Las librerías españolas prefieren prolongar su confinamiento

Los responsables de lo que será el primer espacio cultural que se normalice anteponen el cuidado sanitario y la continuidad de las medidas de apoyo a una reapertura precipitada

Samuel Sanchez / EL PAÍS

Todavía, no. Las librerías españolas no quieren ser la excepción, como en Italia desde esta semana, al confinamiento. Cuando desde aquel país llegó la noticia de que podían abrir sus puertas al considerar el Gobierno el libro como un producto de primera necesidad, el sector se planteó si demandar algo en esa línea a las autoridades en España. Y la respuesta ha sido contundente: no. Con toda probabilidad las librerías serán los primeros espacios culturales que abran. Antes que museos, cines o teatros. Pero aún resulta pronto y no se dan las garantías sanitarias, jurídicas ni económicas, sostienen los gremios, para que funcione. Y no recuerdan tanta unanimidad en una toma de decisión. El Ayuntamiento de Madrid sondeó al sector el lunes sobre la posibilidad de adelantar la apertura antes del fin del estado de alarma. Los libreros lo debatieron en asamblea el martes y, sin fisuras, a nivel local y nacional, respondieron que no. Pablo Bonet, secretario del gremio de Madrid y miembro de la junta directiva de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones del Libro (Cegal), lo explica: “Debemos atender la seguridad de nuestros empleados y clientes. Antes de que exista un protocolo sanitario no vemos necesidad”. Quieren unas garantías jurídicas y económicas. “¿Por qué abrir si la gente no puede salir de casa? Sería un suicidio. Y muchos se han acogido a los ERTE. ¿Perderíamos esas ventajas?”.


Los libreros contemplan mayo como el comienzo de la reapertura. “Lo más sensato es esperar”, dice Alberto Taiga, librero toledano y presidente de Cegal. “Debemos garantizar que las medidas adoptadas no las perdemos”, asegura, “sino será peor el remedio que la enfermedad”. Entre las peticiones que sí han sido planteadas al Ministerio de Cultura y Deporte hay varias urgentes. Todos están de acuerdo en colocar la salud primero. Después, están las necesidades económicas de un sector que, en el segundo trimestre de 2018, facturó 224 millones de euros. La segunda mitad del año es muy importante porque incluye la campaña del Día del Libro el 23 de abril y ferias, como la de Madrid. Para paliar pérdidas, los libreros han propuesto a Cultura aumentar la dotación de compras para bibliotecas, desgravaciones de la renta en la adquisición de libros para cualquier ciudadano, un bono cultural para menores de 25 años, exenciones de impuestos, rebaja del IVA a cero durante seis meses, ayudas al alquiler, financiación de créditos… “Desde el primer día tenemos el asunto de las librerías sobre la mesa”, asegura María José Gálvez, directora general del Libro en el Ministerio de Cultura. “En cualquier decisión debe primar la salud y me parece muy acertada la postura de los libreros. Demuestran lo que son: un sector responsable, leal y solidario”. También son, con sus 3.500 puntos de venta en toda España y 6.500 puestos de trabajo, el eslabón fundamental y más débil de la cadena del libro. Lo dice Patrici Tixis, representante del Gremio de Editores de Cataluña. “Debemos tomar las medidas necesarias antes de que la gente pise las librerías. Son el eslabón más importante del sector. Todo lo que representa el libro se reúne ahí. Tenemos la obsesión de que lleguen a la orilla cuantos más, mejor. Son un símbolo, pero hay que actuar con cautela”.

Cuando se abran las puertas, nada volverá a ser igual. Precisamente ese temor propicia que durante el confinamiento se preparen a conciencia para el regreso. Paz Gil, librera de Santander y portavoz de un negocio familiar con tres tiendas y 20 empleados, lo sabe: “Lo que llamamos el espíritu de la librería se perderá hasta que todo vuelva a la normalidad anterior. No podrán ser lugares de encuentro, donde la gente deambule y se quede a leer o acuda a una presentación. Probablemente debamos abrir en diferentes horarios para que se puedan recoger títulos concretos, obligar a usar guantes y mascarillas, reformar espacios, pero tenemos ilusión por la reapertura, aunque sólo sea por la cantidad de gente que nos ha escrito apoyándonos”. Lo mismo siente Paco Goyanes, de Cálamo, en Zaragoza. “Las librerías son espacios diferentes. Poseen un sentido simbólico y no me parece mal que abramos cuanto antes, pero debemos hacerlo con las condiciones seguras”, afirma.

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