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Frente común para convencer a Freixenet

El Consejo Regulador persigue aprobar un plan estratégico para dinamizar el negocio y dar prestigio al producto

Botellas de cava reposando en una bodega.
Botellas de cava reposando en una bodega.

La DO Cava coloca en el mercado más de 250 millones botellas cada año y genera un impacto superior a los 1.100 millones de euros. El pastel del negocio sigue siendo grande y suculento, pero la pérdida de gas de la demanda ha alentado un cambio de estrategia que, hasta hace poco, parecía inabordable. La segmentación de las botellas en función de su calidad y origen es el eje sobre el que pivota el plan del Consejo Regulador para revalorizar el cava y dejar de competir con otros espumosos que priman el precio a la calidad.

El negocio del cava vive días burbujeantes. En medio del arreón comercial por la campaña de Navidad, el Consejo Regulador ha programado para el 23 un pleno con una orden del día esencial: aprobar un plan estratégico que marque unos parámetros más claros sobre la procedencia y la calidad de cada botella. La estrategia está pensada para abrillantar la imagen internacional del producto, dinamizar el sector y aplacar las tensiones internas que han desembocado en sonadas escisiones y en la aparición de nuevos rivales, incluso dentro de casa. Pero el plan genera reservas en Freixenet.

La empresa líder del sector del cava, integrada en el gigante alemán Henkell, ha puesto reparos a algunos puntos del programa y ha generado temores en el Consejo Regulador, que ansía aprobar por unanimidad su proyecto de relanzamiento. Freixenet cuenta con una de las doce sillas que hay en el pleno y, si bien tiene complicado hacer trastabillar la aprobación del plan, el peso específico que conserva en el sector del cava le otorga un poder de arrastre que podría poner trabas al Consejo a la hora de desplegar su documento de intenciones. “Por su posición y presencia en el mercado, es normal que se cuestionen el plan”, se entiende desde el Consejo, y se abunda: “Si tienes una estrategia que te va bien, ¿por qué la vas a cambiar?”.

Pese a esas premisas, la idea es que el Consejo termine seduciendo a Freixenet, de la misma manera que logró la complicidad de Codorníu, la segunda gran marca de los lineales. Javier Pagès,presidente del Consejo Regulador y antiguo consejero delegado de Codorníu, se ha encargado de negociar con Freixenet y la postura de la empresa se ha ido modulando, desde el rechazo inicial a la flexibilidad, hasta deslizar que nunca pondrán problemas a estrategias que posibiliten mejorar su competitividad. En este sentido, hay acuerdo para incluir en el plan estratégico una disposición sobre el grado de maduración del cava que debe constar en las etiquetas. No es lo mismo un cava joven que un reserva, un gran reserva o un cava de paraje y hay consenso en que merece la pena detallar qué solera tiene cada botella porque da valor al producto y la segmentación clarifica las cosas de cara al consumidor. El Consejo también pretende incluir otra categorización en las etiquetas y, en este caso, se pone el foco en el origen de la uva. En el boceto del plan constan cuatro categorías, según la procedencia del fruto: Cataluña, Extremadura, Requena-Levante y Valle del Ebro que identifica, esta última, a la pequeño producción que sale de la zona de la Rioja, Navarra, o Aragón. Este aspecto genera más incomodidad a algunas marcas, que se verían obligadas a reflejar en sus botellas la dependencia de la uva catalana. La DO Cava procesa 270 millones de kilos de uva pero el Penedès es el gran proveedor de xarel·lo, parellada o macabeo.

Algunas fuentes consultadas apuntan que Garcia Carrión, empresa productora del cava Jaume Serra, no es nada partidaria de dar detalles sobre la procedencia de la uva y del vino base.
Para pulir aristas, en el plan se deja abierto el proceso de decisión del nombre que se dará a cada zona concreta. “El sector del cava está muy politizado”, admite un portavoz del Consejo Regulador, y apunta que la aprobación del plan se lleva al pleno pero que, antes, ha habido meses de negociaciones con las bodegas. “El pleno funciona por mayoría, pero el objetivo es que todos estemos contentos”, apunta el mismo portavoz. “Espero que al final todos nos creamos este proyecto”, declara Jaume Domènech, representante del sindicato agrario JARC en el Consejo Regulador. “Las diferencias que existen no son tan grandes”, opina, y se muestra convencido de que sería importante “llegar a un consenso, que no hubiera ni necesidad de votar”. Domènech entiende que el objetivo último de todos los protagonistas del negocio, desde agricultores a bodegas, tiene que ser “darle al cava el valor que merece. Es indiscutible que el producto es excelente pero el mercado, en ocasiones, no lo valora”.

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