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“Vi cómo Josef Mengele me succionaba, hablaba conmigo”

El actor catalán Àlex Brendemühl encarna al ángel de la muerte de Auschwitz, a uno de los grandes monstruos de la historia, en 'El médico alemán'

Àlex Brendemühl, caracterizado como Mengele, en el filme.
Àlex Brendemühl, caracterizado como Mengele, en el filme.

Debe de ser fácil convencer a alguien como Àlex Brendemühl (Barcelona, 1972), el mejor actor menos conocido del cine español, para que encarne a un tipo como Josef Mengele, el ángel de la muerte de Auschwitz, en su periplo suramericano. Son de los que a él le gustan. “De joven pensaba que era muy fácil entrar y salir de los personajes. Con los años me he vuelto más obsesivo... sin quererlo. Y mira que no soy un actor de meterme en investigaciones. Pero ahora los personajes se apoderan de mí, o busco tal vez papeles de una similar presencia y peso interior”. Sí, Mengele estuvo dentro de este intérprete de padre alemán. “El alma de los personajes reales está allí, y te habla. Así que asumes una responsabilidad superior”. Y encima, todo el mundo sabe quién es. “Forma parte del colectivo imaginario. Es el monstruo, uno de los diez grandes malvados de la historia. Y encima el mal es muy poderoso y atractivo. Por eso acaba calando en nosotros. Como intérprete ves que te succiona. Mengele hablaba conmigo”.

En El médico alemán, Brendemühl ha decantado su caracterización hasta hablar el alemán con acento del sur “porque Mengele era de allí” y tono argentino. “Me preocupó el día en que Lucía [Puenzo, la directora] me envió el email con la foto del médico y la mía a su lado para convencerme de que tenía que interpretarlo”. Y ríe. “Suerte que en las comedias todo es más ligero, más de juego, y los personajes de ficción a veces cobran presencia y a veces no, porque cuando es real...”. Aún recuerda sus charlas con el asesino de la ballesta para encarnarle en Las dos vidas de Andrés Rabadán. “Desde hace diez años, cuando hice Las horas del día, me han llegado toda suerte de propuestas de personajes desviados del comportamiento normal. De vez cuando por mi salud mental y por la de mi familia, pillo vacaciones”.

Brendemühl ha construido su Mengele “como un extranjero que busca contacto humano con sus congéneres”. “Eso le humaniza hasta que se cruza con una familia que como médico le interesa, y mucho. A cada uno de los miembros de esa familia les da lo que quieren. Es la tremenda eficacia del diablo”. El barcelonés se ríe de los elogios a su carrera, y les da la vuelta: “Me considero un privilegiado, aunque no encuentro comedias inteligentes. Tengo suerte, nadie me conoce y puedo ir espiando por el metro. Algunos dicen que soy un tipo que hace cine independiente, con papeles siempre hieráticos, que no sabe interpretar ni modular, con cara de palo. En fin, no todos piensan así, me siguen llegando guiones fascinantes y el público se acerca cada vez más a mi trabajo”.