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El agua daña el Museo Nacional de Arqueología Subacuática

Un informe del Ministerio de Cultura atribuye las filtraciones marinas a fallos en el proceso de construcción del edificio, que acoge el tesoro del ‘caso Odyssey’

Filtraciones de agua en el suelo de la sala de exposiciones del Arqua.
Filtraciones de agua en el suelo de la sala de exposiciones del Arqua.

El Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua) de Cartagena tiene un problema con el agua, que le obligará a cerrar durante seis meses para tratar de solucionarlo. Desde su inauguración en noviembre de 2008, el edificio que alberga las casi 600.000 monedas de Las Mercedes (el famoso tesoro del caso Oddysey) y uno de los barcos más antiguos que se conservan (una nave fenicia del siglo VII antes de Cristo, hallado en Mazarrón) ha sufrido problemas de humedades y filtraciones de agua en el sótano, dedicado a exposiciones. Un informe elaborado en 2019 por el secretario técnico de Infraestructuras y Equipamientos del Ministerio de Cultura, al que ha tenido acceso EL PAÍS, describe la situación como de “colapso” y plantea la necesidad de crear un protocolo de mantenimiento para achicar el agua que amenaza la viabilidad del centro.

El origen del problema reside en la concepción y ejecución del museo: las salas de exposición del sótano se construyeron a más de cuatro metros bajo el nivel del mar en un terreno ganado al Mediterráneo. La intención era incluir en el suelo una superficie transparente para contemplar el fondo marino. No llegó a construirse y, según el informe, “la presión ejercida por la masa oceánica del puerto a una cota superior” ocasiona vías de penetración del agua. El documento concluye que la sala de exposiciones de la planta inferior sufre una “inundación irremisible”.

Museo Nacional de Arqueología Subacuática Cartagena
Sección transversal del museo, en la que se observa la presión oceánica sobre la planta inferior.

El error más grave que desvela el informe, —que se encargó con vistas a la licitación de los trabajos de reparación de las filtraciones— es la ejecución de las pantallas subacuáticas de hormigón, de un espesor de 150 centímetros. Estas deberían asegurar la estanqueidad de la “bañera” del sótano, pero no funcionan. El agua marina atraviesa el hormigón “por las fisuras que dejó su irregular ejecución”.

El museo, que fue construido por FCC y diseñado por el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra, costó 20,3 millones de euros. Según el informe, el origen de los desperfectos del edificio está en “el proceso de construcción”, ya que se logró contener el caudal del agua con las losas de hormigón, pero “no se consiguió la estanqueidad completa y se siguieron observando filtraciones”. De hecho, durante la construcción al vaso de hormigón se filtraban 15 litros de agua por segundo.

Brasas sobre el fuego

Entonces se improvisó un sistema de drenaje para evacuar el agua “durante toda la vida del edificio” mediante una red de canales, que lo rodea y que se han colapsado por la sal, como arterias atoradas. El agua desborda las conducciones y emerge en sala de exposiciones y en la fachada. Por si fuera poco, este proceso se ve favorecido por el diseño del circuito de climatización, que insufla permanentemente anhídrido carbónico sobre la red y multiplica los depósitos de sales. “Es como soplar sobre las brasas para avivar el fuego”, declara el informe.

Arqua Cartagena
El sistema de drenaje ha quedado colapsado y el agua emerge por el suelo de las salas.

“El sistema de drenaje debió funcionar inicialmente bien, pero al poco de la inauguración del museo empezaron a detectarse problemas de humedad en la planta sótano alcanzándose porcentajes de humedad relativa en el ambiente muy elevados y perjudiciales para la conservación de los objetos expuestos”, detalla el técnico del Ministerio de Cultura.

El incremento de los valores relativos de humedad (que favorecen la aparición de microorganismos, hongos y bacterias en los objetos y la corrosión en piezas metálicas) también está ocasionado por las goteras del techo (recogidas con cubos) y por las lluvias torrenciales. El museo está en una explanada pavimentada, donde no se hicieron rejillas de recogida de pluviales. En los días de lluvia intensa, la pendiente vierte el agua contra las paredes del edificio y se filtra en el sótano.

Carmen Jiménez, subdirectora general de los Museos Estatales, resta importancia al término “colapso”. “Es solo una palabra”, dice. Asegura que se han aplicado labores de mantenimiento continuas y que no tiene constancia de que los objetos arqueológicos hayan sufrido. Aunque no cuestiona el diseño del museo, hoy cree que no se hubiese hecho algo así. “Fue una obra muy delicada, pero el equipamiento es el que es y ahora hay que aplicar soluciones”, añade. La subdirectora reconoce que las lluvias torrenciales de los últimos años tampoco ayudan a mantener controlada la humedad.

Una reparación que no acabará con los fallos

Las reparaciones costarán 280.000 euros, pero la memoria elaborada para las obras de reparación de las filtraciones es poco alentadora con el futuro de la institución que en 2019 recibió 107.407 visitas (desde la llegada del tesoro de La Mercedes casi ha duplicado sus público). Se tomarán medidas para reducir la formación de depósitos de sal en tuberías que impiden la evacuación, aunque “tampoco se habrán eliminado por completo y, en lo sucesivo, aunque en menor proporción, es previsible que se sigan produciendo”.

Las obras en el sótano, que comenzarán en unos meses, durarán medio año y obligarán al traslado de los objetos (los más sensibles y los más grandes) mientras se opera en paredes y suelo. Los albañiles limpiarán la sal que atora las arterias, “pero no se habrá evitado la entrada de agua que la presión del mar continuará ocasionando”, apunta el informe técnico.

Fuentes del Arqua explican a EL PAÍS que el Ministerio conoce la delicada situación desde el principio (se inauguró en noviembre de 2008), pero fue en 2014 cuando atendieron las alarmas emitidas desde la institución e iniciaron la investigación.

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