_
_
_
_

Europa quiere quitar a EE UU y a Rusia la exclusiva del sistema de posición por satélite

Al sistema global de posición, más conocido por GPS, se le encuentran cada vez más aplicaciones: desde la navegación de aviones y barcos hasta investigaciones geofísicas, cartografía, grandes obras de ingeniería... Las señales procedentes de constelaciones de satélites específicos se han convertido en casi imprescindibles para la localización con exactitud en la superficie terrestre y en el aire, pero tanto el GPS (Global Positioning System) estadounidense como su equivalente rusc), el Glonass, siguen bajo control militar aunque se utilicen también con fines civiles. Además, los operadores de esas dos redes degradan deliberadamente la exactitud de los datos para los usuarios no militares.Así las cosas, la Agencia Europea del Espacio (ESA), la Comisión Europea y la organización de la aviación civil Eurocontrol han decidido lanzar el programa GNSS (Global Navigation Satellite Sistem) para acabar con esa situación de dependencia y convertir el sistema de posición por satélite en un recurso de gestión internacional. El plan es, de momento, ampliar y mejorar los sistemas existentes y, en el 2005, alcanzar plena autonomía con una segunda generación del sistema. "El programa permitirá a Europa tomar el control de los servicios de navegación por satélite en su espacioaéreo", afirma René Collette, director de telecomunicaciones en la ESA.

Más información
La comunicación que aprenden los monos ¿es lenguaje?
La telefonía móvil amenaza a los radiotelescopios

Puntos de referencia

Aunque tecnológicamente complicado, la idea del sistema global de posición es tan sencilla como establecer puntos conocidos de referencia, como mojones en el espacio, para saber dónde está uno. El GPS, formado por una constelación de 24 satélites en órbita de la Tierra a 17.600 kilómetros de altura, opera de la siguiente manera: los satélites emiten radioseñales que recibe un avión o un barco, que calcula su distancia a cada equipo en órbita; las posiciones de cada satélite, cuatro por lo menos, se utilizan como puntos de referencia para determinar la latitud, longitud, altura de la nave, además de la hora exacta de transmisión de la señal; una estación receptora en tierra controla y corrige cualquier error en la localización de los satélites y se lo comunica a los receptores. El Glonass es similar.

En la primera fase del proyecto europeo, con un presupuesto de 150 millones de Ecus (unos 25.000 millones de pesetas) para cinco años, la ESA se responsabilzará de poner en órbita, a 36.000 kilómetros de altura, satélites del tipo Inmarsat III con un dispositivo de navegación a bordo. Con estos satélites del European Geostarionary Navigation Overlay Service (EGNOS), los barcos, aviones o vehículos terrestres tendrán más información para determinar su posición con mayor precisión que utilizando sólo los GPS y Glonass (los usuarios civiles de estos dos sistemas reciben datos con desviación de unos 100 metros). El primer lanzamiento de EGNOS debería efectuarse en 1996, informa la ESA.

Para conocer la posición exacta de los satélites en órbita geoestacionaria hace falta desplegar estaciones terrestres desde las que se enviará la información a un centro de cálculo de datos de navegación, que se transmitirán de nuevo a los satélites EGNOS para que, desde ellos, la reciban los usuarios.

En una segunda fase se aumentaría el número de estaciones terrestres para medir la distancia a los aparatos GPS y Glonass, y no sólo a los satélites en órbita geoestacionaria para navegación y posición, ya de segunda generación.

Aterrizajes de precisión

Para navegar por las rutas aéreas, la precisión de los dos sistemas existentes es aceptable, no así para la delicada operación de aterrizar. Pero la tecnología es suficientemente atractiva como para que los expertos pretendan mejorarla hasta el punto de convertirla en una eficaz ayuda a la hora de dirigir a los aviones en su aproximación a las pistas de los aeropuertos.

De momento se está ensayando un sistema que combina la posición prefijada de una estación de tierra junto al aeropuerto con la posición calculada en cada momento a partir de las señales de los satélites. El resultado se envía a los aviones, cuyos ordenadores pueden mejorar la señal GPS pura. Para adquirir mayor precisión en la corrección de datos, informa la ESA, europeos y estadounidenses están estudiando incorporar en los cálculos la influencia de las perturbaciones atmosféricas en las radioseñales.

Los satélites GPS llevan relojes atómicos, ordenadores para almacenar datos, emisores de las radioseñales de posición y un sistema de comunicación para intercambiar información con las estaciones terrestres.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_