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“Dudas razonables” de que la australiana Kathleen Folbigg matase a sus cuatro hijos

La revisión del caso de la mujer que lleva 20 años en la cárcel condenada por asesinar a sus niños contempla que pudieron morir por causas naturales, como defiende la científica española Carola García de Vinuesa

Kathleen Folbigg
Kathleen Folbigg, con uno de sus diarios, durante la primera revisión de su caso, el 29 de abril de 2019, en un juzgado de Sídney (Australia).Peter Rae (AP)

La australiana Kathleen Folbigg lleva 20 años en prisión, condenada por matar a sus cuatro hijos. Primero a Caleb, de 19 días. Después a Patrick, de ocho meses. Más tarde a Sarah, de 10 meses. Y por último a Laura, de 18 meses. La sentencia consideró probado que Folbigg era una monstruosa asesina en serie. La revisión del caso, impulsada por la científica española Carola García de Vinuesa y otros colegas, contempla ahora que los niños pudieron morir por causas naturales, según ha declarado este miércoles Sophie Callan, la principal abogada que asiste al juez. “El conjunto de las pruebas deja dudas razonables sobre la culpabilidad de la señora Folbigg”, ha afirmado. Podría ser una de las mayores injusticias judiciales de la historia.

Según el jurado que la condenó en 2003, Folbigg asfixió a sus cuatro pequeños a lo largo de una década desde 1989, pero ella siempre se declaró inocente. En la acusación flotaba la llamada ley de Meadow, postulada por el pediatra británico Roy Meadow: una muerte súbita es una tragedia, dos son sospechosas y tres son asesinato hasta que se demuestre lo contrario. Folbigg, que hoy tiene 55 años, había escrito además unas reflexiones en su diario que, fuera de contexto, resultaban malvadas. “Me siento la peor madre del mundo. Estoy asustada de que ella [su hija Laura] me deje ahora. Como hizo Sarah. Sé que yo a veces tenía mal genio y era cruel con ella y se fue. Con un poco de ayuda”, anotó. En el juicio explicó que se refería a la ayuda de Dios o del destino.

La primera revisión de la condena, en 2019, no cambió nada, pero el caso dio un vuelco en 2021, cuando un equipo encabezado por la científica Carola García de Vinuesa demostró que las dos niñas tenían una mutación letal en el gen CALM2, que con una altísima probabilidad provocó una arritmia cardiaca y la muerte súbita de las pequeñas mientras dormían. La investigadora española, ahora en el Instituto Francis Crick de Londres, y sus colegas también han mostrado que los dos niños tenían otras enfermedades con componentes genéticos. Patrick muy probablemente padecía una encefalopatía epiléptica y Caleb sufría problemas respiratorios.

El juez, Tom Bathurst, todavía tiene que publicar sus propias conclusiones, pero lo habitual es que estén en sintonía con las de su abogada principal. Podría haber una recomendación de indulto inminente, pero la decisión de liberar a Folbigg dependerá finalmente de un cargo político, el laborista Michael Daley, fiscal general de Nueva Gales del Sur.

García de Vinuesa prefiere no hacer declaraciones hasta que hable el juez, pero hace un año criticó la falta de pruebas y el uso despiadado de la ley de Meadow. “En 2003, cuando encarcelaron a Kathleen Folbigg, ya se había desmentido la teoría. Se había demostrado que no había ninguna base estadística. Meadow dijo que la probabilidad [de que fueran muertes naturales] era una entre 73 millones y no era verdad. Si tienes una mutación dominante, es una entre dos posibilidades en cada niño. Con cuatro niños sería una entre 16 probabilidades. Decir que es una entre 73 millones es no entender la genética”, argumentó en una entrevista con EL PAÍS, con motivo de su ingreso en la Royal Society del Reino Unido, un club inaugurado en 1665 al que pertenecieron genios como Isaac Newton, Albert Einstein y Rita Levi-Montalcini.

“Es terrible. A Kathleen nunca la debieron meter en la cárcel. Utilizaron frases sacadas de contexto de sus diarios y ahora las han revisado psicólogos y psiquiatras expertos y han dicho que no había nada inculpatorio, sino que reflejaban que era una muy buena madre. Ha sido trágico, terrorífico”, añadió la científica española. García de Vinuesa es inmunóloga y genetista. Hace un año, su equipo descubrió en la niña española Gabriela Piqueras una mutación genética que ilumina las causas del enigmático lupus, una enfermedad que afecta a millones de personas en el mundo.

Más de un centenar de prestigiosos científicos —incluidos tres ganadores australianos del Nobel: la bioquímica Elizabeth Blackburn, el inmunólogo Peter Doherty y el astrofísico Brian Schmidt— pidieron por escrito en 2021 la liberación de Folbigg. Uno de ellos es Peter Schwartz, director del Centro de Arritmias Cardiacas de Origen Genético, en Milán (Italia). “Yo no puedo asegurar que la madre sea inocente”, explicó Schwartz hace un año a este periódico. “Pero si un niño con una mutación genética como esta muere, lo lógico es pensar en causas naturales. Es como si tienes un muerto con un disparo en la cabeza. Puede que haya fallecido de un ataque al corazón y que después alguien le haya disparado. Pero lo normal es pensar que ha muerto en un tiroteo”, argumentó. La Academia Australiana de Ciencia ha emitido este miércoles un comunicado titulado La ciencia ha sido escuchada.

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Sobre la firma

Manuel Ansede
Manuel Ansede es periodista científico y antes fue médico de animales. Es cofundador de Materia, la sección de Ciencia de EL PAÍS. Licenciado en Veterinaria en la Universidad Complutense de Madrid, hizo el Máster en Periodismo y Comunicación de la Ciencia, Tecnología, Medioambiente y Salud en la Universidad Carlos III

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