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Entrevista:La censura cinematográfica vuelve al ataque

"Hay que conseguir la disolución de los organismos censores"

Entrevista con Eloy de la Iglesia, realizador de "Los placeres ocultos"

Este es un país, en el que su Gobierno está empeñado en conseguir un sistema politico, económico, social y cultural homologable con el de los países que forman la Comunidad Económica Europea. Pues bien, existen todavía demasiadas reminiscencias del «antiguo Régimen» enquistadas en su aparato administrativo que dificultan más de lo razonable ese deseado proceso de homologación. Los funcionarios (le la Dirección General de Cinematografía han tenido a bien prohibir una película, Pantaleón y las visitadoras, basada en la novela de Vargas Llosa; continúan obstaculizando la distribución y exhibición de Viridiana, de Luis Buñuel, y no admiten la posibilidad de que el espectador nacional contemple Los placeres ocultos. Sobre ello informa Angel S. Harguindey

«Quiero mostrar con Los placeres ocultos, la problemática homosexual de una manera objetiva y de una forma dialéctica -declaró a EL PAIS su realizador Eloy de la Iglesia- En la película se trata de contemplar lo que ocurre dentro de ese mundo marginado, condenado por las derechas y las Izquierdas y que sin embargo afecta a un amplio porcentaje de la nación, que está necesitando urgentemente el que se abra un amplio debate para esclarecer la situación del homosexual.»A ello hay que añadir un dato conciso: Los placeres ocultos, que se presentó a censura hace cuatro semanas está totalmente prohibida, desde el día siguiente de su presentación. Un trabajo de meses, realizado por profesionales -es la décima película de Eloy de la Iglesia- que se ve imposibililado de acceder a las pantallas.

«En mi opinión -añade el director- el homosexual es un individuo en la plenitud de sus derechos, cuya única diferenciación consiste en una apetencia distinta a la hora de realizarse sexualmente, pero que toda una tradición social, basada en la fa milla, en la pareja heterosexual les ha convertido ya no sólo en marginados sino incluso en delincuentes, porque contradicen toda esa estructura socioeconómica, y toda esa superestructura ideológica, donde el concepto de la procreación, corno medio de reproducción de mano de obra, ha sido básico. »

«Lo tremendo de la prohibición administrativa es que se acogen al artículo dos, en el que se viene a decir, más o menos, que la reiteración que en sí misma carezca de Importancia por el hecho mismo de su repetición, puede ser considerado motivo de su prohibición. El problema radica en que no se específica nada, lo que se entiende por «reiteración» o «importancia». A mi juicio lo importante, no es salvar esta película en concreto, que sí es importante para mí, sino las futuras películas mías o de otros compañeros. Creo que habría que iniciar, un ataque frontal contra la censura. Se va a formar de inmediato un Comité de Defensa de todos los, profesionales de la cinematografía. Su objetivo directo será el conseguir la disolución de todos los organismos censores que existen. Para ello nos vamos a basar en cuatro puntos: en primer lugar, en la flagrante contradicción que existe entre una Administración que de alguna manera trata de abrir una vía para la democracia, que ha suscrito la Declaración de los Derechos Humanos -en donde se deja bien claro la libertad de expresión como derecho de todos los individuos- y la permanencia de los organismos censores. En segundo lugar, queremos hacer un análisis de todos los componentes de esa Junta de Censura, porque, ¿por qué está ahí?, ¿qué posibles intereses pueden tener? y un largo, etcétera, que se esclarecerá en su momento.

En tercer lugar, hay que dejar constancia de la sorpresa que supuso la disolución del Tribunal de Orden Público, de la Brigada Político Social, al menos nominalmente, y que sin embargo persista en su plenitud un organismo represivo que es el equivalente para la cultura de ese tribunal especial o de esa policía.

Para todo ello creo que existen explicaciones muy claras: 1) la propia industria ha admitido el juego paternalista de una Administración que castiga con la censura y premia con la protección. 2) y quizás lo más importante, los movimientos políticos y ciudadanos se han considerado de alguna manera, marginados de los problemas de la cultura. Una serie de condicionamientos ha conseguido que sean considerados como problemas de élite: jamás se han producido las mismas reacciones de protesta por una prohibición que por una detención, cuando los dos casos son un atentado a la libertad.»

Eloy de la Iglesia. Diez películas en su haber, entre otras La semana del asesinó, El techo de cristal, Una gota de sangre para morir amando, El juego de amor prohibido, La otra alcoba y Los placeres ocultos, que la censura se niega a permitir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de febrero de 1977