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POEMAS EN RED

‘La musa inclemente’, de Cobo Borda

Se edita la poesía completa de uno de los poetas colombianos más destacados Versos que muestran un laberinto del corazón y del olvido desde la serenidad febril

'Mujer pelirroja con flor', de Paul Gauguin.
'Mujer pelirroja con flor', de Paul Gauguin.

La musa inclemente

Aprendí contigo

que todo acto

se torna irrisorio

sobre el telón de la distancia

Aprendí contigo

que cualquier ímpetu

naufraga

ante las atareadas murallas

de lo razonable

Aprendí contigo

a volver mudo el lenguaje

para medir así

el vacío que pule las aristas

y ahoga su secreta resonancia

Aprendí contigo

lo vano del entusiasmo.

Lo pueril de una carta.

Lo cotidiano de la muerte

y sus desengaños.

En este poema habita Juan Gustavo Cobo Borda (Bogotá, 1948). Estos versos vislumbran y muestran el universo poético de este escritor colombiano que ha seducido a los lectores desde la serenidad de sus sentimientos y pensamientos, y a través del ímpetu de sus reflexiones emotivas. Su concepción de una vida rodeada y esparcida de sentimientos, de una mirada que va atrás y adelante al mismo tiempo, que evoca y contempla y piensa, que calla y que habla. Con ironía, agradecimiento o sinceridad, pero siempre bajo la sombra del amor en sus múltiples estirpes. Álvaro Mutis dijo: "Cobo Borda se interna por las regiones del corazón, del placer y del olvido. Allí es un maestro".

Todo eso se puede ver en el libro Poesía reunida que acaba de publicar Tusquets. Allí están sus títulos de El animal que duerme en cada uno, La musa inclemente, Los poetas mienten y Cuando papá perdió la guerra, más algunos poemas inéditos. Veamos a donde nos lleva Cobo Borda en los siguientes poemas:

Tierra caliente

Como la canción de la radio

también aquí,

en una pequeña ciudad de provincia,

la noche es tibia y callada.

Música de mecedora que cruje

se enciende y se apaga una luciérnaga.

Vaho de la tierra: hondo tu cuerpo.

El oscuro roce de una mano

es ese astro que arde.

Bocanada tras bocanada, aspiro tu piel.

Al desnudarte, el cielo se rasga:

tormenta de verano.

Combate

Las palabras no sirven

si no te traen enseguida.

Las palabras son vanas

si no restituyen

tu calor y tu encanto.

Las palabras resultan inútiles

si no me permiten coger este mundo

en el puño

y ponerlo a tus pies.

Las palabras se vuelven despreciables

si no disuelven

el fantasma de los celos

y al hombre con quien vives

y que quizá también te ama.

Las palabras son superfluas

si no curan la impaciencia

y me llevan a instalarme en tu alma.

Las palabras son estériles

si no te cubren de gloria

y te hacen aún más bella

que el desenfrenado júbilo

con que te canto.

Las palabras son innecesarias

si no desvían un avión

en Mejorada del Campo

o recrean una memoria

que se apaga.

Ah, las pobres palabras:

suficientes penas

para decirte que te amo.

* Poesía reunida. Juan Gustavo Cobo Borda. Editorial Tusquets. 324 páginas.

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