BIBLIOTECA NACIONAL

La investigación del Ministerio de Cultura destapa la desaparición de otros ‘galileos’ en la Biblioteca Nacional

El informe cifra en cinco las obras del científico perdidas mientras que la institución desvela ahora que faltan nueve. La inspección pide un estudio “del clima laboral” para detectar “situaciones tóxicas”

La directora de la Biblioteca Nacional, Ana Santos, en la sede de la institución en Madrid de 2019.
La directora de la Biblioteca Nacional, Ana Santos, en la sede de la institución en Madrid de 2019.ÁLVARO GARCÍA

La investigación iniciada por el Ministerio de Cultura y Deporte el pasado 15 de marzo por el robo en la Biblioteca Nacional de una obra de Galileo Galilei impresa en Venecia en 1610, el tratado astronómico Sidereus Nuncius, ha destapado la desaparición de otros cuatro galileos, según los firmantes del informe, al que ha tenido acceso EL PAÍS y que ha sido remitido a la institución en las últimas horas.

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Los inspectores nombrados por Cultura para investigar lo ocurrido aseguran que las comprobaciones que se están llevando a cabo actualmente en la Biblioteca Nacional para intentar localizar “los ejemplares de cinco libros cuyo autor es Galileo Galilei deberían acelerarse lo más posible, extendiéndose además a los otros volúmenes que no se localizan desde 2014 o a otros libros que no se encuentran desde otras fechas, con objeto de comunicar su desaparición con carácter inmediato a las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado o por si su desaparición pudiera guardar relación con otros hurtos producidos”. La Biblioteca Nacional ha solicitado el informe completo de la inspección ministerial, pues solo se le remitieron las recomendaciones derivadas del mismo. Su directora, Ana Santos, considera que esas propuestas están “llenas de inexactitudes” y cita el ejemplo de los galileos desaparecidos desde 1987, que se elevan a nueve, según los datos facilitados esta tarde a EL PAÍS.

Este diario desveló que la institución descubrió en 2014 el robo del tratado de Galileo, valorado en unos 800.000 euros, pero que no denunció el hecho a la policía hasta 2018. Durante ese tiempo, el catálogo de la biblioteca siguió ofreciendo como auténtica la falsificación que dejó en su lugar el ladrón, según la investigación de EL PAÍS. La directora de la BNE, Ana Santos, siempre ha sostenido que ella tuvo noticia del hecho en 2018, gracias al correo electrónico de un investigador británico que le avisaba de que el ejemplar digitalizado era una copia. Sin embargo, diferentes correos electrónicos de su equipo apuntan a que estaba informada desde 2014. En esas comunicaciones aparecían frases como “Informada directora de caso Galileo”.

En un informe anterior, elaborado por la Biblioteca Nacional sobre medidas para la protección de las colecciones, se contabilizaban 14.809 documentos “pendientes de localizar”. De ellos, 13.204 son monografías modernas (publicadas con posterioridad a 1830), es decir, publicaciones que tienen en principio menor valor patrimonial y de las que es más fácil que se cuente con más ejemplares. La BNE cifraba las obras de mayor valor económico (las de más de 5.000 euros) en 54. La última se perdió en 2006, un dioscórides del siglo primero. Santos defiende que muchas de estas desapariciones son “faltas históricas”, es decir, que se desconoce la fecha de su extravío. La institución asegura que el pasado 7 de abril remitió el listado completo con las 54 obras desaparecidas a la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional, por si en algún momento alguna de ellas saliera en el mercado negro internacional.

Cuando la Dirección Técnica descubrió el robo del Sidereus Nuncius, en 2014, realizó un estudio sobre los 413 volúmenes robados en 1987 en el Depósito General, con especial atención a los libros científicos de los siglos XVI, XVII y XVIII, entre los que se encontraba la obra de Galileo. El informe indicó que un año después del robo la policía recuperó todos los ejemplares, entre ellos el Sidereus Nuncius. No obstante, en ese estudio sobre obras “desaparecidas” se anotaron las “faltas” de 13 libros, entre los que figuraban nueve de Galileo (dos de ellos en “comprobación”). Según fuentes consultadas por este diario, se trataba de las obras Il Saggiatore, cuya desaparición se conocía desde 1988; Dialogo sopre idua massimi sistemi del mundo, Tolemaico e Copernicano, sin localizar desde 1995; Discorsi e Dimostrazione matematiche intorno a due nuove science alternenti alla mecanica di movimienti locali, desde 1990; dos ejemplares de Istoria e Dimostrazioni interno alle macchie solari e loro accidenti, que faltan desde 1998 y desde 2010; Sidereus nuncius magno longeque admirabilia, cuya ausencia se detectó en 1993; y Dialogus de systema de Mundi, perdido desde 1988.

Protocolo de actuación

Entre las propuestas de los inspectores de Cultura en su informe se plantea como “absolutamente imprescindible” la aprobación por parte de la dirección de la BNE de un protocolo de actuación ante las faltas, mutilaciones o sustituciones de ejemplares originales por falsificados, especialmente en los casos en los que tienen un mayor valor patrimonial. En ese protocolo se deberían definir, añaden, “las responsabilidades, comprobaciones a realizar, procedimientos a seguir y los plazos máximos en los que se deben desarrollar dichas actuaciones, sin que se prolonguen durante tanto tiempo que hagan inoperativa la denuncia ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”. Y recalcan que la denuncia deberá producirse “cuando se dé el supuesto del que se trate, para evitar situaciones como la que es objeto de este informe, en la que desde que se constató el carácter falso de un ejemplar hasta su denuncia transcurrieron casi cuatro años”.

Páginas de la copia falsa del tratado astronómico 'Siderius Nuncius' de Galileo.
Páginas de la copia falsa del tratado astronómico 'Siderius Nuncius' de Galileo.BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

Además, para evitar malos entendidos o fallos en la comunicación, se pide un protocolo que haga llegar por escrito y de manera inmediata “a la directora de la BNE” cualquier sospecha relativa a los fondos de la biblioteca. También solicitan que se le remitan lo más rápido posible todos los informes que se vayan realizando, “con el fin de que haga un seguimiento de los trabajos de comprobación que conduzcan, en su caso, a la presentación de la denuncia con la máxima celeridad ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”.

Situaciones tóxicas

Sin embargo, el informe encargado por el ministerio también saca a la luz otro aspecto grave, relacionado con el ambiente de trabajo en la Biblioteca Nacional. Los investigadores aseguran que a lo largo de sus actuaciones “se ha puesto de manifiesto que en la BNE se podrían estar produciendo situaciones de desconsideración y falta de respeto”. En consecuencia, creen que “sería conveniente que se realizara un estudio del clima laboral, complementado con una evaluación de riesgos psicosociales, que permita detectar en su caso situaciones tóxicas, con objeto de corregir estas, al mismo tiempo que pudieran implementarse acciones de carácter preventivo que mejoren las relaciones de trabajo, eviten posibles conflictos entre el personal que desempeña sus labores en la BNE, así como la comisión de faltas graves o muy graves”.

Al respecto de las “situaciones de desconsideración y falta de respeto” que cita el texto del ministerio, Ana Santos dice desconocer “hechos de ese tipo” y ha solicitado los detalles acerca del departamento y el momento histórico en que pudieron producirse. La directora ha explicado que la Biblioteca Nacional llevó a cabo el último informe psicosocial en julio de 2018. Los resultados del mismo solo arrojaban deficiencias en el ámbito de la participación y la supervisión. Los empleados demandaban una mayor colaboración en el sistema de decisión y estrechar lazos con sus jefes. La institución respondió a esta demanda colgando en la intranet, de forma mensual, las actas del consejo directivo. Cada curso se convoca una presentación de las actuaciones anuales previstas.

Entre las cinco propuestas de los inspectores se incluye asimismo una mejora de la formación del personal de la institución. En concreto se recomienda que se impartan de manera regular “jornadas, seminarios o cursos a las empleadas y empleados públicos de la BNE sobre las técnicas, métodos, procedimientos y formas de proceder de los profesionales de las mafias nacionales e internacionales de tráfico ilegal de libros, impartidos por profesionales de la BNE y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”.


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