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Los músicos y las protestas brasileñas

Cuatro exponentes musicales de la nación sudamericana, provenientes de la cultura rock, analizan la situación social y política que actualmente los desborda

La banda de 'indie rock' Apanhador Só, en una imagen de su perfil en Facebook.
La banda de 'indie rock' Apanhador Só, en una imagen de su perfil en Facebook.

Antes del partido entre México y Brasil por la Copa Confederaciones, que se celebra en este momento en la nación sudamericana, 15.000 personas se postraron en las puertas del estadio Castelão, de Fortaleza, pero no para apoyar a la Selección nacional de fútbol, sino para protestar por la corrupción y el desmejoramiento de los servicios públicos que padece el Gigante Amazónico. Al igual que en la capital nordestina, el pueblo, durante las últimas dos semanas, y en más de cien ciudades del país, ha salido a mostrar su descontento por la gestión de la presidenta Dilma Rousseff, lo que incluso puso en vilo la continuidad del primer examen de los organizadores del próximo Mundial del deporte más popular del planeta. Hasta la gran estrella de la Canarinha, Neymar, apoyó las movilizaciones, y le dedicó el encuentro del miércoles pasado, contra El Tri, a la causa: “La única forma que tengo de representar y defender al Brasil es jugando al fútbol. Y a partir de este partido entro en el campo inspirado por esta movilización”, espetó en su cuenta el flamante compañero de Messi en el Barcelona.

No obstante, lo que desencadenó las protestas no fue la situación social del país o los gastos del Mundial de 2014, el más caro de la historia del certamen, sino el aumento del pasaje del autobús. “Todo sucedió de una forma muy rápida y extraña”, explica Dago Donato, periodista, DJ y gestor cultural de São Paulo, ciudad en la que comenzaron las movilizaciones. “Las manifestaciones fueron convocadas por el Movimiento Pase Libre (MPL), al que apoyaron algunos partidos de izquierda y anarcopunks. Si bien al principio fueron tildados de vándalos por los medios de comunicación, cuando éstos vieron la proporción que estaba tomando, cambiaron su actitud, se apoderaron del movimiento e instalaron sus ideas para que el pueblo saliera a repetirlas. Así que hay una gran confusión, pues lo que se piden son cosas genéricas. Incluso el otro día vi a unos neonazis protestando. Tomando en cuenta que éste es un gobierno de izquierda, tiene sentido que la derecha busque la desestabilización. Se percibe ya en Facebook. Te garantizo que el 90 por ciento de los que marchan no están preocupados por el alza del transporte”.

Si bien el mundo está sorprendido con lo que sucede en ese paraíso tropical, al que se le consideraba hasta ahora como una nación pacífica y socialmente estable, especialmente tras la llegada del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) al poder, para el brasileño de a pie era algo que se veía venir. “Esto no es nada nuevo para el que vive en mi ciudad”, señala el cantautor paulista Jair Naves, la gran estrella del indie nacional. “Lo que me sorprende en lo que ocurrió es el enorme apoyo popular y el hecho de que estas demandas se han reflejado en todas las capitales del país”. Pero lo que le inquieta al ex integrante del grupo Ludovic es la trastienda que reveló el estallido. “Hay un aumento alarmante en el número de evangélicos en el poder, lo que hizo que nos ocupemos de propuestas monstruosas como la del proyecto de la cura gay (NdelR: actualmente en la Cámara de Diputados, trataría psicológicamente a los homosexuales para sanarlos de su supuesta enfermedad), la increíble nostalgia por la última dictadura militar, la grave situación de la seguridad pública y la represión policial, que quedó en evidencia en las recientes marchas”.

A pesar de que el foco del conflicto se desató en São Paulo, el jueves último 300 mil personas se reunieron en Río de Janeiro para exigirle al gobierno nacional que lleve adelante las reivindicaciones sociales que se le demandan, lo que se transformó hasta el momento en la de mayor concentración de la reciente ola de protestas. No obstante, la policía intentó disolver a la muchedumbre con tal brutalidad, al igual que en el resto de las manifestaciones que se replicaron en el país, que se cuestionan los resabios de la dictadura, que gobernó al país entre 1965 y 1984, en su accionar. “Yo estuve allí, y todo fue muy pacífico, salvo por un pequeño grupo que intentó invadir la Alcaldía”, asegura Gabriel Thomaz, vocalista y guitarrista de los cariocas Autoramas, banda insignia del pop independiente brasileño. “Dilma no es la que manda a las fuerzas de seguridad a la calle, sino el gobierno estatal. Si hay violencia en Río, la culpa es de Sérgio Cabral, el gobernador. En los días previos a esa marcha, tengo amigos que vinieron a mi casa a refugiarse porque efectivos policiales los estaba persiguiendo, y ni siquiera estaban participando en los reclamos”.

El antecedente inmediato de las actuales movilizaciones se remonta a abril de este año, cuando en la ciudad de Porto Alegre la población salió a las calles para demostrar su descontento por el aumento del pasaje. “Esas protestas inspiraron al MPL, en São Paulo”, advierte Alexandre Kumpinski, vocalista y guitarrista de la banda portoalegrense de indie rock Apanhador Só. “Ciertamente, el aumento del pasaje ha sido frenado, pero la lucha cambió mucho, y ya tiene un tono político elitista”. Aunque los medios de comunicación de habla hispana se han referido a los protagonistas de este movimiento como “los indignados brasileños”, e incluso los vendedores ambulantes han sacado provecho de la circunstancia al salir a ofertar máscaras de Anonymous, sus partícipes, pese a que encuentran puntos en común con las asonadas de España, Turquía y hasta las estudiantiles de Chile, e incluso no se identifican con ninguna etiqueta. “Ha sido espontánea, y no cuenta con liderazgo”, destaca Donato, quien actuó en la edición pasada del Sónar catalán. “Sin embargo, en Brasil no tiene nombre porque es muy reciente”.

Al tiempo que se transformaron en un símbolo de la clase media, estas protestas aún no contaron con un acompañamiento formal del sector artístico o musical. “Estuve en dos de los actos contra el aumento de tarifas de transporte público en São Paulo”, apunta Naves, quien el año pasado lanzó su último disco de estudio, el maravilloso E Você Se Sente Numa Cela Escura, Planejando A Sua Fuga, Cavando O Chão Com As Próprias Unhas. “Y lo que existen son aportes aislados de un pequeño número de músicos, actores, escritores y otros artistas”. Mientras que Thomaz, cuya banda actuó hace dos años en el festival Primavera Sound, y en este instante prepara el lanzamiento de un DVD y su nuevo álbum de estudio, destaca: “Hasta el momento ni Caetano Veloso ni Chico Buarque, que son dos exponentes con un fuerte arraigo político, se pronunciaron sobre lo que sucede. Es raro”. Lo que sí nunca faltan son los oportunistas, como el cantante de pop Latino, una de las grandes estrellas de ese país, pues, a partir de las protestas, anunció la grabación de un video que prometió convertirlo en el himno de la reforma política brasileña.

Aunque las figuras de la cultura rock de la nación sudamericana salieron a las calles a manifestar su descontento, lo hicieron como pueblo, pues el rap es el único género que realmente ostenta un peso político. “El rock es un estilo de la clase media que una actitud mucho más hedonista que preocuparse por cuestiones políticas”, expele Kumpinski, que tiene en el crítico Despirocar, uno de los himnos de su grupo. A lo que Donato adhiere: “Es bien complejo todo. En los últimos 10 años, mucha gente que antes se consideraba como pobre, que es la que consume hip hop o baile funk, pudo ingresar en la clase media, que es la que tiene acceso a mejores servicios, transporte, educación y salud, pero la situación económica no fue acompañada”. Y Naves remata: “Aunque hemos pasado por tiempos de bonanza económica de los últimos años, esta prosperidad no se refleja directamente en la vida cotidiana de todas las personas. Creo que esto es también una razón para tal revuelta. El pueblo decidió salir a las calles pidiendo una mejor calidad de vida, a pesar de que, a estas alturas de parece que no hay consenso en cuál es la prioridad”.

El viernes pasado, Dilma Rousseff prometió mejorar el sistema de transporte público y los servicios de salud, y espera que el Congreso apruebe un plan para destinar a la educación el cien por ciento de los recursos provenientes del petróleo. “Demoró mucho para dar una opinión”, expresa el líder de Autoramas. “Me parece muy bueno que las regalías del petróleo vayan para la educación, que es algo que necesita la policía”. Pero el panorama continúa siendo incierto. “Espero que todo ese ruido no termina beneficiando a los poderes políticos reaccionarios, al nacionalismo de derecha, como la historia nos ha enseñado que es muy posible que suceda”, asoma Kumpinski. No obstante, lo que quedó en evidencia en las últimas semana es que la alegría no es sólo brasileña, sino también la rabia. “Eso me recuerda un viejo debate sobre Orfeo negro, la famosa película de Marcel Camus, que se rodó en Río de Janeiro”, comparte Naves. “Esta cinta es resistida aquí debido a que exagera las características de lo que somos.. Si bien siempre se nos reconoció por la alegría, no puedo hacerme cargo del análisis del mundo”.

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