de Actes Sud, que desde la pequeña Arles ha renovado la literatura gala. De Lingshan se puso en circulación una primera edición en 1990 y luego, como un reconocimiento que llega lento pero seguro, fue reeditado en 1995 y este año, consiguiendo comentarios muy favorables.Habituado a escribir a escondidas ("durante años sabía que no sería publicado y puede que sea por eso que sigo escribiendo sin esperar nada, como una manía contraída de niño"), nadie o casi nadie del inmueble de Bagnolet sabía que Gao escribe. "En la prensa local sólo hablaban de él como de un pintor", repetía el portero.

Confrontando a la evidencia del Nobel, no pierde los nervios: "Me han llamado de Estocolmo para decirme que tenía que escribir un discurso de 45 minutos. Les he dicho que me parecía muy largo".

Desconocido en español

Si el reconocimiento de Gao Xingjian en Francia quedaba limitado hasta ahora a los críticos atentos y a quienes siguen la eclosión de una cultura franco-china fruto de la presencia de numerosísimos emigrantes orientales en París y otras ciudades francesas, el flamante premio Nobel es un auténtico desconocido para el lector español, pues ninguno de sus libros ha sido traducido a esa lengua.

Ninguna de sus novelas, ensayos, poemas u obras de teatro, editadas en volúmenes cuyas cubiertas ha pintado el propio autor, tiene versión española. En Francia, aunque modesta, ha recibido cierta ayuda de los organismos oficiales, sobre todo en su actividad como dramaturgo. Al margen del referido encargo ministerial, Xingjian ha visto también cómo el Festival de Teatro de Avignon programaba una pieza suya, Au bord de la vie, escrita directamente en francés y dirigida por Alain Timar. Otras obras suyas también han sido montadas en Austria e Italia y han sido traducidas al sueco. "Creo que me han premiado por mi actitud sincera y seria de compromiso con la literatura. Mi nacionalidad no creo que tenga importancia alguna. Soy escritor".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de octubre de 2000