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El juego de encontrar la obra de arte latinoamericana

La Academia de Bellas Artes de San Fernando inserta en su exposición permanente piezas de la colección del empresario peruano Eduardo Hochschild

'La caza in situ' (1976), de Beatriz González, expuesta en el museo de la Academia de Bellas Artes.
'La caza in situ' (1976), de Beatriz González, expuesta en el museo de la Academia de Bellas Artes.

El juego consiste en ir descubriendo obras de artistas latinoamericanos, sobre todo del siglo XX, en especial peruanos, entre los maestros del museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Rabasf). A veces es fácil localizarlas, por el fuerte contraste con las que les flanquean, otras están más diluidas y, en algunas ocasiones, hay que prestar especial atención porque pueden pasar inadvertidas por estar entre coetáneos. Para facilitar la búsqueda a lo largo de las tres plantas del museo, se incluye un mapa del tesoro, en este caso, el folleto de la exposición En orden de aparición: arte peruano y latinoamericano de la colección Hochschild, en el que se indica dónde están cada una de las 48 piezas de la muestra, visitable hasta el 21 de abril.

El desembarco de estas obras, que se ven por primera vez en España, formó parte de la programación paralela de la última feria Arco, en la que Perú fue el país invitado. "La colección del empresario Eduardo Hochschild, con base en Lima, es la más importante de Perú de arte contemporáneo y, además, en los últimos tiempos, se ha convertido en latinoamericana”, señala la colaboradora de EL PAÍS y la catedrática de Arte Contemporáneo Estrella de Diego, comisaria de la exposición junto al poeta e historiador Luis Pérez-Oramas. El objetivo, según De Diego, “ha sido romper la mirada habitual con la que se puede visitar el museo. No se ha quitado ninguna obra de la [colección] permanente, solo se han retocado salas en algunos casos”.

Esta muestra “supone la vuelta a la Academia de artistas que la visitaron, como Diego Rivera, para dialogar con grandes maestros”. Este primer encuentro entre dos mundos llega con la obra que da título a la exposición, el óleo En orden de aparición, intento de autorretrato I (2012), de la peruana Sandra Gamarra, en la que se ve a una artista de espaldas. Flanqueada por el Cristo ante Pilatos, de Luis de Morales; y una Sagrada Familia de Juan de Juanes.

'Formas abstractas ensambladas' (1937), del uruguayo Joaquín Torres García.
'Formas abstractas ensambladas' (1937), del uruguayo Joaquín Torres García.

Esta clase de contraposiciones “le viene bien a colecciones clásicas, que las tambalee, en museos como este, que se visita poco”, subraya De Diego sobre la exposición permanente de la Academia de Bellas Artes, y añade otro factor que justifica esta apuesta, el histórico: “España, tradicionalmente, ha tenido a América Latina fuera de las colecciones de sus museos, así que también hay una idea de unión”. Entre los diálogos más logrados, según la comisaria, está el retrato de La india del Collao (1925), pieza indigenista del peruano José Sabogal, con su mirada inquieta, rodeada de goyas, que se cruza con un autorretrato del genio de Fuendetodos, Casa de locos o El entierro de la sardina. Otras inserciones interesantes están en las salas de retratos. Junto a un joven Godoy, de Folch de Cardona, posa sarcástico el peruano Fernando Gutiérrez junto a célebre militar de su país.

“Hay varios puntos de especial interés”, destaca De Diego, en este recorrido en el que, reconoce, hay ocasiones en las que se pueden “perder las relaciones” por transitar durante varias salas sin ver las obras latinoamericanas. Ella destaca una joya de la pintura virreinal peruana, Nuestra señora de Cocharcas, obra anónima de mediados del XVIII, ubicada entre maestros del Siglo de Oro, especialmente el Cristo en la cruz, de Alonso Cano. Otro es, en la sala de paisajes, donde irrumpe La caza in situ (1976), de la pintora colombiana Beatriz González, que combina “de forma extraordinaria” con lo que hay a su alrededor. El sueño del caballero, de Antonio de Pereda, obra maestra del siglo XVII, adquiere una nueva visión junto a los objetos del colombiano Rosemberg Sandoval y el bodegón moderno del chileno Adolfo Couve. El recorrido se cierra con la témpera sobre cartón Formas abstractas ensambladas (1937), del uruguayo Joaquín Torres García, que se ve en tal armonía entre los bronces de sus coetáneos Picasso, Gargallo y Julio González, “que habría que dejarlo ahí para siempre”.

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