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Las pequeñas bodegas abren la guerra contra el cava barato

17 elaboradores dejan la Denominación de Origen y crean una marca propia para reivindicar el espumoso de calidad

Las cavas de Codorniu en Sant Sadurni d'Anoia
Las cavas de Codorniu en Sant Sadurni d'Anoia

La bandera blanca ha dejado de ondear en Sant Sadurní d’Anoia, la capital del cava. Una década después de que las dos grandes marcas de esta industria, Freixenet y Codorníu, sellaran la paz tras una guerra que duró más de diez años, los pequeños productores se rebelan contra una estrategia que abrió al espumoso catalán las puertas de medio mundo pero que le ha acabado pasando factura: hacer del cava un producto barato. La decisión de seis bodegas de prestigio de la comarca del Penedès de crear una marca colectiva de calidad ha provocado malestar entre las familias del cava. En especial, en un momento convulso para los gigantes del sector.

“Es indudable que se palpa la tensión, aunque no sea una guerra como la de hace unas décadas”. Así se expresa un cavista sobre el clima enrarecido que atraviesa el sector. Las desavenencias empezaron estallando puertas adentro de las grandes estirpes. En Freixenet, las diferencias entre los Bonet, los Hevia y los Ferrer acabaron con la venta del 51% de la compañía al grupo alemán Henkell. Y ahora, en Codorníu, participada por varias generaciones de los Raventós, sufre la voluntad de una parte de la familia de venderse sus acciones a un fondo extranjero. Y en otro de los nombres ilustres, Juvé & Camps, una de sus ramas vendió parte de su accionariado el pasado mes de noviembre a un inversor privado.

El último episodio ha sido la creación Corpinnat, una marca colectiva de la Unión Europea que han impulsado Gramona, Llopart, Nadal, Recaredo, Sabaté i Coca y Torelló, que concentran un tercio de la producción de botellas de gran reserva de cava. La asociación quiere recuperar el prestigio perdido por la identificación del cava con los espumosos low cost y solventar uno de los problemas a los que se enfrenta el cava y no su competencia: la disgregación geográfica de la denominación de origen, ahora también por varias comunidades autónomas. Y es que otro frente se libra justamente fuera de las fronteras de la comarca. Las ventas de las bodegas que producen cava fuera de Cataluña siguen avanzando sin pausa y en 2017 pegaron un estirón del 16%.

El año pasado las ventas de cava crecieron el 3%, cuando se despacharon más de 250 millones de botellas de espumoso en todo el mundo, según el Consejo Regulador del Cava. Pero de estas, apenas el 12% (32 millones) eran de alta categoría. Y ello a pesar de que el segmento Premium creció el 10% y de la creación de la categoría ‘Cava de Paraje Calificado’, que tuvo su puesta de largo el año pasado en Londres. “El pecado viene de lejos. Se fue al extranjero vendiendo por volumen. Queríamos competir con el champán y acabamos haciéndolo con el prosecco”, explican fuentes del sector. Y aun así, el espumoso italiano ha conseguido batir al cava en exportaciones.

Hace apenas cuatro años, 14 bodegas del Penedès salieron de la DO Cava para crear la marca Clàssic Penedès. Josep Maria Albet i Noya, presidente de la DO Penedès y uno de sus impulsores, sostiene que los nuevos movimientos que vive el sector confirman la “inquietud de muchos elaboradores”. Hoy ya son 17 los productores que prefieren etiquetar sus botellas con esta marca en detrimento del cava. “Cuando nosotros nos fuimos, algunos lo vieron como un movimiento no suficientemente maduro. Pero con el paso del tiempo parece que sí se han dado cuenta”, sostiene Albet, quien considera que la “situación ideal” pasaría por que dentro de la DO Penedès los seis impulsores de Corpinnat se aliaran con las bodegas que etiquetan como Clàssic Penedès. “Ni por concepto ni por economía de escala podemos competir con los productores masivos, y cada vez hay más gente que se quiere desmarcar de un concepto que está hecho a medida de las grandes marcas”, añade. Y es que la estrategia de los pequeños elaboradores, que fundamentan su estrategia comercial en métodos artesanos y alta calidad final, choca con la de los grandes productores como Freixenet, Codorníu, Jaume Serra o Marquès de Monistrol, que sacan al mercado grandes volúmenes de espumosos.

Sin embargo, Xavier Gramona, uno de los impulsores de Corpinnat, niega que estas bodegas quieran abandonar la DO Cava. “No queremos hacerlo. Somos de aquí, vivimos aquí, vamos a tomar el café a la plaza… Pero la cuestión es si queremos hacer algo con valor añadido que permita también sobrevivir a los 5.000 payeses que trabajan la uva. En la Champaña, un campesino con cinco hectáreas puede ir en Mercedes. Aquí apenas llega a fin de mes”, lamenta. Corpinnat está abierto a nuevos elaboradores, siempre que las bodegas estén dentro de una zona circunscrita a 46 municipios, produzcan de forma ecológica y cumplan criterios estrictos, como largos tiempos de crianza o se comprometan con los campesinos a largo plazo y con una tarifa mínima superior a la inicial.

Su idea, explica Gramona, es que la DO Cava pueda ser en el futuro el paraguas de varias submarcas que permitan fijar la zona y la calidad de los espumosos lo que, a su juicio, evitaría la diáspora que ha empezado a sufrir el cava, del que han ido huyendo elaboradores que no querían arrastrar el estigma del bajo precio a la hora de comercializar en el extranjero. Prueba de que no quieren salir de la denominación Cava, sostienen fuentes del sector, es que varias de esas bodegas están vinculadas a las principales instituciones de la industria.

Los campesinos aplauden la decisión de Corpinnat. Santi Vallès, presidente de la Asociación de Viticultores del Penedès, matiza que la demanda de esos elaboradores no llega al millón de kilos en un mercado que supera los 200 millones. “Todo lo que sea calidad suena muy bien. Y todo el mundo querrá venderles uva”, asegura Vallès, quien confirma que el anuncio de esas marcas ha suscitado “estupefacción” en el sector. Pedro Bonet, vinculado a Freixenet y que está a punto de cerrar su mandato como presidente del Consejo Regulador del Cava, reniega de que se tenga que recurrir a una etiqueta distinta de la de cava para reivindicar la “alta calidad” de una botella, aunque algunos productores le recuerdan que el propio consejo tuvo que crear la categoría de Cava de Paraje.

El sector vive ahora, además, con la incógnita de quién asumirá el liderazgo del consejo regulador tras la marcha, antes de verano, de Bonet. La industria apostaba por Jaume Gramona, pero este se autodescartó. Mientras tanto, el Consejo Regulador ha convocado esta semana a los impulsores de Corpinnat para abordar su iniciativa. Un encuentro que la industria espera que sirva para apaciguar las aguas.