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TRIBUNA

Resistencia obrera

El régimen militar argentino entra a partir de hoy en su tercer año de existencia, sin que ninguno de los grandes retos interiores y exteriores que se plantean al país haya podido ser solucionado con el desahogo que su poderosa posición en el continente americano le permitía a lo largo de su historia. A la falta de alternativas políticas interiores, los fracasos de la política económica y las denuncias internacionales por la violación sistemática de los derechos humanos, se suma el espinoso conflicto con Chile en el canal de Beagle, las fricciones crecientes con el coloso brasileño y el desencanto con el que Washington, pese a su apoyo inicial al golpe, presencia el proceso político, argentino. Con datos de Roberto Montoya y Oscar Zamboraín, Rafael Fraguas aborda la situación política en este país, a tres años del golpe militar.

Dirigente metalúrgicoLos salarios reales de todos los sectores productivos han bajado un promedio del 50% desde marzo de 1976, fecha del golpe militar.

Una de las más obvias consecuencias de esa baja salarial fue la transferencia de miles de millones de dólares al sector financiero y al agropecuario y la pérdida de poder adquisitivo de las masas populares que produjo una fuerte contracción del mercado interno y un severo incremento del paro.

Además, los trabajadores argentinos sufrieron una fuerte represión. Intervención de los sindicatos, suspensión de la legislación obrera, prohibición de todo movimiento de fuerza y detención y secuestro de activistas sindicales.

Los trabajadores no han dejado de manifestar, por los medios más diversos, su oposición al régimen militar y a la política económica del ministro Martínez de Hoz. Desde los primeros meses de 1976 aparecieron nuevas formas de lucha puesto que, ante cada conato de huelga, bastaba una petición patronal para que llegaran a las empresas camiones con tropas.

En numerosos casos, el pequeño sabotaje trabó y ocasionó graves pérdidas en la producción: así ocurrió con plantas automotrices y de tractores, entre otras muchas. Sobre la base de miles de pequeños conflictos creció la organización y aparecieron las huelgas a nivel de gremios. A fines de 1977 un paro de ferroviarios y del Metro de Buenos Aires se miparalizó a la gran capital por varios días. Durante 1978, los obreros del puerto interrumpieron varios meses la exportación de cereales. Y en noviembre pasado, nuevamente los ferroviarios pararon reclamando mayo res salarios.

Las luchas de los tres años transcurridos fueron libradas por iniciativa de los trabajadores, que nunca acep taron a la dictadura ni se consideraron derrotados. Pero esas luchas carecieron de centralización orgánica y de objetivos formulados en conjunto que las unificaran.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de marzo de 1979