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TIPO DE LETRA COLUMNA i

Marie Kondo en la aduana

¿Seríamos capaces de limitar a 15 los libros que nos traeríamos en un viaje a Argentina?

Alejandra Pizarnik, en Buenos Aires.
Alejandra Pizarnik, en Buenos Aires.

Algunos participantes en el Congreso de la Lengua que se inaugura este miércoles en Córdoba (Argentina) han recibido este aviso: “En cuanto a los controles de aduana, para evitar dificultades, recomendamos tener en cuenta que los límites de objetos personajes suelen ser hasta 15 unidades de libros”. Dice César Aira que el miedo es “la afección con la que transformamos el mundo con más economía y eficacia”. Tememos algo y ese algo ya está pasando. De ahí que sea tan útil para confirmar nuestro “poder creador”. Lo mismo sucede con los límites: te los ponen y ya estás ajustando el mundo a sus dimensiones. La pregunta por el libro de la isla desierta es una bobada tan eficaz que basta que te la formulen para que primero la desdeñes y luego te lances a contestarla. Estábamos a punto de dejar nuestra biblioteca en los 30 benditos títulos de Marie Kondo cuando las autoridades aduaneras redujeron el número a la mitad.

¿Seríamos capaces de limitar a 15 los libros que nos traeríamos de Argentina? Lo seríamos. Podrían ser estos: 1. Alejandra Pizarnik, de César Aira (porque la cita sobre el miedo sale de ese librito que reúne las cuatro desmitificadoras charlas que el autor de Cumpleaños dedicó en 1996 a su mítica y mitificada compatriota). 2. La Poesía completa de Alejandra Pizarnik (para llevarle, si procede, la contraria a Aira). 3. El río sin orillas, de Juan José Saer (un “tratado imaginario” que se parece al Danubio de Claudio Magris, pero a la inversa: el Río de la Plata contado desde la desembocadura hasta las fuentes; un impresionante retrato de Argentina que nadie se ha atrevido a publicar en España). 4. Desde lejos, de Olga Orozco (porque contiene un poema que arranca: “En un país que amaba ya estará anocheciendo”). 5. La hermana menor, de Mariana Enríquez (por Silvina Ocampo). 6. Libro de navíos y borrascas, de Daniel Moyano (por el exilio y porque tal vez Martín Kohan tenga razón: “Hay poco mar en la literatura argentina”). 7. Los pichiciegos, de Fogwill (porque dicen que es la gran novela sobre las Malvinas y a veces parece la gran novela sobre la Primera Guerra Mundial). 8. El frasquito, de Luis Gusmán (porque el asco puede ser una de las bellas artes). 9. Subrayados, de María Moreno (porque acuña para Piglia la categoría de “lo valorado sin afecto”). 10. El uruguayo, de Copi (por La uruguaya, de Pedro Mairal). 11. Un día cualquiera, de Hebe Uhart (para dejar de fumar). 12. La audacia y el cálculo, de Beatriz Sarlo (porque demuestra que una inteligencia a pleno rendimiento funciona con el mismo a rigor aplicada a Néstor Kirchner que a Walter Benjamin) . 13. El nervio óptico, de María Gainza (porque nunca nos gustó tanto leer sobre cuadros que, pensábamos, nos interesaban tan poco). 14. El farmer, de Andrés Rivera (por la Biblioteca Popular del barrio cordobés de Bella Vista). 15. El interior, de Martín Caparrós (porque se cierra con un capítulo –tan brillante como el resto- sobre la capital del interior argentino: Córdoba).

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