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El obispo Ariztía ratifica que Pinochet reconoció que en Chile se torturaba

El obispo católico Fernando Ariztía ratificó ayer que el general Augusto Pinochet reconoció la aplicación de tortura en Chile, durante una reunión que el ex jefe del Estado chileno sostuvo en 1974 con el propio Ariztía y el obispo luterano Helmut Frenz, de nacionalidad alemana.

La justicia militar se querelló por injurias contra el director y la jefa de informaciones de la revista Análisis, Juan Pablo Cárdenas y María Eugenia Camus, respectivamente, por publicar la versión de lo que dijo Pinochet ofrecida por el obispo Frenz.Según indicó Frenz a Análisis, Pinochet declaró entonces a ambos obispos: "Yo soy soldado y tengo, como jefe del Estado, la responsabilidad, de todo el pueblo chileno, invadido hoy por el bacilo del comunismo, al que debo exterminar. Los más peligrosos son los miristas [militantes del movimiento de izquierda revolucionaria Mir]. Hay que torturarlos porque si no, no cantan. La tortura es necesaria para extirpar el comunismo".

El obispo Ariztía afirmó por teléfono a EL PAÍS desde su diócesis de Copiapó, 800 kilómetros al norte de Santiago, que ratifica "el contenido, aunque no las palabras exactas, porque ha pasado tiempo, de estas expresiones". Agregó que si la justicia le preguntara sobre el asunto "no tendría inconveniente en decirlo". Ariztía aseguró que tras esas palabras de Pinochet no volvieron a hablar porque no se podía obtener "absolutamente nada".

Comité Propaz

Ambos religiosos integraban el Comité Pro-paz, una institución de carácter ecuménico creada el 4 de octubre de 1973 y dedicada a la defensa de las víctimas del golpe militar del 11 de septiembre de ese mismo año, que fue antecesora de la Vicaría de la Solidaridad. Ariztía añadió que se reunieron unas tres veces con el ex jefe de Estado y varias con el entonces ministro del Interior, general Óscar Bonilla.

"Nuestra preocupación era llevar casos concretos de desaparecidos y tortura, porque eso fue lo que nos solicitó el general Bonilla", afirma. Ariztía recuerda el caso del sacerdote español Antonio Llidó, detenido y desaparecido, que ejercía su ministerio en Valparaíso. "La respuesta de los organismos oficiales era que no había sido detenido. La respuesta de Pinochet cuando se le planteó el nombre de Llidó, conjuntamente con otros desaparecidos más, fue que 'ése no es cura, es marxista".

El obispo católico señala que después de ver tanto se le ha quedado "cuero duro". La tortura durante el régimen militar, según él, "no era sólo de algunos mandos medios, como decían ciertas personas, sino que era una línea que se seguía para obtener rapidez en las declaraciones".

Parte de las citas de Pinochet fueron publicadas en 1988 en el libro Chile, la memoria prohibida, escrito por colaboradores de la Vicaría de la Solidaridad y posteriormente por el diario Fortín Mapocho, sin que el Ejército se querellara. El periodista Cárdenas, que durante la dictadura cumplió una condena de 541 días de cárcel nocturna, dijo que este nuevo proceso en su contra "confirma la voluntad de Pinochet, a pesar de haber dejado el Gobierno, de seguir persiguiendo a la Prensa libre".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de marzo de 1990

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