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La película 'La fuga de Segovia' se estrena en Madrid precedida de un éxito insólito en el País Vasco

"Por su visión imparcial de hechos auténticos recientes que captaron la atención política internacional". Así justificaba la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica la concesión del Premio de la Crítica del Festival de San Sebastián de 1981 a la película La fuga de Segovia, que, dirigida por Imanol Uribe, se estrenó anoche en Madrid. Un éxito sin precedentes tiene, mientras tanto, este filme en su lugar de origen, el País Vasco.

La historia de dicha fuga, llevada a cabo en abril de 1976 por 29 presos de ETA, de los que uno resultó muerto, cuatro pasaron a Francia y el resto fue capturado -y amnistiados un año más tarde-, había sido recogida fielmente, en un libro titulado Operación Poncho, por uno de sus protagonistas: el periodista Ángel Amigo. Imanol Uribe que acababa de concluir El proceso de Burgos, un filme-documento sobre el juicio celebrado a finales de 1970 contra dieciséis miembros de ETA, leyó el libro y decidió llevar la historia al cine.Durante todo el año 1980 uno y otro trabajaron en la preparación del guión. "Queríamos hacer una película cinematográficamente digna y comercialmente vendible" afirma Ángel Amigo. "No queríamos inventar nada, sólo contar de una manera muy simple una historia; una historia que, aunque en sí tiene un gran contenido político, pensábamos que tenía que ser contada con las claves tradicionales de las películas de acción y aventuras. Desde el primer momento teníamos claro que debíamos huir de la demagogia y el maniqueísmo. No queríamos, desde luego, hacer una película sobre represión o ETA. Teníamos una historia real, llena de acción y peripecias, y no hacía falta llenarla de intrigas o emociones falsas".

Ángel Amigo echa mano de la frase "la aventura puede ser loca... pero el aventurero debe estar cuerdo" (recogida, al parecer, por el escultor vasco Jorge Oteiza en un manual inglés para conspiradores, que aparece como eslogan en el cartel de la película) para definir la "locura racionalizada" que supuso en su día aquella fuga y la realización del largometraje cinco años después.

"La verdad es que era como de locos afrontar una aventura con un director con una filmografía corta, un productor -yo mismo- que desconocía el oficio, la mayor parte de los actores primerizos, con un director de fotografía casi sin experiencia, con músicos que realizaban su primera banda sonora, con la necesidad de utilizar el eusquera, tan poco experimentado en el cine, con un tema tan poco popular como el de ETA y, consecuentemente, con pocas oportunidades de lograr dinero para financiarla".

"Y, sin embargo", confiesa Ángel Amigo, "esa creemos que ha podido ser la clave del éxito de la película, que ha ganado hasta el momento más de 45 millones de pesetas en taquillaje, la mayor parte en el País Vasco, donde está su perando las cotas de La guerra de las galaxias o Los supermanes. La película ha superado ya los ocho millones de taquilla en Barcelona, y va muy bien, en un nivel discreto, en Asturias, Galicia, Burgos y Santander".

La fuga de Segovia, a la que se había calculado inicialmente un presupuesto de quince millones de pesetas, ha costado finalmente cuatro veces más. Una cifra inusual en el cine español. "La mayor parte de la financiación hemos podido cubrirla, tras una gestión directa del Gobierno vasco, con créditos de las cajas de ahorro."

La incertidumbre y los temores que envolvieron el proceso de elaboración del guión, captación de fondos y preparativos de la película, fueron también la nota más característica de un rodaje que duró catorce semanas y estuvo lleno de peripecias que pueden llenar un completo anecdotario. Baste como ejemplo el hecho de que los permisos para uso de uniformes de la Guardia Civil, land rovers con distintivo y armamento, se pidieron a la Dirección del citado Cuerpo precisamente en la mañana del 23 de febrero.

"Con esta perspectiva y con la posterior promulgación del ambiguo decreto-ley de Prevención del Terrorismo, destinado a perseguir todo lo que oliera a apología, nos temimos lo peor. Sin embargo, llegaron enseguida los permisos de la Policía Nacional para filmar los exteriores de la prisión de Segovia, y un mes después del 23-F, los de la Guardia Civil. De este Cuerpo nos enviaron desde Madrid una escolta de media docena de guardias para que controlaran el uso de los cuarenta uniformes, cinco land-rovers, veinte metralletas y treinta pistolas -todas trucadas-, munición y muy especialmente los diez cetmes de asalto, que no están trucados".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de enero de 1982