Astiz critica su pase a retiro y hace apología de la dictadura argentina

El capitán de fragata Alfredo Astiz, uno de los símbolos de la represión ilegal durante la última dictadura, confiesa haberse sorprendido cuando el jefe de la Armada, almirante Enrique Molina Pico, le comunicó su pase a retiro. Condenado en ausencia a cadena perpetua en Francia por el secuestro y asesinato de dos monjas francesas, y contrariamente al comportamiento reflejado en su expediente judicial como delincuente del régimen castrense (1976-83), Astiz asegura no ser "violento ni de derechas" y estar de acuerdo con las órdenes recibidas durante la dictadura.En declaraciones efectuadas al periódico La Nación, a través de un amigo autorizado, al estarle prohibido conceder entrevistas, el oficial en desgracia reconoce que "desde el año 1985 o 1986 sabía que a capitán de navío no iba a ascender". "Fue a partir de un análisis de cómo estaba evolucionando la situación política en Argentina y en el mundo que llegué a esa conclusión". Y agrega: "Lo que me tomó por sorpresa fue la oportunidad, ya que me faltaban por lo menos dos años para estar en condiciones de ascender". La oportunidad fue política. El próximo viaje del presidente Carlos Menem a Francia y la conveniencia de facilitar su desarrollo con un gesto aceleraron la decisión gubernamental de pasar a retiro al marino reclamado por París.

Víctima de la izquierda violenta

El capitán, agredido en plena calle en dos ocasiones y recientemente homenajeado por 150 oficiales de la Marina retirados, cuyo procesamiento piden dos abogados por apología del delito, afirma ser víctima de la izquierda violenta. "De todos modos, no me asusta el porvenir, porque tengo muchos amigos en la vida civil y sé que soy una persona bienvenida entre quienes me conocen; no soy violento, ni de derechas". Astiz niega ser un playboy y su participación en el asesinato de las dos monjas, y está de acuerdo en revisar la historia, "pero que sea algo serio y sin perder de vista aquel contexto histórico. Hoy, desde la tranquilidad de la democracia, es fácil pontificar sobre aquellos episodios". El marino de 45 años, soltero, se declara admirador del guerrillero Ernesto Che Guevara, "porque creyó en algo y murió por ello", y está de acuerdo con las órdenes recibidas durante los años más negros de la historia contemporánea argentina, cumplidas a sangre y fuego durante una dictadura saldada con al menos 10.000 personas desaparecidas. No fue tan diligente Astiz en el combate de las fuerzas británicas encargadas de recuperar las Malvinas: en 1982 y en nombre de la unidad Los Lagartos, a su mando, se rindió sin resistencia. "Todavía me patea el hígado la rendición que tuve que firmar en las islas Georgias". Lamenta el militar su infame celebridad: "Yo apenas tenía 24 años y era un teniente, un pequeño engranaje, aunque no me arrepiento de nada, porque estaba luchando por mi país".

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