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Premio a una restauración que no “deja nada al gusto del arquitecto”

Juan de Dios de la Hoz, responsable de la rehabilitación de edificios derruidos por el terremoto en Lorca, recibe este miércoles el galardón Rafael Manzano por su trayectoria

La iglesia de Santiago, en Lorca (Murcia), tras el terremoto y después de la restauración.
La iglesia de Santiago, en Lorca (Murcia), tras el terremoto y después de la restauración.

El arquitecto Juan de Dios de la Hoz (Madrid, 55 años) recibirá este miércoles en Madrid el séptimo Premio Rafael Manzano, dotado con 50.000 euros. Pero no por representar las últimas tendencias ni por su arquitectura mediática ni por sus aportaciones vanguardistas —tal y como explica l web del galardón, creado en 2012 gracias al filántropo norteamericano Richard H. Driehaus—, sino por haber “contribuido con su obra a la conservación, continuación y adaptación a las necesidades contemporáneas de las tradiciones constructivas, arquitectónicas y urbanas”. De hecho, De la Hoz explica que para hacer bien lo que él hace, las inclinaciones estéticas tienen que permanecer bien amarradas. “Se procura no dejar nada al gusto personal del arquitecto. Si toma la decisión es porque está plenamente fundamentada por un estudio, un informe”, señala en referencia al ejército de profesionales —arqueólogos, historiadores, restauradores...— que sustentan cada uno de sus pasos en los trabajos de conservación del patrimonio que lleva haciendo 30 años.

La restauración de edificios del municipio de Lorca (Murcia) destruidos durante el terremoto que asoló la zona en 2011 —entre ellos, la de seis iglesias de los siglos XVI a XVIII que ya fue distinguida en 2016 por la Comisión Europea y Europa Nostra— es lo que ha destacado ahora el jurado del Premio Rafael Manzano de Nueva Arquitectura Tradicional. Pero el galardón se le concede por toda su trayectoria, que incluye intervenciones en la catedral y el palacio episcopal de Alcalá de Henares, los castillos de Belmonte y Brihuega, la iglesia y la cripta del panteón ducal del monasterio de San Francisco en Guadalajara y el monasterio de Yuste.

Unas restauraciones cuyo objetivo nunca fue conservar solo el edifico, “sino los materiales y las técnicas con los que se construyeron”, insiste De La Hoz. Algo que en el caso de las iglesias de Lorca tenía todavía más sentido, añade, pues el hormigón que se les había aplicado en intervenciones de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado las hicieron más vulnerables a los movimientos sísmicos. “Lo que no cabe duda es que este no era el primer terremoto en Lorca y, si habían sido capaces los edificios de resistir tres, cuatro, cinco siglos es porque estaban muy bien hechos”, explica.

Patrimonio y territorio

Y también señala que las complicaciones no terminan ahí, porque hay que hacer, además, que los edificios sean funcionales hoy y para muchos años, lo que significa integrar nuevos usos y características básicas como iluminación con led o sistemas de climatización. “Hay que intentar ser lo suficientemente sutil para incorporar todos esos materiales modernos sin que desvirtúe la historia de esas construcciones, la imagen colectiva que la gente tiene de ellas”.

Porque la arquitectura tradicional —según el Plan Nacional del Ministerio de Cultura que defiende su conservación— tiene que ver con la memoria, con esa identidad colectiva, pero también con “el sostenimiento económico (turismo cultural, recursos arquitectónicos y urbanísticos) de los territorios en los que se encuentra y que contribuye a caracterizar”. No se puede, continúa De la Hoz, “separar patrimonio y territorio”. Por eso está satisfecho del resultado conseguido en Lorca, porque la gente ha aceptado de nuevo como suyos —para vivirlos, casarse o bautizar a sus hijos— los edificios reconstruidos.

Así, con la ilusión de recibir un reconocimiento que le hace sentir que va “por el buen camino”, De la Hoz —que tiene obras en marcha en Murcia, Castilla-La Mancha, Roma o Panamá— recoge este miércoles el premio Rafael Manzano en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Este es uno de los organismos que colaboran con el certamen, organizado por Intbau (International Network of Traditional Building Architecture and Urbanism), con el apoyo de la Fundación Driehaus y el respaldo de la Fundação Serra Henriques, Hispania Nostra, el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España, además del patrocinio de la Presidencia de Portugal (el premio abarca toda la península ibérica).

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