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“Chiapas es igual de elegante que Balenciaga”

La diseñadora Carla Fernández lleva a la alta costura el textil indígena mexicano

La diseñadora Carla Fernández en su muestra en el Museo Jumex. Ampliar foto
La diseñadora Carla Fernández en su muestra en el Museo Jumex.

Siguiendo "de tumba en tumba" a su padre Miguel Ángel Fernández, museógrafo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, la diseñadora Carla Fernández (Saltillo, 1974) se recorrió México desde niña de arriba abajo, y cuando veía a las chiquillas de las comunidades indígenas quería vestir como ellas. "Yo quiero una falda como esa", en el caso de las de San Juan Chamula, un pueblo donde la lana de borrego es sagrada. A los de allí no se les pasa por la cabeza comerse al peludo animalito.

Más tarde, la niña que quería caminar por la ciudad con una falda negra de lana de borrego estudió diseño. Su maestra, "miss Maite", era modista para Cristóbal Balenciaga. Entonces aprendió que para aprender a poner un botón bien primero hay que ponerlo mal "80 veces", como Daniel San quitando y poniendo cera en Karate Kid por orden del maestro Miyagi. Aprendió eso y se hizo adepta a la sofisticación sobria del español Balenciaga. Con eso ya tenía los dos ingredientes que la han convertido en una diseñadora de vanguardia: tradición textil indígena mexicana más moda. 

En sus palabras, la fórmula se resume: "Chiapas es igual de elegante que Balenciaga. Nuestra alta costura está en las montañas", dice en el Museo Jumex de Ciudad de México, que hasta el 15 de mayo expone sus diseños (ropa que es arte) hechos en colaboración con las artesanas y los artesanos (algunos, pero muchos menos que ellas) de pueblos originarios: "Son amabilísimos y tremendamente creativos. Todo lo que hacen está bien hecho, y eso es mucho viniendo del mundo urbano, donde todo se resuelve rápido", comenta Fernández, con un sencillo vestido gris y unos zapatos "de piel de algo que ahora mismo no recuerdo".

Su marca es una combinación de buen gusto y audacia económica y social. Su trabajo con las tejedoras indígenas de distintas partes de México no trata sólo de hacer ropa bellísima con el saber hacer tradicional indígena sino de capitalizar ese conocimiento: "Entre otras cosas, en los talleres le enseñamos a las señoras a cobrar por su trabajo". Fernández y sus socias no suelen compartir idioma (ella español; ellas tzotzil o tzetzal o mixteco) pero se entienden, como buenas artistas del manejo de las manos, en una suerte de lenguaje de mímica e intuición.

Detalle de un diseño de Carla Fernández. ampliar foto
Detalle de un diseño de Carla Fernández.

Fernández ha acuñado su filosofía económico-estética como "La raíz cuadrada". Raíz porque los fundamentos de su proyecto están en la cultura ancestral milenaria de los pueblos indígenas. Cuadrada porque los patrones formales de diseño de estas comunidades son el cuadrado y el rectángulo. Y raíz cuadrada de– porque el mix de tradición y moda de alta costura busca que lo que sale de las manos de las artesanas tenga un rédito exponencial.

"Se trata de usar las mismas técnicas para que no se pierdan las tradiciones, porque se están perdiendo, y combinarlas con un diseño inteligente que les dé 500 veces más ganancias", dice la diseñadora, que recuerda que sólo mastodontes culturales como China e India superan en diversidad a su país. "México es una potencia cultural", afirma, "y si algo nos puede sacar adelante es nuestra riqueza cultural". En la diáfana sala del museo diseñado por David Chipperfield, el discurso de Carla Fernández teje la silueta de otro México futuro: más ancestral y más moderno.