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El Ficic, un festival de cine quijotesco en el centro de Argentina

La cita de Cosquín devuelve la vida a cines desaparecidos con películas nacionales y extranjeras

Apertura de la novena edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (FICIC)
Apertura de la novena edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (FICIC)

Cosquín, una pequeña ciudad argentina al pie de las sierras cordobesas, se quedó sin el último de sus grandes cines a principios de siglo. El Uritorco había sido convertido en bingo, el Holiday terminó absorbido por una galería comercial. La escena se ha repetido en numerosas localidades de Argentina, que ha pasado de tener unos 2.000 cines en los años 70 a menos de la mitad en la actualidad. Pero los amantes del séptimo arte pueden volver a ver aquí películas proyectadas en la pantalla grande una vez al año. Cosquín celebra entre el 2 y el 5 de mayo la novena edición de su festival internacional de cine independiente, el FICIC, con una mirada equilibrada entre la producción nacional novel y obras extranjeras.

"En Argentina el cine es una actividad cultural importante con una larga tradición. En otros países los festivales a menudo están vinculados a una experiencia turística, pero acá están más vinculados a esa idea de cultura. Si no es en un festival se proyecta en un cineclub, pero se intenta mantener", dice Roger Koza, director artístico del FICIC.

Argentina es el único país de Suramérica en contar con un festival de cine de clase A, la máxima categoría: el de Mar del Plata. Buenos Aires lo desafía con el Bafici, conocido también fuera de las fronteras, pero a medida que uno se distancia de la capital ve que muchas de las iniciativas que nacen en las pequeñas ciudades son quijotescas.

En 2011, cuando se lanzó la primera edición del FICIC, había dudas sobre la recepción que tendría la proyección de películas de autor en esta ciudad de 25.000 habitantes conocida por ser la capital nacional del folklore. El festival de estas músicas tradicionales, por el que han pasado compositores e intérpretes de la talla de Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Horacio Guarany, Eduardo Falú y Jorge Cafrune, entre muchos otros, atrae cada verano a miles de personas. El resto del año, esta ciudad del centro argentino recupera su ritmo tranquilo, pero son numerosas las tiendas dedicadas a la música, vestimenta y recuerdos vinculados al folklore.

Cine y territorio

La cita cinéfila fue impulsada por la coscoína Carla Briasco y su pareja, Eduardo Leyrado, con escaso respaldo municipal. Pero nueve años después se ha consolidado y cuenta con un público fiel. Algunos espectadores aprecian la posibilidad de ver películas difíciles o imposibles de encontrar; otros agradecen volver a una sala de cine sin tenerse que ir de la ciudad. "Ahora la experiencia cinéfila está disociada del espacio físico y gira alrededor de Internet y de las comunidades virtuales", señala Koza, crítico y programador con una dilatada experiencia.

El jueves, más de 300 personas colmaron el Centro de Convenciones y Exposiciones donde se proyectó la película inaugural, Breve historia del planeta verde, de Santiago Loza. Otra película del mismo director, Malambo, el hombre bueno, inauguró la edición del año pasado. "Fue una elección para reivindicar al director y las posibilidades creativas del más austero cine independiente. Breve historia del planeta verde logra reunir lo fantástico y lo político en un mismo relato", destaca Koza.

En el microcine municipal de Cosquín hay pantalla pero no proyector. En la sala del Holiday faltan las dos cosas. Pero año a año el técnico de sonido Luis Nogués devuelve a la vida estos espacios. Gracias a este coleccionista de proyectores y al archivo fílmico atesorado por Fernando Martín Peña, en Cosquín pueden darse el lujo de ver largometrajes antiguos en 16mm y 35mm, como el ciclo dedicado a los gauchos: El último montonero, de Catrano Catrani; El cura gaucho, de Lucas Demare; y Yo Maté a Facundo, de Hugo del Carril.

La programación busca iluminar también la nueva cinematografía argentina. La mitad de las películas que optan al mejor largometraje son nacionales y se estrenan por primera vez en el país: De nuevo otra vez, de Romina Paula; Los miembros de la familia, de Mateo Bendesky; Río, de Santiago Canel y Lluvia de jaulas, de César González. Compiten contra la china Pájaros suburbanos, de Qiu Sheng; la israelí En el desierto, de Avner Faingulernt; y las brasileñas Bajo centro y Sol Alegría.

Con esta edición en marcha y aún antes de conocerse las películas ganadoras, los programadores piensan ya en el menú con el que celebrarán el décimo cumpleaños.

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