Tribuna:CRÓNICAS: JUAN CRUZTribuna
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Salud de Sábato

Lo dijo ayer en este periódico: "Escribo para no morirme". Y se podría pensar que a sus 86 años recién cumplidos estaría frágil, debilitado por las circunstancias que asocian edad y enfermedad. Nada más lejos de la realidad: está sano Sábato; sano y saludable, prepara el viaje a Santander, donde va a recoger el premio Menéndez Pelayo con el que le ha honrado la universidad internacional que lleva el nombre del látigo de los heterodoxos. Sábato es un heterodoxo, precisamente, y como tal sigue pareciendo: lleva vaqueros, y sobre su cuerpo ágil y flaco, bien cuidado físicamente -aún puede hacer alarde del vigor milagroso de su estómago, que parece tan duro como el de un corredor de fondo, y además te pide que lo golpees para comprobarlo-, y sigue usando esa blazer azul marino y su camisa de rayas azules con las que parecería, de lejos, un profesor o un alumno de una universidad veraniega.Está desencantado de muchas cosas de la vida, y por otra parte así fue siempre la actitud. de Sábato, la de un existencialista moderno que desconfía de las solemnidades y del porvenir de la vida; pero ese pesimismo histórico, que acaso se cumple como metáfora en los títulos de sus libros más conocidos -Sobre héroes y tumbas, El túnel-, no le impide interesarse por lo más contingente, lo más precioso o lo más vital: se dice de él que, mientras se hacen las grandes recepciones a las que acuden reyes o presidentes, sus ojos heridos se hallan más pendientes de las muchachas guapas que de las otras obligaciones del momento.

Ayer estaba muy entusiasmado por su viaje a Santander, donde recibirá el galardón mencionado. Nunca estuvo allí, y quiere verlo todo; el norte, dice, es precisamente como un norte, ese lugar al que la naturaleza nos llama; y, aparte de la Cantabria que quiere ver -Santillana del Mar, el mar-, se siente también profundamente atraído por Galicia; en primer lugar quizá, señala, porque su tierra, Buenos Aires, está llena de gallegos, que tienen allí la esquina más universal de su emigración. Casi todos los escritores grandes son gallegos, empezando por Valle. Su presencia física desmiente, pues, ese ánimo ensimismado que tiene su reiterada voluntad de declararse siempre al borde del abismo. Rememora, por ejemplo, una visita emocionante a Witold Gombrowicz en Vence, cuando el autor de Ferdydurke, que fue gran amigo suyo, estaba ya hinchado por la cortisona y melancólico, al borde de la muerte. Gombrowicz no había perdido, sin embargo, su pasión por la boutade (aquella que le llevó a gritar a sus discípulos, en el viaje que le llevaba a Europa desde Buenos Aires: "Un consejo les doy: ¡maten a Borges!". ¿Lo dijo de veras? Ésa es la leyenda), y seguía diciendo cosas tales como que la Coca-Cola es uno de los grandes inventos de la Humanidad... Sin embargo, cuando la audiencia se estrechaba y ya quedaban a solas él y los más íntimos, entonces Gombrowicz hablaba del ser y de la nada, de la muerte y de los sentimientos que juntan al hombre con la despedida... Poco después murió, haciendo ya final y solemne el patetismo que se avecinaba. La risa y la muerte, ése es el hilo conductor de la vida, y en ambos lados está la dimensión de la fugacidad de lo que hay en medio.

Lo que le interesa de veras, dice es pintar, vencer su ceguera progresiva acudiendo a los pinceles, que le dan una visión macroscópica de la vida. ¿Y la escritura? La escritura es microscópica, no se ve; la pintura agranda las cosas. De hecho, siempre manifestó desdén por las palabras sobre el papel, y quemó muchos de sus manuscritos; desde niño fue muy pirómano, y ahora, en lugar de quemar, permanece en silencio, lejos, pues, del fuego y también del fuego de la literatura. No está quieto, sin embargo; tiene una actividad fenomenal, y esta mañana muestra un interés específico: reivindicar el tango como un fenómeno que está presente en las músicas de todo el mundo. Y de pronto, mientras explica la solemnidad de su música y su penetración universal, daría la impresión de que este hombre enjuto, al que se le atribuye una enorme tristeza por lo que pasa, se: va a levantar de su silla y va a empezar a bailar en medio de las mesas del desayuno. Saludable. Muy saludable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0025, 25 de julio de 1997.