BNE

Los correos del robo en la Biblioteca Nacional: “Informada directora de ‘caso Galileo”

Varios mensajes apuntan que la responsable de la BNE fue alertada en 2014 de la sustracción del libro del siglo XVII, que no denunció hasta cuatro años después

Ana Santos, directora de la Biblioteca Nacional, en 2019.
Ana Santos, directora de la Biblioteca Nacional, en 2019.Jaime Villanueva

Una serie de correos electrónicos intercambiados en 2014 entre dos responsables de la dirección técnica de la Biblioteca Nacional de España (BNE) apuntan que la directora, Ana Santos, fue informada en aquellas fechas de la desaparición del Sidereus nuncius, el libro de Galileo Galilei impreso en Venecia en 1610. Entre los mensajes a los que ha tenido acceso EL PAÍS figuran frases como “Informada directora de caso Galileo”, “Ayer estuve viendo este tema con la directora” o “Te paso las primeras conclusiones del estudio para pasarle a la directora”. Santos, que dice no haber conocido el caso entonces, denunció el robo en 2018, cuatro años y cinco meses después de que se descubriera el caso.

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Los correos que cruzaron en el verano de 2014 la directora técnica, Mar Hernández, en aquel momento de vacaciones, y la subdirectora del departamento, A. V., muestran las gestiones que se pusieron en marcha tras la desaparición del tratado astronómico y cómo todo el trabajo de varios departamentos tenía como único objeto informar a Santos. En uno de los mensajes, Hernández le dice a su número dos: “Aprovecha para enseñárselo a la directora”. Preguntada anteayer, martes, por estos nuevos correos, Santos declinó responder a EL PAÍS con el argumento de que hay una investigación en marcha. En efecto, el Ministerio de Cultura abrió un expediente informativo el pasado lunes 15 para aclarar lo ocurrido después de que este diario destapara el caso.

En declaraciones anteriores, Ana Santos, que desempeña el cargo desde 2013, asegura que no fue informada del robo por sus subordinadas en 2014 y que se enteró en septiembre de 2018 (51 meses después de que se descubriese), por el correo que le envió el profesor de la Universidad de Georgia (EE UU) Nick Wilding. Este experto en Galileo advertía de que el Sidereus nuncius que aparecía en el catálogo digital de la Biblioteca era una falsificación similar a las de Massimo De Caro, el famoso falsificador italiano. En las mismas fechas el catedrático de Historia de la Ciencia en la UNED Carlos Solís preguntó a la Biblioteca dónde estaba el original de la obra.

Pero la historia de esta misteriosa desaparición había empezado muchos años antes. El 19 de mayo de 2014, responsables del Departamento de Conservación y Preservación de Fondos comunicaron a la Dirección Técnica y al Departamento de Manuscritos, Incunables y Raros la aparición del ejemplar sospechoso de haber sustituido al original. El Sidereus nuncius se analizó en el taller de restauración y a la vista del microscopio se confirmó que se trataba de una falsificación.

Páginas de la copia falsa del tratado astronómico 'Sidereus Nuncius', de Galileo.
Páginas de la copia falsa del tratado astronómico 'Sidereus Nuncius', de Galileo.BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

La obra de Galileo Galilei había sido sustraída mucho antes, en 1987, junto con otros 413 volúmenes; y recuperada dos años después. En 2007 se produjo el robo de los ptolomeos, los mapas sustraídos por el uruguayo César Ovilio Gómez. Ese mismo año ya se comprobó que la única obra consultada entonces por el ladrón, el 4 de junio de 2004, fue el Sidereus nuncius. Por estos antecedentes, César Ovilio Gómez es también el principal sospechoso para la policía de la desaparición del galileo. El autor del robo extrajo el cuerpo del libro de la BNE, colocó una copia en su lugar y más tarde hizo falsificaciones que han aparecido en una librería de Nueva York y en una subasta de Sotheby´s.

El análisis de los correos cruzados entre responsables de la dirección técnica de entonces ofrece una imagen de cómo se gestionó el caso. El mismo 19 de mayo de 2014, fecha en la que se comunicaron las sospechas sobre este ejemplar, Mar Hernández, directora técnica, pidió un informe “lo más rápido posible, aunque no sea completo”. Al día siguiente se celebró una reunión en la que participaron 11 directores de departamento y en la que comunicó sus sospechas de que el libro 2/40418 Sidereus nuncius había sido falsificado; y ese mismo día Hernández escribió a su equipo un correo en el que pedía discreción. Hernández lo explica ahora así: “Lo pedí de cara a la gente de la BNE y de cara al exterior. Tenía que informar a la directora, iniciar la investigación y ver su magnitud”.

El 28 de mayo, la subdirectora técnica A. V. volvió a pedir discreción en otro correo, y uno de sus receptores sugirió que se comunicara el caso a la Guardia Civil, lo que se desechó a la espera de reunir más datos. Hernández señala: “Informar a la Guardia Civil era algo que teníamos que pasar a Santos para que ella lo valorara”.

El 7 de junio de 2014 se hizo un informe preliminar sobre la obra donde se aseguraba que era una falsificación y se destacaba que el libro había sido consultado por el autor de los robos de los ptolomeos. Santos señala sin embargo que no se le envió este informe ni se le informó de su existencia.

El 1 de agosto, cuando Mar Hernández ya estaba de vacaciones, A.V., la subdirectora técnica, envió a su jefa un correo con las primeras indagaciones: “Las cosas van estando claras. De momento, un solo falso, el ya conocido y varias faltas, si bien estas faltas son antiguas. Cuando lo tenga todo, terminaré nuestra tabla y pasaré las incidencias a un informe para que podamos escribir a Ana [en referencia a la directora, Ana Santos]”.

Al día siguiente las dos responsables de esta unidad siguieron comunicándose por correo sobre las listas de obras desaparecidas y la conveniencia de seguir buscando. La subdirectora A. V. escribió a su jefa a las 11.31: “Yo también creo que es suficiente con lo hecho hasta ahora, he seguido con ello porque no me queda claro si Ana [de nuevo se refiere a Ana Santos] lo que quiere es saber que hemos revisado y tras una cata está todo bien, o un informe detallado con la comprobación de cada obra y las incidencias de las que tengan algo”.

Una hora más tarde, a las 12.36, A. V. envió un nuevo correo a Hernández: “Te paso información referente a las comprobaciones realizadas respecto a los libros de geografía objeto de robo (’caso Galileo’) tras la detección de que uno de ellos era falso. Primeras conclusiones del estudio para pasárselas a la Directora”. A las 19.09 Hernández respondió a su subordinada: “Ana, aprovecha a enseñárselo a la Directora”.

El 4 de agosto, dos días más tarde, A. V. remitió un correo a Hernández con 30 puntos de diferentes asuntos. Y, entre ellos, incluyó la siguiente frase: “Informada directora de caso Galileo”. La comunicación a Santos, según Hernández, fue verbal. Hasta 2016 no aparecen correos en los que se vuelva a hablar de este caso. Este vacío se explica, según la versión de Hernández, porque Santos no adoptó ninguna iniciativa, ni les pidió más información.

El asunto Galileo quedó parado hasta el 7 de septiembre de 2016, cuando se celebró una reunión de la directora de la Biblioteca con Mar Hernández para tratar de la situación en catálogo de ejemplares problemáticos. El primero de los tres libros que iban a analizar era el Sidereus nuncius falsificado. Al día siguiente, Hernández envió un correo a cuatro personas del departamento de manuscritos para pedirles un informe completo y añadía: “Ayer estuve viendo este tema con la directora… Pregunta la directora si la migración se hizo con el libro en la mano o desde las propias fichas”.

Hasta marzo de 2018, el Sidereus nuncius no vuelve a ser motivo de interés. Desde ese mes y hasta septiembre de ese mismo año la obra de Galileo figuró en la exposición Cosmos en la Biblioteca Nacional. La visitaron 53.000 personas y en el catálogo aparecía ya como “falsificado”. Una persona que participó en la elaboración del catálogo afirma que “entonces era de sobra conocido que se trataba de una obra falsificada”.

En septiembre de 2018, Santos recibió el correo del investigador Nick Wilding. Es entonces cuando la directora escribió a los responsables y pidió información. Entre ellos a Javier Docampo, en aquellas fechas director del Departamento de Manuscritos, Incunables y Raros: “Por favor, Javier ¿nos puedes decir algo de lo que cuenta este señor? ¿Tenemos información sobre la procedencia del ejemplar?”.

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