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Del tsunami a la isla de Lesbos

Enrique Álvarez, al que dio vida Ewan McGregor en ‘Lo imposible’, ayuda a los refugiados a desembarcar en Grecia

Refugiados
Enrique Álvarez ayuda el lunes a bajar a una niña refugiada en una playa cercana a la ciudad de Mytilene, en la isla de Lesbos.

A simple vista, es uno más de los miembros, principalmente socorristas, de la ONG Proactiva, una asociación de Badalona que ayuda en su desembarco a los refugiados que arriban a la isla de Lesbos (Grecia), en condiciones y embarcaciones precarias. Su nombre ni siquiera es conocido: Enrique Álvarez. Pero su familia, los Álvarez Belón, inspiró la película Lo imposible, de J. A. Bayona, la reconstrucción del drama del tsunami —que acabó con la vida de casi medio millón de personas el 26 de diciembre de 2004— en el sudeste asiático a través de la lucha por la supervivencia de un matrimonio occidental y sus tres hijos. En pantalla se mantuvo traducido el nombre de pila de los cinco Álvarez: Enrique fue Henry y tuvo el rostro de Ewan McGregor. Durante su promoción el peso lo llevó su esposa, María Belón, que había asesorado desde el guion a la producción, mientras que Enrique y sus vástagos solo aparecieron en contadas ocasiones, como la presentación en el festival de Toronto. Ahora él se ha convertido en noticia.

No hay apoyos. Las condiciones aquí son inaceptables. Los políticos no están a la altura, puede que porque desde Europa financiamos a quienes financian el ISIS"

Cada día llegan a las costas de Lesbos vigiladas por Proactiva de 15 a 20 barcas, de 700 a 1.000 inmigrantes. “Llevaba mucho tiempo atento a las noticias que llegan de refugiado sirios, en general de Medio Oriente, y había hablado con diversas organizaciones. De repente me surgió esto y me he integrado en su equipo”, cuenta Álvarez. Aunque tiene un título de socorrismo —“de hace muchísimo tiempo”— él no ejerce de experto. “Por suerte para todos no me ha tocado una situación complicada. Si hubiera ocurrido, yo era el último recurso. Esto es para profesionales, y cuando vine ya era muy consciente de mis limitaciones”. Pero Álvarez ha estado haciendo guardias, mojándose. “Todos los que cruzan en barca asumen un riesgo impresionante. Lo primero que te impacta es pensar que esa travesía, pequeña porque no hay mucho más de 10 kilómetros entre esta isla y la costa turca, es en realidad una etapa más de una gran odisea en su periplo al destino que sueñan y aspiran. Y sin embargo en este tramo se juegan la vida. Son héroes, no sé si yo tomaría los mismos riesgos. Además, los que lo hacen son en realidad privilegiados porque pueden pagar a las mafias que negocian con este viaje. Los que no tienen dinero, se quedan atrás”. Sí reprocha cómo los gobernantes europeos no afrontan este drama: “No hay apoyos. Las condiciones aquí son inaceptables. Los políticos no están a la altura, puede que porque desde Europa financiamos a quienes financian el ISIS”.

Para atender el teléfono, Álvarez sale de la habitación en la que descansan algunos compañeros: “Llevamos varias noches sin dormir”. Aun así, su voz suena firme, sin mucho cansancio. “Bueno, yo he estado solo ocho días, porque mis obligaciones laborales [trabaja en una compañía del sector de la salud] no me dejan más tiempo. Normalmente hacen turnos de 15 días porque física y emocionalmente la labor es muy exigente. Ha sido una experiencia fantástica”. La conversación tiene lugar el lunes por la tarde. Ayer, Álvarez iniciaba su regreso a Madrid. “Me acuerdo del tsunami y de Tailandia porque me voy, igual que entonces, con la misma sensación, con las ganas de quedarme a ayudar”.

Me acuerdo del tsunami y de Tailandia porque me voy, igual que entonces, con la misma sensación, con las ganas de quedarme a ayudar"

Proactiva ayuda a los refugiados al final del viaje, en metros fundamentales: “Entran los nervios, la gente se pone de pie y vuelca las embarcaciones, con el riesgo de ahogarse, hay que saber a qué playas dirigirse, que apaguen los motores... Proactiva sí es marca España”.

María Belón contaba hace poco que su familia no tiene, a pesar del tsunami, mala relación con el mar: “Mis hijos hacen surf en el Cantábrico, es cierto. Con todo, le doy las gracias a María por apoyarme en esta experiencia, sé que no es fácil para ella que yo esté aquí”.

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