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Jon Juaristi: “Todos los días se inventa un pasado nuevo”

Académicos mexicanos y españoles debaten en El Colegio de México sobre el futuro de las ciencias sociales y las humanidades

López, Loaeza y Juaristi, en un momento de la mesa de debate celebrada este viernes.
López, Loaeza y Juaristi, en un momento de la mesa de debate celebrada este viernes. El País

El presente lo puede todo. ¿Qué sucedió ayer? Más aún, ¿qué es el ayer? El hoy se olvida rápido y el pasado, voluble, se torna nebuloso. No es tiempo de pensar en el pasado: la inmediatez ha sustituido, con carácter general, a la reflexión. “El problema es que el pasado ha desaparecido y estamos en un mundo presentista o presentecéntrico. Ya no se da una invención del pasado, sino una improvisación, como en el caso del nacionalismo catalán. Todos los días se inventa un pasado nuevo”, ha subrayado Jon Juaristi, escritor vasco, ex director del Instituto Cervantes y de la Biblioteca Nacional Española, en la segunda jornada del debate hispano-mexicano organizado por El Colegio de México para repensar el futuro de las ciencias sociales y las humanidades en la segunda década del siglo XXI. “No veo la urgencia de combatir el pasado, porque nadie se preocupa por él”, ha agregado Juaristi.

Más allá de la pérdida de valor del pasado, la segunda sesión de este encuentro académico —que se celebra en el marco del 40 aniversario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y España— ha repasado cuestiones como el declinante peso del español en el mundo de la producción científica o la hasta ahora incontenible entrada del inglés en las aulas universitarias del mundo hispano. “Mi sensación sobre el uso del inglés en las aulas universitarias es que es una forma de captar clientes”, critica Jordi Amat, profesor de la Universidad de Girona. “Las universidades entienden que la manera más cómoda de vender su internacionalización, de tener ese sello, es explicando en inglés y no pensando las asignaturas en clave internacional. Es un subterfugio”.

Esa preocupación por la preeminencia del inglés en detrimento del castellano, es, a tenor de lo expresado en el foro, más española que mexicana y latinoamericana. “En los últimos años en España existe la obligación de publicar en revistas indexadas en inglés. Apenas hay en español”, subraya Aina López, profesora de Sociología Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid. “Es paradójico que los españoles se sientan más esclavos del modelo anglosajón que nosotros, que somos vecinos de Estados Unidos”, apunta Sandra Kuntz, profesora de Historia Económica de El Colegio de México. “No hay que dramatizar: utilicemos el idioma que nos sea más útil”. Más que en las cuestiones puramente lingüísticas, Kuntz pone el foco sobre, a su juicio, un problema mucho más importante al que se enfrentan actualmente las ciencias sociales: la disminución de los recursos públicos que se destinan a las ciencias sociales y el sesgo en favor de las ciencias básicas en su asignación.

En la misma línea, Juaristi insiste en la no necesidad de adoptar una postura beligerante frente al inglés y recuerda que, en tiempos no tan pretéritos —a finales del siglo XIX y principios del XX—, la lengua global de la ciencia era el alemán y no el inglés. “No veo ningún inconveniente en el uso del inglés; no veo un problema de confrontación. Cuando era director del Cervantes, algunos profesores me pedían dar la batalla por el español, pero creo que nuestra labor era más la de expandir centros”. Rosalba Casas, directora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), apela a que los académicos hispanos, en vez de luchar contra el inglés como lengua vehicular del mundo académico, participen “en la definición de la agenda de lo que se publica en inglés”. “Se puede tener una carrera académica y con éxito utilizando solo el español como idioma. No está devaluado”, apunta Alfonso Herranz, historiador económico de la Universitat de Barcelona, en tono marcadamente optimista. “En el posgrado, la presencia del inglés es importante para atraer estudiantes internacionales. En el caso de los grados, el debate es más complejo”.

Intelectuales y medios de comunicación

La controversia sobre la escasa presencia de la academia en los medios de comunicación también ha ocupado un espacio destacado en el encuentro auspiciado por El Colegio de México. “En España, los académicos han sido sustituidos por periodistas en los debates y estos son mucho más tendentes a la espectacularización. En España había grandes debates televisados, con figuras de mucha importancia. Y eso está desapareciendo”, ha cargado López, de la Complutense de Madrid. “Se llama a los expertos a los programas informativos, pero como recurso homeopático”, añade Juaristi.

Ante este nuevo ecosistema mediático —y más concretamente, televisivo—, Emilio Blanco, del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México, opta por el camino de la autocrítica: “Hay riesgo de que no haya académicos en un debate marcado por la espectacularización, pero quizá los académicos tenemos que cambiar nuestra forma de comunicación. Tenemos una visión romántica, mitológica [de los debates pasados en los medios de comunicación]. Hay que tener cuidado con esa romantización”.